luchas centenarias

por | Mar 5, 2019

luchas centenarias

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A quienes aman España pareciera molestarles lo que la compone. Estamos en un momento tremendamente tenso, en el que los pueblos que constituyen el Reino parecen revueltos. Parecen demostrarse profundamente incómodos. Constantemente. Desde-antes-de, y desde-después-de.

Hay quien grita fuertemente que la Lengua del Reino Borbón de España es el castellano, pero si quisieran una España fuertemente gritada entenderían que la Lengua, España no la tiene, sino que posee muchas. Quisiera hacer un repaso rápido sobre ello acudiendo a las diferentes comunidades autónomas. Se han incluido en algunas comunidades o ciudades autónomas como Murcia, Ceuta o Melilla, lenguas que aun no recogiéndose en sus leyes orgánicas poseen rasgos lingüísticos existentes que no debemos dejar de mentar pese a no estar netamente reconocidos por sus Estatutos.

Como se puede observar en la tabla, prácticamente no hay espacio geográfico que no posea más de una lengua en su haber. Ni que decir tiene que las comunidades de Andalucía, La Rioja o Canarias perdieron, a raíz de la castellanización de sus territorios, las lenguas que se hablaron en ellas, euskera y navarro-aragonés en La Rioja; tamazight en Canarias; o mozárabe, árabe y dialectos bereberes en Andalucía, Murcia o Castilla-La Mancha.

Cuando se dice que hay que españolizar a los catalanes desde aquella vergonzosa intervención del entonces Ministro de Educación, el Señor Wert; hasta el “hemos logrado que el castellano sea la única lengua del Parlamento Asturiano” en boca de la Presidenta del Partido Popular Mercedes Fernández en Asturies, o la bravuconada de Pablo Casado hablando de reconquistar el Principado… no se ha dejado de construir la idea de España desde la absoluta marginación o desplazamiento de las culturas que la componen. Culturas, por otra parte, que no son meras características folclóricas, sino que se encuentran embridadas por una sujeción política histórica.

Cuando se tiene un lenguaje bélico y belicista hacia los territorios que se suponen propios, algo falla.

Cuando se arremete contra la Escuela Asturiana diciendo que los niños y niñas tienen que dejar de estudiar Horros y Frixuelos para conocer más sobre Jovellanos (Xovellanos, 1744-1811) o Argüelles, como argumento contra la Llingua Asturiana, se demuestra desconocimiento absoluto de los personajes asturianos mentados. Siendo, por ejemplo en el caso de Jovellanos, uno de los mayores representantes en defensa de la lengua asturiana, impulsor de la Academia de la Llingua Asturiana, proponente de una Gramática, defensor de la Constitución Histórica de Asturies, sus fueros y sus competencias frente a las injerencias de la Corona… Pareciera desde luego un chiste que se pusiera su conocimiento en contraposición.

Pero existe una suerte de dejación intelectual que hace que los discursos y las narrativas hagan el ridículo con poco que uno indague, se informe y se empape.

El problema de estas consideraciones es que si nos emperramos en que el castellano es La Lengua de España estaremos diciendo que los hablantes de todas las lenguas antes enunciadas no lo son —españoles— y, por consiguiente, se retroalimenta el halo soberano-independentista que estos pueblos han constituido a lo largo de los siglos, terminando por sentirse ajenos “a eso que llaman España”.

En el caso de la lengua asturiana, en el ámbito sociológico y político, nos encontramos con una larga lista de vejaciones y de humillaciones. Se juega argumentalmente en un terreno de juego que usa puntos de ataque inducidamente esquizofrénicos. Y voy a poner algún ejemplo para ilustrar.

