La revolución troyana será feminista o no será: nuevas visiones de personajes clásicos femeninos en teatro y televisión

por | Jul 10, 2019

La revolución troyana será feminista o no será: nuevas visiones de personajes clásicos femeninos en teatro y televisión

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Los clásicos están para reinventarlos. Por eso una lectura con perspectiva de género es tan necesaria y afortunadamente cada vez más recurrida. En la última década, se han hecho nuevas adaptaciones de uno de los acontecimientos históricos más mainstream de todos los tiempos: la guerra de Troya. Algunos ejemplos de ello están en el Teatro Español con Troyanas dirigido por Carmen Portacceli el pasado año, o en Netflix en coproducción con la BBC con su serie Troya. Caída de una ciudad (2018). Esta miniserie junto a la producción del Teatro Kamikaze con una aclamada Carmen Machi a las órdenes de Miguel del Arco en Juicio a una zorra —con varias reposiciones hasta este año en el Teatro Kamikaze desde su estreno en el Festival de Teatro Clásico de Mérida en 2013— son las obras elegidas para observar brevemente este mito desde una perspectiva feminista. Estas recientes producciones ponen el foco en los personajes femeninos, que han sido tan frecuentemente olvidados o tratados injustamente en este épico episodio de la historia de Grecia.

Indudablemente, una de las mujeres más importantes de este cuadro temporal e histórico es Helena de Troya. Los poetas de la antigüedad la utilizaron para ensalzar el valor o la virtud de los héroes enloquecidos bajo el influjo de su peligrosa belleza, siendo la belleza el único atributo del que no la despojaron y el cual es motivo de todos los males, suyos y ajenos. También es utilizada por los autores para culparla del fatídico final de las mujeres troyanas, convertidas en víctimas y viudas de guerra por esta mujer “interesada e infiel”. Ni siquiera Eurípides, cuyos personajes femeninos destacan por su inteligencia y poder de reflexión sobre los personajes masculinos (véase Electra o Medea), otorga voz a la reina de Esparta en su versión Helena del año 412 a.C.

Sí que tiene voz y voto (literalmente) la Helena de la producción inglesa de la BBC comprada luego por Netflix Troya: La caída de una ciudad. Esta mini serie de 8 capítulos nos cuenta desde la revelación de Paris como príncipe troyano y su regreso a palacio hasta el fatal asedio de la ciudad con caballo de madera incluido diez años después.

Desde el primer capítulo, la actriz Bella Dayne se mete en la piel de una Helena enigmática y reservada pero sincera y directa. Se muestra sumisa en el ambiente de palacio, especialmente con su esposo Menelao, que enseguida muestra su orgullo por haber “conseguido” a Helena después de un torneo y gracias a su hermano. Sin embargo, no se comporta así con Paris ni lo hará tampoco en Troya. De hecho, una de las primeras cuestiones que surgen entre Helena y Paris plantea el dilema moral que hoy en día podría seguir cargando de culpa a la princesa de Esparta: el abandono de su hija Hermione (a esto también se referirá Machi en su defensa del personaje en Juicio a una zorra). Cuando Helena decide fugarse con Paris (en esta versión convencida y libremente) y pide ser escuchada delante de los reyes de Troya, alaba la manera igualitaria de reinar que existe en la ciudad y cuenta su historia personal. Casada por la fuerza a los catorce años con Menelao, hombre al que nunca amará, elige estar con Paris dirigiéndose así a los padres de este: “No soy una posesión, soy una mujer. Pienso, deseo y estoy aquí porque quiero estar”. Más tarde le dice lo mismo a Menelao, cara a cara, dejándole claras sus intenciones de no volver a su lado. No hay que olvidar la deshumanización de Helena en el ambiente machista espartano: es un objeto precioso que ha sido robado, objeto que sirve como excusa para que varios pueblos del Egeo se unan para hundir Troya.

