En defensa de lo invisibilizado
Pueden llegar a ser habituales los momentos en los que un par de versos se retuercen. Repican durante días, como un eco inasible. Y al poco tiempo, sin más, desaparecen. Hay, sin embargo, ocasiones en las que ese par de versos se enquista. Deviene nudo y permanece ligado a un nervio que cada cierto tiempo da señales de aviso. Duele, por así decirlo.
