La mujer que nunca fuiste: poema prosaico por el llanto de Helena de Troya

por Feb 21, 2024

La mujer que nunca fuiste: poema prosaico por el llanto de Helena de Troya

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No llores, Helena, la divina entre las mujeres,
que aunque Aquiles, el de pies ligeros,
te culpara de semejante ultraje
como es la Guerra de Troya,
no tuviste, pues, la culpa de tan mala fortuna.

No llores, Helena, cuyo rostro se parece al de los dioses inmortales,
que sin haberte acaso preguntado,
Menelao, aguerrido, te desease como el mayor premio ganado,
y Paris, seductor, en sus sueños muriese por tenerte.

No llores, Helena, la raptada del nefasto Paris,
presumido y mujeriego,
enfrentado por ti a Menelao, caro a Ares,
cual tesoro intangible de Esparta.

No llores, Helena, la de nobles padres,
y no odiosa Helena,
unida a Paris el cobarde, que no supo merecerte,
y devuelta a Menelao,
una vez arrancado el último suspiro del primero por Filoctetes.

No llores, Helena, cuya belleza causa erección en los hombres,
papel blanco en los dos pueblos,
tomada como prisionera de la pasión insípida.
También Criseida, de vivos ojos;
también Briseida, de hermosas mejillas.

No llores, Helena, esposa y cuñada de hombres belicosos,
que Príamo, suegro querido,
culpó a los dioses,
y Héctor, el armado de bronce,
a su medroso hermano.

No llores, Helena, argiva,
la que dejó atrás a su amada hija,
hermanos y amigas,
una propia vida.

No llores, Helena, ninfa querida,
tú no eres esa mujer,
cautiva de un amor que nunca llegó,
obligada por Afrodita, la áurea,
a compartir lecho con el mal llamado Alejandro.

No llores, Helena,
porque el mártir no te pertenece,
que ya llora Andrómaca, por el álgido destino de Héctor;
que ya llora Aquiles, por el cuerpo inerte de Patroclo

No llores, querida hija,
suspendida entre dos guerreros, y no dos hombres,
queriendo tenerte,
y al final,
sumidos en el velo negro de una muerte.

Así que no llores, Helena, mortal y humana,
porque más hizo la cólera de Aquiles,
que tus largos cabellos,
en esta eterna contienda.