La herencia es aire. “Ocupación”, de Margayta Yakovenko
Hay un modo de escribir sobre la familia propia que se ha vuelto tan recurrente en…
Hay un modo de escribir sobre la familia propia que se ha vuelto tan recurrente en…
¿Qué tan dueños somos de lo que amamos, de lo que escribimos? Se me viene la frase a la cabeza para pensar, también, las relaciones que establecemos con la investigación literaria, porque de alguna manera creo que también fui elegida por mis temas y no al revés, y que ellos se fueron abriendo paso en mi imaginación y mi curiosidad.
También desde mi regreso, volví a la escritura de ficción y de poemas, que la tesis doctoral y posterior fiebre investigadora (que potencia este sistema hecho para matar la creatividad) habían agostado. Ni del todo académico, ni del todo escritor, uno vive en una indefinición que quiere creer fértil, entre dos tierras o entre dos aguas, en una tierra de nadie (acaso mía) que, como sabía bien Max Aub, viene bastante mal en este país de pancartas y etiquetas.
La nueva obra de Tahar Ben Jelloun se concibe como una cruda novela autobiográfica, situada en “los años de plomo” marroquíes, que reflexiona sobre el valor de la libertad y su consecuente fragilidad.