Historia de un cuerpo obligado a la quiebra: “Habitada”, de Cristina Sánchez-Andrade
Cristina Sánchez-Andrade, Habitada
Barcelona, Anagrama
232 páginas, 17,9 euros
Cristina Sánchez-Andrade ha edificado un prodigioso universo literario en su Galicia natal, cimentado en una trabajada prosa, siempre atenta a los detalles y con la que vindica lo nuclear y transcendente de la materialidad de la escritura. De hecho, no eluden sus novelas cierta voluntad experimentalista. En el caso concreto de Habitada, por ejemplo, la voz de Manuela (la protagonista) se articula como un flujo de consciencia que rompe con las normas ortográficas al no utilizar las mayúsculas. Además, la autora hace un voluntario y potenciado uso de las elipsis. Como en el teatro clásico, hay escenas y eventos que no se pueden interpretar o, mejor, que no se deben, pues los silencios y las insinuaciones adquieren más fuerza que las palabras al resonar, como un eco, en los vacíos.
No cabe duda de que entramos al mundo de Sánchez-Andrade a través de las veredas del extrañamiento lingüístico. Aceptamos su dislocación, nos dejamos mecer por su prosodia y por su fuerza, y, a su vez, reconocemos que el lugar que nos describe está colmado de entidades sobrenaturales cuya existencia es aceptada como un rasgo más de lo real: “yo a las ánimas les tengo mucha fe. a los santos no, pero a las ánimas…”, dice el personaje de doña Sulfurosa.
En paralelo, la ruralidad gallega que Sánchez-Andrade retrata en Habitada, como también la de Las inviernas (2014) o La nostalgia de la Mujer Anfibio (2022), se acerca a la realidad histórica del territorio. No es contradictorio lo que acabamos de afirmar: la aceptación de lo extraordinario (de lo aparentemente imposible, al cabo) nos aproxima a la idiosincrasia de las tradicionales culturas campesinas, trasladando a la ficción las particularidades de un paradigma de realidad prerracional, esto es, sostenido en la conjugación no problemática de lo material, lo religioso y lo esotérico o insólito. La pared que separa lo posible y lo imposible se quiebra y a través de sus orificios, como sucediera en la narrativa de Álvaro Cunqueiro, siempre presente para Sánchez-Andrade, se nos presentan con total familiaridad curandeiras con insólitos poderes, meigas que vuelan por los bosques, aparecidos, almas en pena que se instalan en cuerpos ajenos, metamorfosis, visiones de futuras tragedias, etc.
La elaborada prosa es la sustancia de este universo compactado con el mortero de la extrañeza, cuyo relieve es la denuncia del control patriarcal, eclesiástico y caciquil. Aquí radica el núcleo orbital de Habitada. Manuela sirve en su casa y en la mansión del amo, Don Diego; Manuela es violada en repetidas ocasiones; Manuela es obligada a abortar por el poder religioso; Manuela es atada a la cama por su padre; Manuela es forzada al matrimonio; incluso, Manuela es poseída por el alma errante de un clérigo. Manuela, siempre, debe callar, acallar, admitir la suma de subalternidades que la traspasan: mujer, pobre, rural, demente. Su cuerpo es el lugar de su explotación; el patriarcado lo asfixia para dominar su función reproductiva; Federici, entre líneas. La violencia se alía con la vigilancia y decenas de ojos controlan los pasos de nuestra protagonista, pues su locura, como la del hidalgo manchego, es peligrosa para el statu quo porque en ella mora cierta rebeldía que irá habitando cada vez con más fuerza en más sujetos.
Al cabo, lo que plantea la novela es una lectura disidente de la Galicia rural, trasunto de un universo campesino transnacional y, por tanto, extensible a otras muchas geografías. Todo la empuja hacia esta mostración de la otredad: el lenguaje fracturado, el universo colmado de aspectos sobrenaturales, la mirada insana de Manuela que es, también, su potencialidad revolucionaria. Es así como Habitada deviene artefacto político al referir los mecanismos de la violencia histórica sobre la mujer: brujería, locura, histeria, posesión, irracionalidad o estigmatización, entre otros. Es sobre ella (la violencia) y sobre ellas (las mujeres) en torno a lo que Sánchez-Andrade construye su obra.

Raúl Molina Gil
Raúl Molina Gil es doctor en literatura por la Universitat de València. Actualmente, es investigador postdoctoral en la Universidad de Alcalá. Sus líneas de investigación son la poesía española actual, las teorías lo fantástico y las representaciones de la ruralidad en la literatura contemporánea. Ha publicado, entre otros, ¿Un lugar sin lugar? La poesía de Antonio Méndez Rubio (2022) y varias ediciones críticas, como La lentitud de los bueyes. Memoria de la nieve, de Julio Llamazares (Cátedra, 2024), Entre dos fuegos, de Antonio Sánchez Barbudo (Guillermo Escolar, 2024) o Raimundo Salas Mercadal. Poesía reunida (U. de Zaragoza, 2025).
