”Me gusta pensar que no hay límites en la poesía”. Entrevista a Rosa Berbel

por | Ene 25, 2019

”Me gusta pensar que no hay límites en la poesía”. Entrevista a Rosa Berbel

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Rosa Berbel nació en Estepa (Sevilla) en 1997. Además de ser estudiante del grado de Literaturas Comparadas de la Universidad de Granada, es una de las voces más prometedoras y reveladoras del actual panorama poético. Ha sido ganadora de la IV Edición de Ucopoética 2016 y de la XXI Edición del Premio de Poesía Joven “Antonio Carvajal”. Gracias a este último premio, Berbel ha publicado su primer (y fantástico) poemario Las niñas siempre dicen la verdad (Hiperión, 2018).

Harold Bloom, en La ansiedad de la influencia (1973) afirma lo siguiente: “Los escritores, aun cuando aparentemente expresan percepciones de la realidad o experiencias vitales, están haciendo una referencia velada a textos literarios anteriores”. ¿Qué referencias podemos encontrar en Las niñas siempre dicen la verdad?

Es difícil contestar a esto porque imagino que no tengo la distancia adecuada respecto a lo que hago como para poder reconocer estas trazas. Intento leer todo lo que puedo, y supongo que siempre queda algo, aunque sea un poso. Es cierto que puedo encontrar una cierta familiaridad, en las preguntas y en las obsesiones, con algunas escritoras que he leído mucho en los últimos años: Wislawa Szymborska, Sharon Olds, Sylvia Plath, Blanca Varela, etc. Pero no sé hasta qué punto están presentes. Y luego hay otras poéticas que, aunque me fascinan y las tengo permanentemente en la mesilla, las veo muy alejadas de lo que he escrito hasta ahora. Pienso en Nicanor Parra o José Ángel Valente, por ejemplo.

Escribir es, en ocasiones, obsesión y enfermedad. ¿Qué te obsesiona?

En este libro me ha obsesionado mucho ese límite tan lábil entre la mentira y la verdad, que es un límite que se vuelve aún más lábil, si es posible, en la poesía. Me interesaba trabajar en un territorio (ético y estético) en el que la mentira funcionara como conjetura o epifanía, como mentira circunstancial. Y en este sentido, muchos poemas son un ejercicio de anticipación totalmente deshonesto.

A otros niveles, también hay mucho de obsesiones íntimas y genealógicas: conciencia sobre la feminidad, la perspectiva material de mi generación, la infancia, la familia, etc. 

 

“Me interesaba trabajar en un territorio (ético y estético) en el que la mentira funcionara como conjetura o epifanía, como mentira circunstancial. Y en este sentido, muchos poemas son un ejercicio de anticipación totalmente deshonesto” 

Otro de los temas centrales del libro es la pérdida de la infancia, así como una inmersión absoluta en ella, ¿cómo ha sido regresar a esos lugares?

Me ha interesado sobre todo ver cómo la realidad material del presente (un presente de adultos, bastante árido) también interpela y sacude la infancia. Las niñas que aparecen en mis poemas están sometidas a una violencia terrible, no tanto física, aunque también, como estructural. Aparece una visión muy poco complaciente de la infancia, como un momento sujeto a discusiones, conflictos y ansiedades. Así que, en el libro, el regreso a la infancia es un regreso conclusivo, una decisión consciente de quemar el bosque. Y a la vez, esa vuelta parte de la certeza de que todos los relatos sobre el pasado son mentira, son historias tramposas e interesadas.

Si algo destaca en tu poesía es la absoluta libertad creativa. ¿Dónde cree Rosa Berbel que están los límites de lo poético?

Me gusta pensar que no hay límites en la poesía más allá de los que demanda el poema en su realización. Pero a un nivel abstracto, creo que la poesía es un espacio muy fértil en constante expansión y redefinición, que tiene la potencialidad de integrar con naturalidad todos los discursos y todas las imágenes que la rodean para desdibujarlas y resemantizarlas. 

