Déjame estar mal
Déjame no estar
déjame no tener con quién,
ni por qué
ni para qué.
Déjame no estar
déjame no tener con quién,
ni por qué
ni para qué.
Desde mi punto de vista, Aballí pertenece a la fecunda estirpe de creadores que han buscado la representación plástica del silencio-vacío, a la escuela española —Gargallo, Chillida, Oteiza— y, dentro de ella, más específicamente, a la catalana —desde Antoni Tàpies a Jaume Plensa—. Pero la técnica minimalista empleada indaga en un propósito estético neoconceptual que el autor ha practicado durante décadas y que se intensifica en su última fase creativa: la tácita violentación del lenguaje.