Un escritor olvidado en el tiempo: Clemente Cimorra y su libro del exilio “El bloqueo del hombre”

por Mar 13, 2024

Un escritor olvidado en el tiempo: Clemente Cimorra y su libro del exilio “El bloqueo del hombre”

por

Como consecuencia de la censura, el ostracismo y el dirigismo cultural impuestos durante el reinado franquista, numerosos escritores con ideología contraria a la del nuevo régimen dictatorial, fueron relegados al margen de la literatura española, especialmente aquellos que se vieron forzados al exilio después de la contienda fratricida de 1939, con el fin de evitar la persecución política, la injusta “inquisición” y, en muchos casos, la muerte. No obstante, cabe señalar que esta exclusión política no implica que sus obras carezcan de valor literario, sino todo lo contrario, ya que son fundamentales para reconstruir y restituir la memoria literaria de este periodo histórico, especialmente en lo relativo a la Guerra Civil, que fue tergiversada e ignorada por los escritores que quedaron en la península debido a la intoxicación informática y la manipulación del régimen franquista. Asimismo, son imprescindibles para trazar un panorama completo de la literatura española del siglo xx, ya que son distintas de las obras escritas en el interior (Larraz, 2010).

Entre estos escritores marginados condenados por el régimen dictatorial, se sitúa Clemente Cimorra (Oviedo, 1900), un periodista y escritor fiel a la causa republicana. Al estallar la Guerra Civil, Cimorra se incorporó inmediatamente a las filas de la Alianza Antifascistas para la Defensa de la Cultura y al Partido Comunista de España (PCE). Llegó a ser redactor de los órganos oficiales de PCE como Nuestra Bandera, Frente Rojo y Mundo Obrero (del que su hermano pequeño, Eusebio Cimorra, era director por entonces). Además, se incorporó voluntariamente a las filas republicanas como soldado y corresponsal de guerra, contribuyendo casi diariamente con las noticias de la frente a los periódicos más influyentes de la época como Estampa, La Voz, El Sol y La Verdad. Posteriormente, sus crónicas periodísticas fueron recopiladas en los siguientes libros: Crónicas de la guerra (1937), España en las trincheras (1938), Héroes del Pirineo español (1938) y Nuestra 43: Así viven y así luchan sus combatientes (1938).

Tras la derrota de la Guerra Civil, Cimorra, al igual que la mayoría de los derrotados que no quisieron rendirse, eligió el exilio como la única solución para salvarse de las represalias del nuevo régimen, con el fin de poder continuar la defensa de la República desde fuera del país. Una vez llegó al país de acogida, Argentina, a finales de 1939, puso enseguida su pluma al servicio de la causa republicana, continuando con las labores políticas y culturales que había dejado en España. Se dedicó, casi sin tregua, a escribir y publicar libros, denunciando la criminalidad del nuevo régimen español y la ola de totalitarismo fascista que se extendía entonces por toda Europa y parte de América, una labor de resistencia que no se permitió hacer en el interior de España. Asimismo, trabajó al mismo tiempo en el campo heterogéneo de la literatura y cultura, para subsistir su vida en Argentina. Allí logró bastante fama como conferenciante de la cultura española y novelista, especialmente con la publicación de sus últimas novelas, Cuatro en la piel de toro (1952) y El caballista (1957), tal como menciona la crítica argentina: “para las letras argentinas es una gran satisfacción que un escritor de la Madre Patria, del talento y la enjundia de Cimorra, haya escrito lo principal y más trascendente de su obra en Buenos Aires” (citada en Casariego, 1989). Sin embargo, en la actualidad, sigue siendo desconocido en España, su tierra natal, dado que sobre él apenas existen trabajos críticos.

En sus obras novelísticas Cimorra siempre aborda temas significativos y propios del exilio como la Guerra Civil, la memoria histórica o el compromiso político. Además de referencias y cuestiones desencadenadas por su problemática situación: la pérdida de identidad, el conflicto entre el deseo de volver y la realidad del imposible retorno, la privación del lector público, la nostalgia atormentada y las reflexiones sobre el carácter contradictorio del ser humano, tales como la libertad y la enajenación, el ser y el deber ser. Todo otorga a su obra literaria un valor testimonial que nos facilita una compresión histórica de un tiempo turbulento de España.

