La ligereza
Entre conversaciones lejanas y minutos de espera interminables, un anillo se despide del dedo que lo portaba y se cuela entre los cojines del sofá de la recepción. La mujer que lo llevaba no se ha percatado. Lo hará cuando llegue a su casa, pero para entonces ya se habrá acostumbrado a la ligereza de su mano.
