Irene, la princesa fáustica
Cuando el telón se levanta vemos en el escenario a una hermosa joven arrodillada, lleva un vestido blanco y mira hacia el horizonte. Irene no mira hacia el público sino «hacia ninguna parte», como si la sala oscura del teatro fuera para ella el desierto que emerge de la noche. El escenario tiene pocos muebles, las dos grandes sillas aterciopeladas con figuras exóticas contrastan con el lino blanco que cubre la cama.