El bloqueo del hombre. Novela del drama español es la primera novela que escribió Clemente Cimorra en su vida profesional como novelista en el exilio. Fue publicada por la editorial Claridad de Argentina en 1940, año en el que recién había llegado al exilio. Es una obra que narra, a grandes rasgos, el proceso de la cruenta guerra civil española desde tres momentos cruciales de la misma como «Antecedentes», «Guerra» y «Derrota», lo que facilita ofrecer una visión global sobre el combate desde la perspectiva de un exiliado que se identifica con los vencidos. Al ser una de las primeras obras que testimonian la Guerra Civil, El bloqueo del hombre tiene una evidente intención de comunicar urgentemente con el lector la especial experiencia vivencial del narrador, tan similar a la suya propia, con el fin de hallar eco entre ellos y buscar un refugio en la literatura; por otro lado, en respuesta de su compromiso político, tiene un claro propósito de denunciar los hechos adulterios del bando enemigo, que se confabula con las potencias internacionales para apropiarse de España, para que los lectores puedan conocer la verdad de la guerra y al mismo tiempo, les exhorta para luchar juntos contra los poderes extranjeros, defender la nación y la independencia de España, con el propósito de volver lo antes posible a su patria. Para ello, Cimorra recurre a recursos periodísticos con los que está familiarizado para facilitar al lector la comprensión directa de acontecimientos de gran envergadura: utiliza un lenguaje sencillo, accesible para un público de lectores comunes, con abundantes referencias costumbristas y populares y lleno de un sentimentalismo melodramático con el propósito de generar la empatía en el lector. Dota a la novela de un ritmo ágil, que permite al escritor trazar de un modo cinematográfico y sintético el panorama más completo y detallado del combate, tanto desde el punto de vista temporal como geográfico, en un espacio limitado de apenas doscientas páginas. Por último, sitúa la historia en un trasfondo histórico real. Para añadir verosimilitud, transcribe textos tomados de panfletos, avisos oficiales, partes bélicos… e invita al lector a presenciar por sí mismo los años más conflictivos y dramáticos de España. Todos estos recursos ayudan al escritor a ofrecer un testimonio fidedigno, conmovedor y contundente, que facilita crear una comunicación entre él y su lector, y ejemplificar en sus personajes su discurso ideológico.

Cimorra, siendo un escritor joven, al escribir su primera novela, se limita a recurrir al modelo literario de Galdós, en este caso el de Doña Perfecta, para reconstruir su propia narración, aspirando a que el lector, sobre todo, de la clase baja, pueda reconocer y entender fácilmente su discurso ideológico. No obstante, esto no excluye la posibilidad de que esta imitación del escritor canario también se debe a su compromiso político, ya que, al llegar al exilio, casi todos los escritores comprometidos con la causa republicana tienen la misión de mantener viva aquella cultura que fue truncada por el régimen franquista. La que consideran como su propia cultura y que les diferenciarían de los que imperaban y permanecieron en la península después de la Guerra Civil, con el fin de mantener viva su identidad en el exilio, así pues, contrarrestar el desarraigo físico. Para ello, resulta necesario seguir “un conjunto de modelos intelectuales, estéticos, históricos y morales con los que instaurar una tradición consensuada y unos mitos fundamentales del imaginario del exilio y de los valores que encarnan” (Larraz, 2018:9-14). Cabe señalar que Galdós es una de aquellas figuras, cuyas obras representan como modelos inspiradores de los escritores exiliados.

Galdós fue un referente para el exilio; no en vano, su obra fue la de un liberal que se enfrentó a través de la literatura contra la reacción, la corrupción y el militarismo; que se diferenció de la abulia contemplativa en que cayeron la mayor parte de escritores de fin de siglo y del esteticismo de la generación que los siguió; y que vinculó su escritura literaria con ideales de regeneración y justicia social. Por eso no es extraño que se celebre la figura intelectual de Galdós, que en su modelo de realismo encuentren inspiración varios escritores exiliados. (Larraz, 2017)

Al igual que el escritor canario, Cimorra sitúa su historia en un pueblo ficticio, Cabezuela de Jara, que sirve como un microcosmos de la sociedad española de los años treinta y divide a los habitantes locales en dos bandos ideológicamente opuestos, representados respectivamente por la maestra del pueblo, Adelaida, una mujer moderna y liberal, y doña Manuela, una latifundista conservadora, religiosa y tradicionalista que odia a sus enemigos con una lógica de negación y aniquilación total de otro. A través de los vaivenes de los habitantes de Cabezuela, se refleja fielmente el espíritu del mundo viejo y recalcitrante que se resiste a aceptar los nuevos cambios, por lo que planifica la sublevación frente a un mundo nuevo y democrático, al que pertenece el propio autor, que intenta desvelar vicios inveterados y, más tarde, se dedica a defender el gobierno legítimo. En este sentido, cabe destacar que la relevancia de El bloqueo del hombre no solo se debe a que el escritor ofrece un panorama detallado sobre el proceso de la guerra en los primeros momentos del exilio, sino también a que el escritor exhibe un estudio antropológico de la sociedad para explicar mejor las causas que ocasionaron la división de España en dos partes enfrentadas que terminaron en la Guerra Civil.

Esta obra ofrece una valiosa oportunidad para conocer los procedimientos narrativos que han puesto en función los escritores frente a su situación del exilio, que en este caso es preservar la tradición de una cultura rota en España y hacer de la literatura un medio de resistencia contra el nuevo régimen, el que los había condenado al exilio. En relación con este último aspecto, cabe señalar que las estrategias narrativas que utilizan los escritores en exilio varían con el paso del tiempo y la situación en la que se encuentran los exiliados, como se evidencia en la obra de Cimorra siguiendo el orden cronológico. Por tanto, considero que sería oportuno mencionar aquí la bibliografía del resto de sus obras novelísticas para que pueda ser consultada por quienes se interesan en los libros relativos al mundo del exilio: Gente sin suelo (Naval, 1940), La simiente (Claridad, 1942), Dock: el medallón de tritones (Mundo Atlántico, 1943), Cuatro en la piel de toro (Helios, 1952), El caballista (Losada, 1957).