reojo

  • De reojo

    Sobre la mesa el frutero se desborda de geometrías redondeadas. Los gajos de uva han atrapado en la jugosidad pulposa las huellas dactilares de un hombre. Encienden mi deseo. Imagino el sudor, el anhelo de la piel llena de azogue. Un cuerpo rectilíneo quebrado en la cintura sobre los sarmientos. En el hombro, los besos del amante, dejados con la misma fuerza que una red se lanza al mar. De mi boca podría rezumar el néctar de la uva, del sudor, del beso. Podría, pero hoy me siento huérfana. Tu abandono ha escrito su réquiem en mi cama, en las baldosas, en mi sexo y, peor aún, en mi espíritu.