No le dejes salir
Capítulo 1
Se oyen las gotas que caen del grifo de la cocina. Plink…plink…plink… Las agujas del reloj rebotan por toda la habitación. Cloc…cloc…cloc… Los rayos del sol atraviesan la ventana y caen sobre la cara de Jack, que se despierta. -Qué ruido tan molesto -piensa- ¿Y qué es ese olor?- Se toca la cara y nota algo pringoso. Se mira las manos y… -¿Qué es esto?-dice con voz ronca.
Tiene las manos llenas de sangre. Se levanta tan rápido de la cama que cae al suelo. Hay manchas también en la alfombra. Empieza a respirar muy rápido. Uno…Dos…Tres…Cuatro…-Respira- se dice a sí mismo-, Uno…Dos…Tres…Cuatro… Se levanta y va corriendo al baño, en cuanto su cara se ve reflejada en el espejo, pasa de la incertidumbre al horror. Tiene una pinta horrible, con moretones y arañazos en la cara y en los brazos. Su camisa también está manchada y sus pantalones tienen cortes.
De repente, el ruido de su teléfono le hace sobresaltarse. Se acerca y ve que es su compañero de trabajo, Bob.
-¿Sí?
-Tío, ¿dónde estás?, son las once, en una hora empieza la reunión-dice con tono nervioso.
Jack se masajea la frente con los dedos.
-¿Me estás vacilando? Es sábado, Bob, no cuela.
-Déjate de tonterías, anda, déjate…te quiero aquí en treinta minutos-. Y cuelga.
Se muestra la fecha en la pantalla del móvil. Es lunes, es lunes seis de febrero.
Lo tira a la cama y se lleva las manos a la cabeza. Se pone a andar en círculos por su habitación. No puede ser, otra vez no. Llevábamos tres años sin incidentes. No puede ser. Se sienta en la cama a organizar sus ideas. Se duchará e irá al trabajo, como si no hubiera pasado nada. Ya lo solucionará cuando vuelva.
***
-Y por eso consideramos que deberíamos reducir los gastos en este sector para poder…- Todas las personas vieron la perplejidad que reflejaba la cara de Bob, su mirada iba en dirección a la puerta de la sala de reuniones. Todos se giraron y vieron a agentes trajeados entrar con armas a la sala. Uno de ellos se acerca a Jack mientras saca unas esposas.
-Señor Hopster, queda detenido por el asesinato de Margaret Wilson, tiene derecho a llamar a un abogado, si no…
-¡Yo no he hecho nada, es un error! Bob, llámala- grita Jack desesperado.
***
La sala negra huele a tabaco y a lejía. Hay una mesa de metal y dos sillas enfrente de Jack. Se ve reflejado en el espejo, mira sus ojeras y piensa qué narices habrá hecho para que hayan irrumpido de esa manera los agentes del FBI.
Entra el agente Rick, un hombre alto, grande, con el pelo moreno, repeinado con mucha gomina. Va con una camisa blanca, se ha quitado la corbata. Lleva una carpeta de color marrón en la mano y la tira en la mesa. Se sienta y le muestra el interior de la carpeta al detenido, que enseguida abre los ojos, sin dar crédito de lo que ve, después, aparta la mirada.
En la primera imagen, más grande, hay un cuerpo sin vida de una mujer rubia, tiene la cara llena de golpes con magulladuras en las muñecas y en las rodillas. Lleva un vestido blanco, roto por el pecho. En la segunda imagen se ve solo su cara, está casi irreconocible. Pero Jack sabe quién es.
El agente se reclina sobre el asiento y le mira con el mentón levantado.
-¿Dónde estuviste el sábado desde las dos hasta las cuatro de la mañana?
-No lo sé-. Jack sostiene la cabeza entre sus manos, tiene la cara roja. No tiene ningún recuerdo, eso solo puede significar una cosa. -¿Ha llegado ya mi abogada?- pregunta Jack con la voz temblorosa.
-No. Te lo volveré a preguntar. ¿Dónde estuviste el sábado de dos a cuatro de la mañana?
-Que no lo sé, ¿vale? No me acuerdo.
-Mira, ricitos, te hemos visto en las cámaras, estuviste en la discoteca con la señorita Wilson y la pelea que tuviste con ella y con su novio-. Jack se queda congelado. Sí, recuerda entrar en la discoteca, pero no sabe por qué entraría en un lugar como ese, si a él no le gustaban las fiestas.
-No, no he sido yo…ha sido el otro.