 

¿Cómo ves el panorama poético actual? ¿Crees que se deberían tender más puentes entre los poetas españoles y latinoamericanos?

Tengo una visión muy optimista del panorama poético actual. Leo con mucha atención y mucho entusiasmo algunas poéticas ultimísimas, que se están escribiendo ahora mismo: Berta García Faet, Erika Martínez, Ángeles Mora o Mercedes Cebrián, por ejemplo. Creo que es un momento excepcional para ser lector de poesía, porque hay una multitud de propuestas muy diferentes, pero igualmente valiosas y estimulantes. Y también hay editoriales, más bien periféricas, que están apostando por una poesía muy incómoda y rupturista. Pienso en Kriller71, que tiene unas ediciones y unas traducciones excelentes, pero también Ultramarinos o Bandaàparte. 

Respecto a la segunda pregunta, siempre me ha interesado mucho la poesía latinoamericana. No podría entender mi poesía o sus derivas sin entender qué supuso para mí leer con 15 años a Vilariño, Pizarnik, Belli o Huidobro, y después a otros poetas latinoamericanos de mi generación. Probablemente no habría escrito nada, o habría escrito algo muy diferente. La poesía en Latinoamérica ha llevado en el siglo XX unos ritmos diferentes a la española, con un nivel muy lúcido de riesgo y de experimentación formal. Ha tenido un desarrollo muy atractivo e interesante, muy disruptivo en general. Así que tender esos puentes es siempre sinónimo de enriquecimiento y aprendizaje.

El cuerpo, como algo ajeno y propio, desconocido y privado, táctil y simbólico, ocupa una parte central del discurso de este libro. De hecho, de un tiempo a esta parte, el cuerpo, con todo lo que encarna, se ha convertido en un tema recurrente en la poesía más joven. ¿Cuál piensas que es el motivo? ¿Cómo concibes el cuerpo desde la propia experiencia poética o viceversa?

Creo que, como dices, hay bastante corporalidad en lo que escribo, y que ciertamente no es algo aislado, sino que entabla un diálogo con otras propuestas de mi generación. No sé bien a qué responde esta tendencia, pero imagino que pasa, en cualquier caso, por esa asimilación del cuerpo como campo de batalla, del cuerpo entendido como un lugar político en el que se revelan el resto de violencias y de hostilidades. En este sentido, una meditación feminista sobre el cuerpo o ese gesto tan mindfulness de “escuchar al cuerpo” están atravesados por la conciencia común de que el cuerpo significa y existe políticamente.

 

“En el libro, el regreso a la infancia es un regreso conclusivo, una decisión consciente de quemar el bosque. Y a la vez, esa vuelta parte de la certeza de que todos los relatos sobre el pasado son mentira, son historias tramposas e interesadas”

Sin embargo, en Las niñas siempre dicen la verdad también hay lugar para mirar hacia adelante, ¿qué hay en tu futuro?

Hay un futuro muy ambiguo y muy desdibujado, porque ahora mismo estoy en un momento vital en el que se me ofrecen casi todas las posibilidades y me cuesta situarme en todas ellas. La segunda parte del libro, Planes de futuro, se sustenta precisamente en esta visión desenfocada y contradictoria del futuro, en toda su potencialidad simbólica. Pero espero que el futuro sea luminoso para todos, y que haya mucha poesía.

 Y, para finalizar, ¿cuál fue tu primera experiencia poética?

Si te refieres al primer poema que escribí, recuerdo uno de cuando era muy pequeña por el Día de Andalucía, el 28 de febrero, una cosa muy patriótica y muy inocente, pero a la que guardo mucho cariño. Pero si te refieres a experiencia poética en un sentido más amplio no sabría decirte. De pequeña aprendía música y suelo vincular ese descubrimiento con el de la poesía, con la conciencia de que el ritmo, en la música y en la poesía, podía tener un poder casi de conjuro, y que en ambos casos remitía a algo mucho más grande. 

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