filología

  • Libertad y marginalidad: ¿qué significa ser hispanista en otros países?

    Quienes nos dedicamos al estudio y la enseñanza de temas españoles en espacios donde esos temas no cuentan con ese tipo de legitimidad —en Países Bajos, por ejemplo, donde casi nadie se interesa por la historia o cultura de España— nos vemos forzados de forma constante a demostrar por qué lo nuestro puede resultar relevante. Esta presión nos obliga a establecer conexiones con otros campos, a adoptar marcos comparados y a renovarnos regularmente. Al mismo tiempo, sin embargo, si logramos sobrevivir (la precariedad es constante), nuestra misma marginalidad institucional nos da una libertad de movimiento bastante más amplia de la que tienen otros campos más centrales.

  • La literatura como redención

    El aislamiento de la universidad de Almería, el aislamiento del área de literatura a la que pertenezco ha sido un gran escollo pero, al mismo tiempo, me ha dado una libertad desconocida en otras áreas. Así, desde mi pequeño caos en este desierto, reivindico el estudio de la literatura, el de la filología, como una valiosa tabla de salvación que te permite llegar a la ínsula soñada.

  • Una lanza por la enseñanza de la lengua oral

    Son muchas las posibilidades de acercamiento, como todos sabemos, que nos ofrecen los más variados aspectos de la oralidad. De todas ellas, yo quisiera romper una lanza, en este momento, por la cuestión docente. La enseñanza de la lengua oral es, como la hemos titulado en alguna ocasión, el pariente pobre de nuestro sistema educativo, por lo que ya merece una atención definitiva. Es una necesidad que los distintos niveles de enseñanza en nuestro país están aguardando y solo los estudiosos del discurso oral podremos ofrecer. Y de ahí mi invitación.

  • Entre dos aguas

    También desde mi regreso, volví a la escritura de ficción y de poemas, que la tesis doctoral y posterior fiebre investigadora (que potencia este sistema hecho para matar la creatividad) habían agostado. Ni del todo académico, ni del todo escritor, uno vive en una indefinición que quiere creer fértil, entre dos tierras o entre dos aguas, en una tierra de nadie (acaso mía) que, como sabía bien Max Aub, viene bastante mal en este país de pancartas y etiquetas.