-¿El otro? ¿Tienes un hermano gemelo malvado? Ja, ja, ja, ja, sí, y yo estoy casado con Robert Downey, no te jode.
Se abre la puerta de la sala y entra una mujer alta vestida con un traje gris. Lleva un café en una mano y la tablet y el móvil en la otra.
-Mi cliente tiene derecho a hablar con su abogada…a solas-. Deja la puerta abierta como señal para que se vaya el agente.
Rick se levanta muy tranquilamente, mira detenidamente a la abogada, después al acusado y, finalmente, se va, cerrando tras de sí la puerta.
Jack se echa a llorar una vez ve a Lucy. La abogada coge la silla y se sienta a su lado.
-Cariño, ¿qué ha pasado?- Jack quita las manos de su cara dejando ver el arañazo, las ojeras y la nariz roja por la llorera. -¿Ha sido él? ¿Cuánto llevas sin ir a terapia, Jack?
-Con todo el trabajo que hemos estado teniendo en la empresa y…con el tema de sacar el producto a tiempo…puede que varios meses…medio año.
-¡Jack! ¿¡Cómo se te ocurre!?
-Lleva ya tres años sin salir, sin incidentes, lo tengo todo bajo control -dice Jack intentando tranquilizar a Lucy.
-Lo tenías, Jack, lo tenías. Porque ahora ha aparecido muerta la hija de Ruder Wilson, ¿sabes el poder y el dinero que posee ese hombre?
Lucy se levanta y empieza a dar vueltas por la sala con una mano en la frente y otra en la cadera. Después de unos minutos se gira hacia Jack.
-Si no sabes qué fue lo que pasó, él seguro que lo sabrá.
El chico gira la cabeza hacia los lados mientras pide por favor que no lo haga.
-Es la única solución- dice Lucy lamentando lo que iba a hacer.
Capítulo 2
Rick vuelve a entrar en la sala de interrogatorios. -Suficiente charla-dice-Vamos a seguir. Cuando se sienta nota algo…distinto. Mira a Jack, pero ya no muestra una mirada perdida, ahora solo hay ira. Su postura es mucho más abierta y mira con media sonrisa al agente.
-¿Qué pasa? ¿Nunca has visto a un hombre tan guapo? Lo siento, no me va ese rollo- dice el detenido con cierta prepotencia.
-¿Quieres hablar ahora, chaval? ¿Qué hiciste la noche del sábado?
-Uf…muchísimas cosas. Oye, ¿me das un piti?
El agente da un golpe a la mesa y mira sin entender nada a Lucy. -¿Se puede saber qué le has dicho? ¿Dónde está el chaval que temblaba y casi se hace pis en los pantalones mientras le cogíamos las huellas?
-El pequeñín está echándose la siesta. De esto se tienen que encargar los mayores- dice el acusado mientras se reclina y posa los brazos sobre la mesa mirando fijamente al agente.
Lucy le mira y pone su mano sobre la suya -Peter, cuéntale lo que sabes- le dice casi rogándoselo. Este aparta su mano bruscamente. El agente se queda perplejo al ver que se dirige a Jack.
-El sábado estuve de fiesta con unos colegas. Todo iba bien hasta que le tiré sin querer la copa a una tía. Se me puso a chillar la muy cerda. Se había manchado el vestidito de pijotera que me llevaba y me decía que se lo iba a pagar.
-¿Y por eso la mataste? Porque te estaba fastidiando la juerga.
-No, rey. La ignoré y seguí a lo mío. Estuve bailando con una chavala to´guapa hasta que, de repente, alguien me dio una hostia en la cabeza. Me giré y vi a un tío de mi altura, rubio con cara de tener un palo metido por el culo. Resulta que era Ken, el novio de la Barbie a la que le había manchado el vestido. Empezó a empujarme y a decirme que le tenía que pedir disculpas a…Mer…
-Margaret- dice el agente con tono irritado.
-Lo que sea. Y al decirle educadamente que se fuera a la mierda, fue y me dio un puñetazo. Y…bueno, yo diría que le dejé en su sitio de tal manera que no me volvió a molestar en toda la noche -dice Peter sonriendo mientras miraba sus manos magulladas.
-El forense ha encontrado tu ADN dentro de las uñas de la señorita Wilson.
-La niñata intentaba ayudar a su novio clavándome sus uñas en los brazos para que dejara de pegarle. Y de un manotazo le aparté. Y ahí empezó a llorar y… en fin-. Puso su dedo anular y pulgar en su frente masajeándose la sien. -¿Te puedes creer que me echaron a mí de la discoteca? A mí. Putos pijos- dice Peter bufando.
