El Estallido social de 2019 en Chile: límites y potencias de una movilización democrática en el neoliberalismo
En octubre de 2019, comenzó una protesta masiva en Chile, el denominado Estallido social. El desencadenante inmediato fue la subida de precios del transporte público en Santiago, pero las movilizaciones, al principio localizadas en la capital, rápidamente escalaron en número, se extendieron a todo el territorio nacional y apuntaron a un cuestionamiento mucho más amplio del orden social, económico y político vigente. Pese a enfrentar una dura represión, las movilizaciones mantuvieron su carácter masivo durante varios meses, hasta el confinamiento por el COVID-19 en marzo de 2020, aunque ya con una intensidad decreciente desde principios de ese año. Más de cuatro años después, en 2024, el balance político del acontecimiento es cuanto menos ambivalente: al cuestionado presidente Sebastián Piñera (Santiago, 1949) le sucedió Gabriel Boric (Punta Arenas, 1986), sostenido por una coalición de izquierdas, pero incapaz de sacar adelante las propuestas más relevantes de su programa político y enfrentando una creciente desaprobación a su gobierno desde hace dos años; la movilización social se ha apagado; la primera Convención constitucional, con una mayoría de izquierdas y candidatos independientes, vio abrumadoramente rechazado su borrador de constitución en septiembre de 2022; la segunda Convención, con una amplia mayoría de derechas y un fuerte control de los partidos políticos y expertos seleccionados por estos, también fracasó en su misión. Mientras tanto, temas como la inseguridad ciudadana, la inmigración o la corrupción política han ganado protagonismo en la agenda política chilena en detrimento de la crítica al modelo neoliberal, la discusión en torno al sistema de salud o las pensiones y el debate en torno a la constitución, característicos de la fase álgida e inmediatamente posterior al Estallido. En otras palabras, parece imponerse una aparente restauración del consenso en torno al orden neoliberal previo, en su vertiente securitaria.
El Estallido social responde indudablemente a factores singulares. Sin embargo, también puede considerarse desde una perspectiva comparada, como un caso dentro de una serie de acontecimientos políticos similares en otros lugares del mundo que cumplen dos condiciones fundamentales: un cuestionamiento relativamente fuerte y masivo de algunos aspectos del modelo económico neoliberal (no del modelo en sí) y la expresión pública de un descontento frente a las distintas formas de democracia representativa vigentes en cada Estado. Desde este punto de vista, el Estallido social de 2019 en Chile puede compararse con el 15M en España, las protestas de 2013-14 en Brasil, los Gilet Jaunes en Francia o las protestas en Colombia entre 2019 y 2021. Cada uno de estos casos tiene sus rasgos característicos que responden a circunstancias locales y a una lógica temporal específica, pero es posible identificar elementos comunes: una clara dimensión espontaneísta que es, al mismo tiempo, condición de su carácter masivo; formas plurales de movilización que permiten superar la desconfianza hacia las organizaciones e instituciones políticas, especialmente los partidos; una lista de demandas muy abierta; señalamiento de abusos por parte de agentes económicos concretos; ocupación del espacio público y enfrentamientos violentos de intensidad variable con la policía; incapacidad de establecer vínculos estables con la política institucional o de generar instituciones políticas autónomas que sobrevivan en el tiempo y conserven su carácter masivo y su legitimidad, lo que lleva a la alternancia entre fases de horizontalidad radical y de promoción de liderazgos carismáticos.
El objetivo de mi investigación es analizar esta ambivalencia política desde un supuesto: las formas de organización y expresión políticas hegemónicas en el Estallido social están fuertemente influenciadas por elementos fundamentales del modelo neoliberal, al mismo tiempo que se oponen a algunos de sus efectos sociales. En otras palabras, quienes se movilizan contra el neoliberalismo lo hacen, en buena medida, por paradójico que parezca, desde una subjetividad neoliberal. Por tanto, es posible entender este acontecimiento como la apertura contingente de un espacio político atravesado por la tensión entre lógicas de reproducción del orden neoliberal y rupturas o transformaciones con potencial emancipador. Esta tensión, en determinadas circunstancias, puede conducir a viejas y nuevas formas de reproducción de formas de desigualdad social características del neoliberalismo; en otras, puede contribuir a generar oportunidades para la subversión de las mismas. Mi intención es tratar de explicar cuándo y por qué tiende a darse uno u otro escenario, con el fin de generar argumentos e identificar prácticas que puedan contribuir a la subversión del modelo. Todo ello, tratando de compaginar la atención a la especificidad chilena con lo que en este acontecimiento nos interpela a quienes habitamos otros espacios y tiempos políticos, parcialmente diferentes, pero nunca del todo ajenos.
En esta aproximación, combino varias metodologías. Por un lado, el análisis de entrevistas realizadas principalmente durante un trabajo de campo en Chile entre junio y septiembre de 2022. Todas las personas entrevistadas participaron en el Estallido social, aunque en distinta medida, y fueron seleccionadas en función de su género, recursos culturales, edad y trayectoria política previa. Por otro lado, un trabajo bibliográfico articulado en torno a tres ejes teóricos: una revisión de la teoría del Estado neoliberal y su relación con los movimientos sociales; la reproducción de la división del trabajo a través de la movilización política; y la diferencia conceptual entre capital y recurso aplicada al campo político.
Esta investigación combina elementos de sociología, historia y teoría política desde la filosofía social. Más allá de las clasificaciones académicas, el uso de esta etiqueta remite a un doble afán. En primer lugar, explicar de la manera más exhaustiva y rigurosa posible las causas del Estallido social, cómo interactuaron quienes participaron en él y cuáles han sido sus efectos más destacados en la política chilena. En segundo lugar, no limitarse a mostrar lo acontecido como el resultado necesario de una serie de determinaciones, sino señalar las grietas, los puntos de fuga que, en momentos especialmente densos políticamente como este, permiten imaginar posibles cursos de acción alternativos y discutir las mediaciones que los hubieran hecho viables. De esta manera, quizás pueda aportar algo al proyecto de largo aliento de quienes aspiran a un mundo más justo sin desatender sus condiciones de posibilidad históricamente vigentes.

Jorge Costa Delgado
Jorge Costa Delgado es profesor de Filosofía en la Universidad de Alcalá. Se ha dedicado a tres vías de investigación: la sociología de la filosofía, tomando como objeto la Generación del 14 en España; la filosofía política, dedicada al estudio del sorteo como dispositivo político democrático; y la filosofía social, orientada al análisis crítico de la relación entre Estado y movimientos sociales en el neoliberalismo.
