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Solo el sinsonte canta en la linde del bosque “Sinsonte”, de Walter Tevis

Publicada por primera vez en 1980, Sinsonte es una obra de ciencia ficción distópica postapocalíptica con claros ecos de Fahrenheit 451 (1953) y Un mundo feliz (1932) en la que el autor denota su temor a la pérdida de la curiosidad intelectual y la intimidad física en la sociedad. En su novela, Walter Tevis (California, 1928 – Nueva York, 1984) ahonda tanto en la muerte como en el deseo de luchar contra ella.

Varios cientos de años en el futuro, los humanos ya no saben leer ni tienen hijos. Todas sus necesidades las cubren robots que mantienen en funcionamiento la gran maquinaria de la sociedad (aunque de forma muy ineficiente) y la mayoría de los humanos toman pastillas, drogas, como si fueran caramelos simplemente para pasar el día. En una Nueva York sombría y decadente, Spofforth es el robot más sofisticado jamás construido, un Máquina Nueve: plenamente consciente, altamente inteligente, casi humano pero programado de forma diferente a los demás robots de su serie, es el único que no puede suicidarse. Desesperado por su situación, encuentra accidentalmente a un humano, Paul Bentley, que aprendió a leer por sí mismo y lo lleva a la “universidad” donde trabaja. La aparición de Mary Lou, una mujer rebelde que rechaza el consumo de drogas, hará que la vida de ambos personajes y del destino de la humanidad cambien por completo. Sinsonte nos presenta un mundo en el que los humanos viven cómodamente, pero sin propósito. Los robots que sus antepasados han dejado a cargo del mundo son, en su mayoría, de inteligencia limitada y no tienen conocimientos ni interés en facilitar algún tipo de mejora en la existencia de los humanos. Estas máquinas creen estar ofreciendo a las personas una vida perfecta al eliminar todo esfuerzo e incomodidad de sus vidas, pero también eliminan accidentalmente el sentido mismo de la vida al insensibilizarlos y hacerles indiferentes a todo y todos los que les rodean.

La novela está narrada desde los puntos de vista de los tres personajes principales: Spoffoth, Bentley y Mary Lou. Mientras que la narración de Spoffoth es en tercera persona, la de los dos humanos es en primera persona, ya que ambos relatan los acontecimientos en sus diarios y son las únicas personas que saben leer y escribir. Resulta interesante la evolución del lenguaje y la escritura de Bentley cuyo vocabulario, mientras está aprendiendo a leer es limitado y de oraciones simples, pero que una vez que sea capaz de dominar la lectura y leer libros más complejos, dará pie a mejores descripciones tanto de los hechos como de los sentimientos del personaje.

Existen diversas referencias bíblicas que encajan perfectamente con las interacciones de los personajes: Mary Lou y Paul interactúan de forma similar a Adán y Eva en uno de sus primeros encuentros, ella le ofrece una manzana (el fruto prohibido) que en realidad entraña el acceso al conocimiento e iluminación, pensar por sí mismo, poder memorizar su vida y romper las normas. También Mary Lou podría simbolizar a la Virgen María en los últimos capítulos de la novela con un hecho que, si bien no salvará a la humanidad, será el primer fruto para un futuro mejor. La Sagrada Biblia es uno de los libros más complejos que Bentley encuentra y sobre el que más reflexiona al no entender enteramente la función de las religiones o la figura de Cristo como salvador. Nuestro protagonista llega incluso a convertirse en una especie de profeta al toparse con una familia cristiana quien, al descubrir que sabe leer le obliga a leer e interpretar la Biblia durante días con la esperanza de que suceda algún milagro. Paul hace un profundo análisis de este fenómeno: la familia nunca había leído la Biblia y solo había aprendido sus enseñanzas y sus prohibiciones por transmisión oral de generación en generación; para ellos aquel libro poseía tal misticismo, ya que nadie podía interpretarlo, que suponían que contendría algún tipo de revelación divina. Pero la Biblia es un libro y a los humanos no les interesan los libros, por lo que pronto pierden el interés, ya que para poder comprender lo que podrían decir aquellas palabras necesitarían contar con una devoción y una comprensión que ninguno posee.

A pesar de que Sinsonte fue publicado en la década de los ochenta, la brillante crítica a la sociedad es atemporal y encaja perfectamente en los días actuales. La obra nos muestra un mundo en el que únicamente se enseña a ser individualista: a no pensar en los demás, ignorar su presencia y mirar por uno mismo, obviando cualquier tipo de conexión afectiva o ápice de empatía hacia los otros. Oraciones como “estar solo es mejor” o “cuando dudes, olvídate del asunto” son algunas de las ideas que se han inculcado a los protagonistas por lo que, cuando tomen conciencia progresivamente de lo que sucede a su alrededor, serán capaces de percibir la terrible sociedad en la que se hallan. Al igual que sucede en la novela, parece que actualmente se nos condiciona cada vez más a ser individualistas y no hacer nada, ya sea para ayudar a los demás o para intentar mejorar nuestra sociedad. “Entrégate a la pantalla” es una frase terrorífica con la que Tevis pareció vaticinar el futuro, ya que ¿cuántas horas pasamos al día pegados a nuestros teléfonos y ordenadores ojeando cientos de publicaciones en las redes sociales; mirando, pero sin pensar en nada. La sociedad de esta obra no es muy diferente de la nuestra: las personas consumen drogas para relajarse y obtener un mínimo de serotonina en sus vidas vacías; nosotros tenemos los teléfonos.

Al igual que Ray Bradbury, Tevis quiso plasmar sus preocupaciones por el futuro en su obra y que sirvieran como una advertencia para las generaciones venideras. A pesar de que el mundo digital parece estar sustituyendo progresivamente al impreso, el hábito de lectura aún no se ha perdido y de nosotros depende cultivarlo y hacer que sus frutos se transmitan durante generaciones, al igual que el altruismo y la bondad.

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María Brea Gutiérrez es estudiante del Máster de Edición y Gestión Editorial. Apasionada por la literatura gótica y de terror, los idiomas y el cine. Actualmente es la encargada de las redes sociales de la revista y gestiona la colaboración de Contrapunto con la plataforma de radio MaxBox.

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