Toda persona versada en lingüística sabe que una de las características fundamentales de una lengua es su fragmentación dialectal. Y, además, cuantos más hablantes tenga una lengua, mayor fragmentación tendrá. Mayor diversidad compondrá. Así, uno de los argumentos utilizados, no ya para negar su uso, sino para negar su existencia lingüística, es decir, sencillamente, que el asturianu no es una lengua porque se habla diferente en cada valle. Bueno, ni que decir tiene la diversidad que comporta el castellano de Chile en el propio Chile sin necesidad de hacer comparaciones entre el castellano hablado en Valladolid y el que se habla en las Alpujarras. Imposibilidad de ser, entonces, estandarizado porque eso supondría una injerencia total de la Academia cual laboratorio-conspiranoico que se inventa lenguas.

Todo ello entendiendo, o digo que entienden eso, que el castellano es una lengua eterna. Sin variación. Natural, por supuesto. Capaz de entretejerse sin alteraciones de ningún tipo. Y aunque parezca tremendamente absurdo el razonamiento, y se quiera uno engañar con aberraciones sustantivas, hay personas que defienden esto a capa y espada. Traducido: se considera que la Academia de la Llingua Asturiana —es extensible por supuesto a cualquier Academia periférica— se inventa el asturianu; mientras que la RAE vela por el castellano: Amazing.

Otra de las problemáticas en el caso asturiano es el hecho de que la lengua está reconocida, legislada, pero en el vacío legal de no ser cooficial junto al castellano. Esto es fruto —o pecado original—, entre otras cosas, de la redacción estatutaria. Al aparecer en la propuesta primera, como lengua propia de Asturies, desde el centro de la famosa piel de toro se dio un ultimátum a sus redactores para que modificaran ese artículo, evitando pronunciarla como lengua propia del territorio. Así nos encontramos con que si Asturies quería reconocer su lengua, tenía que minusvalorarla y colocarla en una especie de escalón —discursivo— menor que otras como el gallego, el catalán o el euskera. De lengua propia se pasó a tradicional, casi como un elemento folclórico —como los trajes tradicionales—, como reliquia histórica pretendidamente muerta aunque más viva de lo que les gustaría. Así, la exigencia de su cooficialidad ha venido siendo una reivindicación en Asturies desde la caída del régimen franquista. De hecho, en las manifestaciones preconstitucionales en las que se pedía la creación del ente autonómico, en sus manifestaciones, los asturianos y las asturianas incluían obviamente: “Bable nes Escueles”.

Hay que tener en cuenta lo que supuso en comunidades bilingües el paso del franquismo. Donde en el ámbito familiar se hablaba una cosa y en la escuela se reprimía al alumnado si utilizaba su lengua propia. Esto ha llegado a seguir ocurriendo en pleno siglo XXI cuando en una escuela concertada de Villaviciosa, y justo antes de la entrada en vigor del Euro, se multaba al estudiantado con veinticinco pesetas por cada palabra en asturiano dicha en clase.

Sin hablar, por supuesto, de testamentos, bodas, trámites notariales, estatutos de asociaciones, empresas y diversas entidades, trámites administrativos corrientes, etc., cuya querencia es desarrollar la actividad y escrituras en asturianu siendo negadas por la Administración, aun existiendo una Ley de Uso y Promoción, que supuestamente ampara este tipo de posibilidades vehiculares de la lengua.

El caso es que la no cooficialidad del asturianu choca con el elemento fundamental de la Constitución que reconoce y dice que el castellano es lengua obligada del Reino y lo serán el resto de lenguas propias en consonancia y a desarrollar por el régimen autonómico en sus respectivos territorios.

Todavía hoy tenemos que escuchar que el asturianu es la “lengua de las vacas”, es una “lengua de aldeanos”, “no sirve para tratar temas importantes” y un largo etcétera del todo ridículo. Como si el castellano, por ejemplo, naciera directamente bañado en oro lingüístico —o el inglés, o el francés, o el chino, o cualquier lengua imperial que se precie—.

