Llena de gracia
El barco se iba alejando del puerto, dejando un rastro de espuma que captaba la mirada atenta de la niña sostenida entre los brazos de su abuelo. Sus ojillos azules pasaban revista a cada pequeña nueva ola blanca que surgía de las hélices y se reía cada vez que el barco oscilaba, obligando a la inexperta tripulación a sujetarse bien para no caer al agua.
