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El verso desde la trinchera: un clásico contemporáneo

El pasado 19 de noviembre de 2024 Álvaro Tato ofreció una conferencia-taller en la Sala de Conferencias Internacionales de la UAH. El encuentro con el director teatral, dramaturgo y poeta bajo el título «Oro en la lengua (reflexiones prácticas sobre el verso en escena)» fue moderado por la profesora Elena Cano en el marco del congreso «II Congreso Internacional. La máscara virtual: Poesía y poetas en el teatro hispánico». El encuentro lo organizaron Sergio Santiago Romero, Elena Cano Sánchez, Saúl Baonza Sánchez de Miguel, Izan García Baumbach, Luis Gracia Gaspar y Fabián Díaz.

El taller práctico giró en torno a cómo se hacen y se fabrican versos desde la trinchera. Bajo el prisma del dramaturgo, actualmente la poesía vive su Edad de Oro, por lo que su objetivo es (re)construir el paradigma del verso en el teatro. En su presentación, Álvaro Tato interpeló a los oyentes con dos preguntas clave: 1) ¿Por qué el verso es percibido por la sociedad actual como algo antiguo? y 2) ¿Qué es lo que hace Bad Gyal? ¿Es acaso menos poeta que Góngora? La primera respuesta vino a atestiguar que, en realidad, el verso está en todas partes. La segunda requirió más tiempo y suscitó un debate mayor, pero, para el dramaturgo, uno no es mejor que la otra, sino más bien todo lo contrario. Afirmó: «Bad Gyal lo hace mejor porque lo [referido a lo poético] vende sin que los jóvenes lo percibamos como tal» (las cursivas son nuestras). Esto nos llevó a dialogar con él sobre la música latina y cómo ha revolucionado los acentos prosódicos del español, un idioma fundamentalmente llano que coloca los golpes de voz regularmente en la sílaba tónica. Apuntó que, actualmente, se cambian majestuosamente las tonicidades de las palabras y recaen, a veces, en las sílabas átonas para crear otro ritmo, por eso la cantante dice: «CONtrola a TU GAto»; «ES un PLAcer conocerTE, quizá TÚ me TRAIgas PEna, pero NO PUEdo perderTE EL NÚmero UNO el que MÁS SE PEga».

Además, Álvaro Tato insistió en la idea de que el dramaturgo y el poeta son lo mismo, figuras equivalentes. Cree que los lenguajes se entremezclan: los versos son la música del idioma, el lenguaje natural del lenguaje escénico. «Los posdramáticos que tienen cierto sentido, poeticidad y visualidad y que, al mismo tiempo, apelan a cortar los renglones, se acercan a la realidad que viene de los griegos» afirmó el poeta. Asimismo, los posdramáticos abogan por la síntesis rítmica: lo que emana del lenguaje musical, escénico y la poesía es el ritmo, la métrica. Los teatros, bien sea desde el punto de vista del actor o del espectador, son ritmo puro. Los versos en el espectáculo funcionan como armas, cadenas y tentáculos: se puede captar de manera memorable cualquier acción física, emoción, pensamiento o sensación. Aducía el dramaturgo que el teatro ha sido en verso a lo largo de toda la historia de la literatura. En España, su máximo representante fue Lope de Vega y a partir del siglo XIX-XX comenzó la tendencia de hacer teatro en prosa —convergió con la zarzuela, la ópera…—. El lenguaje natural del teatro y de la escena es el verso, no solo por motivos históricos sino también por motivos técnicos, ya que la palabra ritmada, esto es, el lenguaje sometido a reglas de morfosintaxis —inamovibles— y a la tensión semántica, se acomoda a él.

Por tanto, el verso también está sometido a unas técnicas concretas. Álvaro Tato iguala el verso a la música, por lo que determina que los tres elementos que conforman la música y, por analogía, el verso son la armonía, la melodía y el ritmo. La armonía viene a ser la morfosintaxis, el esqueleto, es decir, los sonidos y las palabras que crean ritmos y encajan unos con otros para sonar bien. Es esencial, para ello, la forma y el orden que le damos a las palabras, puesto que las aliteraciones al final del verso son las que crean la rima. ¿Por qué un ripio es un ripio? ¿Por qué no puedo rimar melón con jamón? Existen dos tipos de rima: la parcial —asonantes— y la total —consonantes—. La rima es regida por determinadas leyes. Es necesario que las palabras sean de diferente categoría gramatical, tengan diferente número de sílabas o bien estén en diferente posición sintáctica —véase, por ejemplo, un complemento predicativo no puede rimar con otro complemento predicativo—. En lo que respecta a la melodía, viene a ser la semántica y la metáfora en el teatro, que logran conformar la línea del sonido principal. Dice Tato: «la metonimia y sinécdoque también son la base del arte escénico». El ritmo compositivo del verso, por su parte, está constituido por el acento. Para explicarlo, nos puso el ejemplo de García Lorca, que juega con versos métricos de 4×4: «verde que te quiero verde|verde viento. Verde ramas».

Para poder cambiar nuestra percepción del verso, que ahora mismo sufre la «enfermedad del comando visón», es de vital importancia empezar a percibirlo como un fenómeno vivo a través de una enseñanza activa y de la relación entre los estudiosos y los escritores. «Es imprescindible hacer teatro y estudiar prosodia, pues este es el único camino para la universalización con la majestuosidad técnica, la capacidad de construir nuevos mundos». Debemos dejar de mirar a los clásicos desde abajo, como si ellos estuvieran arriba: «los clásicos que son venerados dejan de ser clásicos; los verdaderos clásicos te miran a los ojos y no se consideran clásicos». Tal y como ocurría en el Siglo de Oro, el verso estaba pensando para ser dicho, configurado para hacer cosas con palabras. Debemos romper con la relación de poder vertical, «los clásicos están pensados para coger de la solapa al público y subirlo al escenario», aseguró el dramaturgo. Nuestra misión como estudiosos y espectadores es trasladar una mirada fiel de la naturaleza del teatro clásico y no seguir alimentando la tendencia ferviente que hay sobre la exaltación y la jerarquía de estos.

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Nerea Pozo Costa

Nerea Pozo Costa es estudiante del Máster en Estudios Literarios y Culturales Hispánicos y graduada en Estudios Hispánicos por la Universidad de Alcalá. Ha formado parte del comité organizador del «IV Congreso Internacional Literatura y Franquismo: Ortodoxias y Heterodoxias» y ha participado en varios congresos internacionales. Es miembro del comité editorial de la revista Contrapunto y ha sido beneficiaria de una beca de Iniciación en la Actividad Investigadora (plan propio de la UAH en el curso 2025-2026), con cuyo proyecto aborda los discursos de género en la narrativa escrita por mujeres en el franquismo. Concretamente, está interesada en la literatura feminista y en las articulaciones literarias del poder y la violencia patriarcales.

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