Además, el hecho de vincular con la animalidad —lengua de las vacas—; con la aldea —como paletos— y lo rural, supone un marco discursivo típico de la Civilización. Por regla general, las lenguas imperiales —consonantes con su afán civilizatorio y aculturizador—, perfectamente en el sentido del Poder de la Ciudad frente a la Naturaleza, han tenido y usado este tipo de argumentaciones que evidencian esa lucha de lo urbano —en todo su espectro— frente a lo rural; y la Civilización como instrumento para uniformar y homogeneizar lo más posible un mundo siempre diverso y heterogéneo.

Es la lucha al final de lo menor frente a lo mayor, y de lo local frente a lo global.

¿Por qué tenemos que renunciar a nuestras formas, siendo estas además mucho más sostenibles que las ofrecidas por la Urbanidad y la Civilización?

En fin, lo que representa al final una lengua rural, popular, que no ha sido mantenida por las elites sino que ha sido sustituida por el castellano como elemento de prestigio social; es una de las batallas concretas desatadas por la expansión abrasiva de lo entendidamente como más evolucionado, o más desarrollado, o en condiciones mejores que las derivadas de gentes agrestes, pseudosalvajes, brutales…

Este elemento de diferenciación absurda: prestigio / paletismo, fue incluso teatralizado en el siglo XVII en la obra L’Alcalde de Antón de Marirreguera, en la que el pueblo ridiculizaba al Alcalde por haber cambiado su lengua —del asturianu al castellano— supuestamente para parecer culto.

La preocupación por esta situación va a ser desde el siglo XV, pero representado y visto desde este tipo de obras, una constante. Para terminar, de hecho, me gustaría ilustrar esta situación frustración cultural con un poema de 1926 escrito por Fernán Coronas (Padre Galo 1884-1939) en asturianu —en su variante occidental—. En él se muestra la frustración, como decíamos, la impotencia, la pérdida, la castellanización ocurrida, que llega hasta nuestros días y que resulta del todo impresionante, ya que ante un aspecto tan dramático registrado desde hace siglos, la lengua, hoy, todavía, pervive. En un punto, eso sí, de auténtica agonía:

 

Rigu Esva, rigu Esva,

l’augua túa nun yá pouca,

peru tu cuasi nun cantas

ya la voz traisla bien rouca.

“Anque you nun sou de llonxe,

rendíu ya afanando vengo,

que fai yá sieglos que corro

ya encima gran pena tengo.

Duelme’l ver que la tierrina

se fai cada vez más mala,

ya de las mías mocedades

nun-y queda güei nin la fala.

Días los días d’entoncies!

Homes los homes d’antanu!

Falaxe’l qu’ellos falaban,

todu dafeitu asturianu!

Güei que crucio estrañu suelu

mueiro de malencolías;

¿Áu tán los mieus asturianos?

¿Áu tán las Asturias mías?

L’augüina mía chorosa,

ensin gracia pa cantare,

vei triste ya amargurida

cumu’l corazón del mare.”

Asina respondéu L’Esva

con un quixúme fondu,

ya you quedéime chorando

ya inda nun choréi abondo.

 

Río Esva, río Esva,

Tu agua no es poca,

pero tu casi no cantas

y tu voz la traes bien ronca.

“Aunque yo no soy de lejos,

rendido y fatigado vengo,

que hace ya siglos que corro

y encima gran pena tengo.

Me duele ver que la tierrina*

se hace cada vez  peor,

y de mis juventudes

no le queda hoy ni el habla.

¡Días los días de entonces!

¡Hombres, los hombres de antaño!

¡Lengua que ellos hablaban,

todo completamente en asturiano!

Hoy cruzo extraño suelo,

muero de melancolías:

¿Dónde están mis asturianos?

¿Dónde las Asturias mías?

El agua, mía, llorosa,

sin fuerzas para cantar,

va triste y amargada

como el corazón del mar”

Así, respondió El Esva,

con un quejido profundo,

y yo me quedo llorando,

que todavía no lloré lo suficiente.

  

* Sentido cariñoso no diminutivo.

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