El agente pone su mano derecha en la cara y se acaricia la barba. Vuelve a mirar la carpeta que estaba en la mesa.
-¿Y esa fue la última vez que vio a la señorita Wilson?
-Sí-dice Peter poniendo los ojos en blanco.
-Mi cliente ha colaborado favorablemente, por lo que tiene derecho a irse, no tienen más pruebas contra él -dice Lucy mientras recoge sus cosas.
-Está bien, puede irse, pero no muy lejos, seguramente volvamos a llamarle -dice Rick con tono amenazador, sin entender muy bien qué es lo que ha pasado en la sala de interrogatorios.
Capítulo 3
Se oyen los susurros de Tom y Lucy.
-Esto es muy grave, Tom, no podemos dejarle así, como si no hubiera hecho nada. Podría entrar en la cárcel. ¿Y si no lo ha hecho él? -dice Lucy nerviosa mientras se muerde las uñas.
-Pero, ¿tú le has visto? Todas las pruebas apuntan a él, hay hasta un video de la discoteca.
-Sí, pero lo echaron, a la chica la encontraron en un callejón cerca de la discoteca, hay que averiguar qué hizo Jack después.
-Sí, pues como no despiertes al otro…
Jack abre los ojos del todo, no sabe dónde está. ¿Cómo ha llegado ahí? Si hace nada estaba en la sala de interrogatorios. Enfoca los ojos y ve el cuadro ese tan feo de la cara amorfa con cuatro rayajos. Después, una foto de él mismo de cuando se graduó en el instituto. Estaba en el despacho de su tío Tom. Mira hacia la puerta y ve la figura esbelta de un hombre de cincuenta y seis años que podría pasar por uno de cuarenta y muchos perfectamente. Iba con una camisa azul y unos pantalones de vestir negros. Parece que hoy no ha ido a trabajar – piensa Jack arrugando la frente.
Lucy se gira y ve que el chico ya se ha despertado y le dice a Tom, en voz baja, que ya lo hablarán luego. Se acercan los dos y Lucy coge una silla y se sienta. Tom se queda de pie con los brazos cruzados.
-Y bien -dice Tom con tono serio- ¿qué has hecho?
-Tío, no lo sé, solo recuerdo que el viernes estuve trabajando hasta tarde, estaba concentrado con el ordenador y, de repente, oí unos chillidos que procedían del jardín. Cuando salí había un grupo de adolescentes pegando a uno que era más pequeño que ellos. Tú ya sabes que yo no soporto la violencia y no me habría metido en ninguna pelea. Iba a volverme para dentro cuando, sin querer, aplasté una lata de cerveza que había en el suelo y, al girarme, vi como dos de ellos venían con un bate hacia mí. Y ya no recuerdo nada más, lo siguiente fue levantarme en mi habitación manchado de sangre.
-¿Sabes que seguramente fue Peter el que salió para salvarte de los niños esos, verdad?- dice enfadado- Porque eres incapaz de defenderte por ti mismo. Y una vez sacado el conejo de la chistera…a ver quién lo vuelve a meter-dijo Tom moviendo los brazos y dando vueltas por la habitación.
-A ver, podemos contratar a un investigador privado y que se entere de todo lo que hizo Peter durante esos días, que recoja pruebas.
-Hay lagunas en mi cabeza. Tengo la imagen de mi jardín, de mis manos magulladas, de la fachada de la discoteca y…de Margaret, recuerdo haberla visto una vez cuando echaron a Peter de la discoteca.
Automáticamente las dos personas que le estaban observando se pusieron muy nerviosos. Lucy se levantó con los ojos muy abiertos.
-Joder, Jack, joder, ¡¿cómo no me contaste eso antes?!
-¡Porque no me dejaste! Estaba en shock, ¿¡vale!? -dice Jack levantándose y perdiendo los estribos.
Tom parecía estar divagando por su mente, muy nervioso, incluso más que Lucy. Le preguntó a Jack si recordaba haber visto algo más en la imagen que tenía de Margaret, algo que pudiera…ayudarles.
-No, tío, solo tengo la imagen de su cara mirándome con asco.
Y ahí Tom se tranquilizó, tocó el hombro del chico y le dijo que todo se iba a arreglar.

Soraya Sahraei García
Estudiante del grado en Estudios Hispánicos en la Universidad de Alcalá. Coordinadora de la sección Miradas. Sus principales intereses son la literatura, la música y la fotografía (no puede pasar por un atardecer y no captarlo con la cámara). Amante del estudio de la comunicación verbal y no verbal.
