La mujer que nunca fuiste: poema prosaico por el llanto de Helena de Troya
No llores, Helena, cuyo rostro se parece al de los dioses inmortales,
que sin haberte acaso preguntado,
Menelao, aguerrido, te desease como el mayor premio ganado,
y Paris, seductor, en sus sueños muriese por tenerte.
