Pasión

por Jul 23, 2021

Mi primer amor platónico, el primer amor imposible de mi historia llegó cuando yo tenía diecisiete años y aún lo recuerdo de forma intensa, como si lo estuviera volviendo a vivir.

Todo ocurrió en verano, durante las vacaciones. Ella vivía en la casa de enfrente. Yo la observaba desde la lejanía de mi terraza, asustado por intentar conocerla y que me rechazara.

Todas las mañanas ella se asomaba a la ventana a contemplar el mar durante unos minutos. Yo salía también, fingiendo que, como ella, quería ver el océano. Pero, en realidad, solo lo hacía para contemplarla durante unos minutos de forma furtiva, mientras la sonreía o la saludaba con la mano, como haría cualquier conocido que solo era eso, un conocido.

Cuando me quise dar cuenta, tenía su imagen grabada en mi mente. Solo la veía unos minutos al día, pero eso me servía para recordarla fielmente. Sus labios eran de color cereza, su piel estaba ligeramente tostada por el sol, sus ojos castaños brillaban como el mar en un día soleado, su largo cabello le caía como una cascada a lo largo de la espalda. Cerraba los ojos y recorría su figura en silencio.

Un día la reconocí en la playa.

Mis padres estaban dando un paseo a la orilla del mar y yo estaba aburrido, sentado sobre la toalla mirando alrededor mientras me dejaba impregnar por el olor a mar y crema solar que había en el ambiente.

Entonces la vi junto a sus amigos y alguien al que abrazaba y besaba apasionadamente.

Mil puñales se me clavaron en el corazón al saber que nunca sería mía, al saber que ni siquiera la conocería. Sufría en mi interior mientras aparentaba mi felicidad. Maldecía al universo por no dármela y a ella también por no amarme, por no mirarme y descubrir en mí alguien con quien querer pasar el resto de sus días.

Sin embargo, yo siempre la tendría en mi cabeza, incapaz de negar su rostro y su belleza en mi interior.

Me odiaba por sufrir de esta manera y aborrecía a mis sentimientos por hacerme esto, por permitirme sentir algo tan intesto por alguien que no me correspondería nunca.

Algún día dejaría de amarla, pero ese día tardaría en llegar.