 

Uno de los ejes que articulan el movimiento feminista y que aparece en la serie es el de la sororidad. Hécuba, madre de Paris, apoya y defiende a Helena desde su llegada. Le pide que no se sienta culpable, la defiende delante de los hombres en las asambleas totalmente masculinizadas y cuando Helena entrega su parte de grano al pueblo en los momentos de mayor escasez de alimentos. No ocurre lo mismo con Andrómaca. A pesar de llegar a algún acercamiento gracias a la disposición y buena voluntad de Helena, no es considerada amiga ni aliada por la esposa de Héctor, hermano de Paris. El reproche más claro que le hace es el abandono de su hija. Le recrimina que hable de Hermione en pasado, y Helena confiesa que es así como lo siente. Es interesante ver cómo en una escena las dos mujeres comparten opiniones sobre la maternidad (Andrómaca esperando quedarse embarazada y Helena cuestionando si todas las mujeres están preparadas para ser madres), la fidelidad y las relaciones de amistad entre mujeres que tanto echa de menos la recién llegada a Troya.
Por desgracia, el fatídico final de este asedio acaba con la ciudad y libertad de los troyanos y en especial de las mujeres. Helena no corre mejor suerte: en la mayoría de las versiones, es capturada y maltratada por Menelao quien a pesar de decir perdonarla, sigue sediento de venganza y se la lleva de vuelta a Esparta el resto de su desdichada e incierta existencia.

Es desde este limbo al que Helena ha sido condenada tanto por la historia como por la imaginación de los hombres, en el que no sabemos a ciencia cierta si Helena está viva o muerta y desde donde nos habla Miguel del Arco a través de la todoterreno Carmen Machi en su Juicio a una zorra.

El formato de monólogo que elige el dramaturgo para esta narración es ideal para no apartar el foco de la protagonista ni de su historia rompiendo con la paradoja común de que acontecimientos tan grandes y con tal repercusión sean desencadenados por una acción de un personaje secundario. En este juicio en el que se sabe la condena de antemano, Helena se dirige también a su padre, Zeus, personaje latente que se deja oír desde el Olimpo con sus truenos de desaprobación.

A pesar de la vulnerabilidad de la protagonista durante todo el espectáculo, se reafirma y justifica en su inocencia proclamando como único motivo de sus actos el amor. Actriz y personaje están más que de acuerdo en esto. La infeliz infancia de la mujer más bella de la historia se acabó cuando fue violada a los nueve años, quedando embarazada de Hermione y desposada de nuevo pocos años después. La Helena adulta que vemos ahora no es la divinidad de belleza embaucadora y rasgos perfectos. Es ella misma la que advierte al espectador de que nadie es inmune a los estragos del tiempo (en sus palabras, ha sido condenada a “una eternidad de fealdad para expiar sus culpas”) y reivindica la necesidad de revisar quién escribe la historia, en concreto la suya. Habla también de otras compañeras contemporáneas a las que los hombres se han encargado de instrumentalizar para contar hazañas más importantes. Pone de ejemplo a Penélope, su prima y eternamente fiel esposa de Ulises, quien no es más que otra mujer sin control sobre su cuerpo, vida o futuro de cara a la historia (la Helena de Machi cuestiona con compañerismo su fidelidad), pertenencia de su marido donde quiera que estuviese durante esos veinte años. El sexo es algo a lo que hace referencia esta Helena de manera dolorosa salvo cuando habla de Paris. El cuerpo como resistencia, pertenencia y fuente de placer libre y consentido en las mujeres son también bases esenciales del discurso feminista que salen a la luz durante el monólogo.

En definitiva, ambas producciones se encargan de contextualizar conceptos como el amor, la culpa, la ambición insana por el poder y el honor estableciendo una relación directa con la sociedad actual y el papel secundario o protagonista causante del mal que ha tenido la mujer desde siempre. Incluso la belleza, única cualidad otorgada a esta mujer y considerada como suficiente, es un arma que solo funciona en su contra. Como revela la Helena de Juicio a una zorra: “Si lo bello, como dijo Safo, es lo que uno ama, nunca fui bella porque nunca fui amada. Fui codiciada, deseada, gozada, raptada, forzada, violada, sacudida por Eros como viento que se abate sobre los robles de la sierra y así doblegada y sometida a sus empeños”.

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