Cascanueces

por Dic 4, 2020

Cascanueces

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El rey de los ratones solo fue un incomprendido,

nacido en una clase social marginal,

predestinado a la fatalidad.

 

El rey de los ratones tan solo era un niño

con ansias de salir al mundo,

de dejar atrás las alcantarillas

que habían visto el frío, el hambre, la violencia y la muerte,

que habían visto tanto horror.

 

El rey de los ratones soñaba

con dar a su familia una vida mejor

y, por ello, tomó la corona.

 

Tenía grandes ideas, grandes proyectos,

quería dar a los ratones su lugar

dentro de la diplomacia internacional con los diferentes reinos.

 

Pero el trono pesa demasiado,

decisiones a destiempo,

responsabilidad mal llevada

y el poder desatándose de forma incontrolable.

 

El rey de los ratones solo pretendía

sentirse un poquito menos solo,

un poquito menos rechazado,

y armó todo un séquito de millones de ratones

para poder sentirse acompañado.

 

Pero no funcionó,

no funcionó porque aquellos ratones

solo eran unos ingenuos

movidos por un discurso fácil

y un símbolo irreal

al que habían jurado una absurda lealtad.

 

El rey de los ratones fue, definitivamente,

una víctima más de un sistema frustrado;

solo ocupó una casilla vacía, que alguien debía ocupar,

dentro de una historia en la que

ni los buenos eran tan buenos ni los malos tan malos.

 

Quizás, finalmente, el único que de verdad llegó a entenderle

fue el Cascanueces,

el único que tuvo el valor de salvarle de su condición de títere,

de atravesarle con su espada.

 

Teresa Martín Merchán