Primeros años de Contrapunto

por Dic 5, 2022

Primeros años de Contrapunto

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Escribir un artículo para Contrapunto desde Suiza me ha abierto la puerta a numerosos recuerdos ligados a la revista. Hace casi diez años, en 2013, escuché hablar por primera vez sobre el proyecto impulsado por Fernando Larraz en el marco de la asignatura “Producción literaria y medios de comunicación” del grado en Estudios Hispánicos. Se trató de una materia impartida durante pocos años y que ya no existe, sin embargo, su impacto fue grande entre varias personas que la cursamos: allí nació la revista Contrapunto, gracias a las compañeras que pusieron los primeros ladrillos, y cuyo entusiasmo contagiaron a las generaciones sucesivas. En un plano más individual, en aquella asignatura me convencí de que lo que era un hobby, leer periódicos y suplementos, podía ser un punto de partida para una especialización académica. 

Contrapunto trascendió pronto lo que podía haber sido un ejercicio práctico para asimilar los conocimientos de una asignatura en marcha y se convirtió en un proyecto de largo aliento que concitó a compañeras de distintos cursos. Recuerdo que muchas reuniones solían celebrarse los viernes por la tarde y allí, en un aula del Colegio de Caracciolos, charlábamos sobre cómo organizar el siguiente número. La revista nació con una estructura que comprendía diversas secciones -las mismas que pueden verse ahora en la página web-, y de cada una se encargaba un coordinador. La dinámica de trabajo estaba muy sistematizada y una reseña, previamente asignada y aprobada en las reuniones, de un colaborador externo pasaba por el coordinador de sección, la coordinación general y la encargada de la maquetación. A la hora de escribir reseñas, éramos alevines de críticos literarios y, entre todas, nos recomendábamos novedades editoriales y nos prestábamos los libros -en los inicios, hasta que conseguimos algo de financiación, la compra de ejemplares corría a nuestro cargo-.

Contrapunto se publicaba, en la etapa durante la cual formé parte, en formato PDF. Era una época en la que Instagram y medios audiovisuales para recomendar libros no se encontraban tan consolidados como en la actualidad, de manera que la lectura de la revista en un archivo completo otorgaba una linealidad a la lectura más cercana a las revistas y suplementos tradicionales. El lugar de las secciones, en el estudio de las publicaciones, puede ser un criterio de análisis y la disposición de los contenidos otorga un valor interpretativo al dispositivo final. Por ejemplo, esta semana terminé un artículo sobre la revista Nueva España de 1930, y las tribunas a cargo de José Díaz Fernández o Antonio Espina se publicaban en la última página, lo que daba un significado particular a tales colaboraciones en relación con su labor como miembros del comité directivo.

Con motivo del Premio Cervantes, la Universidad de Alcalá y el Ayuntamiento de Alcalá de Henares organizan cada año diversas actividades. En 2015, Contrapunto tuvo la oportunidad de publicarse en papel, lo que supuso un hito para todas. Al año siguiente, nos animamos a organizar un acto: el I Congreso Direcciones de la literatura Contemporánea y Actual. Una iniciativa inolvidable que recuerdo con mucho cariño.

Vuelvo a apelar a la revista Nueva España. Surgió en un contexto de protestas en la universidad contra la Dictadura de Primo de Rivera porque, entre otras muchas razones, se estaba debatiendo qué debía ser la universidad. De 1930 es el conocido libro Misión de la Universidad, de José Ortega y Gasset. Nueva España puso sobre la mesa diversos artículos en los que planteaba qué rumbo debía tomar la educación superior española. En realidad, es una reflexión constante que atraviesa todas las épocas; lo hizo sustancialmente cuando se implantó el Plan Bolonia y se está haciendo ahora con la proliferación de universidades privadas en España. Creo que Contrapunto es un ejemplo de lo que ha de ser la universidad. Un espacio de diálogo, de intercambio colaborativo, marco para llevar a cabo proyectos como una revista realizada por estudiantes que complementa la formación recibida en las clases. Esto fue posible gracias a la titánica labor del profesor Fernando Larraz. Allá por 2013, él acababa de llegar de Centroeuropa y consiguió motivar a varias generaciones de jóvenes estudiantes del grado en Estudios Hispánicos con su vocación docente.

Me gustaría saludar a todXs los miembros de Contrapunto y transmitirles mi profundo agradecimiento por esta invitación, que me ha permitido volver sobre una experiencia magnífica durante mis años en Alcalá. Si Manuel Aznar empleó la metáfora del “hilo rojo” para referirse a la literatura de izquierdas en los años veinte y treinta, aludo aquí a un “hilo contrapuntista”. VosotrXs tenéis ahora el hilo y espero que pueda transmitirse a las próximas generaciones. Un abrazo a todXs.

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