crítica social

  • El sueño como resistencia. «Las buenas noches», de Isaac Rosa

    Isaac Rosa ha venido construyendo, a lo largo de su obra, un territorio literario atravesado por hechos tan comunes entre nuestros contemporáneos, como son la precariedad, el desgaste emocional y la producción incesante, que es difícil no reconocernos en sus tramas; ejemplos son novelas como La mano invisible (2011), La habitación oscura (2013) o Lugar seguro (2022). Las buenas noches (2025) continúa esta línea: una novela que retrata el ritmo desbocado de una sociedad que no nos permite siquiera descansar. El resultado es una lectura satisfactoria, con un poderoso arranque de enumeraciones de aquello que no nos permite dormir, donde el insomnio no solo es el tema, sino que afecta a la forma y al ritmo de la narración, pero en la que sus intenciones se ven de lejos y se acaba haciendo algo repetitiva.

  • Solo el sinsonte canta en la linde del bosque “Sinsonte”, de Walter Tevis

    Han pasado cientos de años y la Tierra se ha convertido en un planeta sombrío y distópico en el que los robots trabajan y al ser humano solo le queda languidecer, arrullado por la dicha electrónica y la felicidad narcótica. En semejante mundo sin arte, sin lectura y sin niños, la gente opta por quemarse viva para no soportar la realidad. Y es en este escenario donde Spofforth, la máquina más perfecta jamás creada, un androide de duración ilimitada que ha vivido siglos y que en la actualidad es decano de la Universidad de Nueva York, acaricia su máximo anhelo: poder morir. El único problema está en que su programación le impide suicidarse. Hasta que en su vida se cruzan dos personajes: Paul Bentley, un humano que ha aprendido a leer tras descubrir una colección de viejas películas mudas; y Mary Lou, una rebelde cuya mayor afición consiste en pasar horas y horas en el zoo de Brooklyn admirando a las serpientes autómatas. Pronto, Paul y Mary, como dos modernos Adán y Eva bíblicos, crearán su propio paraíso en medio de la desolación.