Santa Teresa de Jesús, emprendedora y escritora en el siglo XVI

por | Jun 3, 2020

Santa Teresa de Jesús, emprendedora y escritora en el siglo XVI

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Santa Teresa de Jesús (1515-1582) es una de las mujeres más reconocidas a lo largo de la historia. Resulta sorprendente de ella la extensa obra literaria y epistolar que llevó a cabo, teniendo en cuenta las dificultades y trabas que tenían las mujeres en esa época para ejercer su libertad. Además, se caracteriza por ser una gran renovadora y revolucionaria en diversos ámbitos, pues su discurso no solo muestra su faceta religiosa. Por esto, nos interesa profundizar en su figura con el fin de determinar qué repercusión tuvo en el siglo XVI y sigue teniendo en la actualidad y qué factores le permitieron escribir.

Carmelitas Descalzas

Para santa Teresa la muerte de su madre en 1528 es un momento decisivo, pues a partir de este empezará a sentir su vocación religiosa. Sin embargo, no es hasta los años 1533 y 1534 cuando toma la firme decisión de entrar a un convento. Su padre se va a oponer, dado que después de la muerte de su mujer contaba con Teresa para que lo ayudase educando a sus hermanos pequeños. Sin embargo, ella tiene una firme convicción de lo que debe hacer, por ello, el 2 de noviembre de 1535 huye de casa para entrar al monasterio de la Encarnación, en 1536 toma el hábito y en 1537 hace la profesión de votos (Álvarez [ed.], 1998).

Desde el año 1558 hasta el 1560, santa Teresa vivirá diferentes experiencias místicas: hablas místicas, visiones (de Cristo resucitado, del infierno…) y éxtasis. Después de esto, en septiembre de 1560 es cuando decide que ha de formar un monasterio reformado. Aquí inicia su gran labor, que verá su primer fruto el 24 de agosto de 1562 con la inauguración del Carmelo de San José, el cual será el modelo a seguir para el resto de las fundaciones. Desde que toma la firme decisión de esta reforma hasta que consigue proyectarla, santa Teresa ha estado buscando la ayuda económica necesaria para llevarla a cabo, así como el permiso de las autoridades eclesiásticas (Álvarez [ed.], 1998). Por lo que podemos observar que es una mujer emprendedora, tiene en cuenta los factores necesarios para conseguir sus objetivos y posee la capacidad para gestionar todo el proceso administrativo y burocrático; no es solo una monja movida por Dios.

Pero se nos plantea una pregunta: ¿por qué decide emprender esta reforma? No es solo por deseo divino y para poder responder no debemos perder de vista cuál es el origen de la Orden de los Carmelitas. Sus pilares principales: llevar una vida sencilla y de oración en la época de santa Teresa se han perdido. La vida austera ya no se respeta, pues las damas nobles al ingresar en el convento se llevan consigo todos sus lujos. La clausura tampoco es tan rigurosa y, de hecho, los locutorios se transforman en lugares de reunión de la nobleza. Se puede decir que la Orden ha perdido su esencia y Teresa no puede concebirlo, cree que es necesario progresar, y para ello hay que volver a las raíces, recuperar el verdadero espíritu (Martínez Millán, 2015). El papel que para conseguir sus objetivos le toca asumir es complicado, dado que es una mujer, guapa, descendiente de judeoconversos y de cierta nobleza, con intención de cambiar lo establecido, que ya de por sí no gusta, pero además esto no es cualquier cosa, busca revolucionar el modo de vivir el cristianismo por medio de la austeridad. En definitiva, es una contradicción en sí misma a ojos de todo el mundo y costará que la tomen en serio, sin embargo, ella sabe cómo manejar la situación.

La reforma va a evolucionar en dos direcciones. En un primer momento, su objetivo es volver a la vida recogida, contemplativa, ermitaña, de penitencia, pobreza y oración (de ahí el nombre de “carmelitas descalzas”). Esta, después, se combinará con una vida religiosa activa y apostólica, que tiene como fin «convertir a herejes y a infieles» (Martínez Millán, 2015: 444), para ello crea fundaciones. En estas podemos observar cierta estructura empresarial: los monasterios se ayudan económicamente entre ellos y santa Teresa los dirige y toma las decisiones principales, pero cuenta con apoyos en cada sitio que se encargan de un control más directo; en definitiva, una fundación es similar a una sucursal o filial (Rodríguez-San Pedro Bezares, 2016).

Por último, también se ha de tener en cuenta que Teresa es consciente en todo momento de que si quiere que su proyecto vea la luz debe tener cerca a la nobleza castellana, al rey, y contar con su aprobación. Esto no va a ser tarea fácil, pues no podemos olvidar que el pilar principal de su reforma es la austeridad; sin embargo, tiene una habilidad especial para las “relaciones públicas”, pues va a conseguir el apoyo de gobernantes, regidores, letrados, y entabla amistad con nobles (como, por ejemplo, doña Guiomar de Ulloa) (Martínez Millán, 2015).

Obra 

La obra de santa Teresa es muy extensa, lo que se relaciona con su gran capacidad como comunicadora. Su importancia reside en la capacidad para hacer llegar sus ideas a todo el mundo, el tipo de destinatarios a los que se dirige es variado y va aumentando. Por ello, busca la cercanía y sencillez, a pesar de que la temática que aborda resulta complicada. Esto se encuentra en relación con su labor apostólica, pues su mensaje tiene que ser recibido por las personas, y no precisamente las más cultas, por lo que utiliza mecanismos lingüísticos que permitan que los conceptos que se transmiten queden claros (Vega García Luengos, 1997). Su escritura va a girar tanto en torno a la mística como en torno a la propia reforma que ha emprendido y el formato que emplea también va a variar: prosa, poesía, cartas.

Santa Teresa, como mujer que es, necesita permiso o una excusa para escribir. Por ello, no escribe hasta que sus confesores y monjas le recomiendan que debe hacerlo. Así, puede justificarse: es «escritora por obediencia» (Mata Induráin, 2014), obediencia a Dios, a los confesores y a sus monjas; no ejerce su libre voluntad. En realidad, conociendo su habilidad de convicción y persuasión, tan solo aparenta no ejercerla «para no parecer culpable de iniciativa en lanzarse a escribir por cuenta propia sobre semejantes materias» (Villanueva, 1983: 362), porque sabe las consecuencias que conlleva (una muestra más de su inteligencia).

Además, podemos observar que santa Teresa se nos presenta, ella misma lo afirma, como una monja inculta y necia (lo podemos asociar con la captatio benevolentiae). De nuevo, se trata de una técnica que le permite desempeñar el acto de la escritura. Si nos acercamos a su obra, descubrimos su innata curiosidad que le lleva a informarse, leyendo y preguntando a teólogos y otros estudiosos, y esto indudablemente lo manifiesta sin esconderse en su obra (Vega García-Luengos, 1982).

 

Obra literaria

En el panorama literario, podemos encuadrar las obras de santa Teresa en el género prosístico (del siglo XVI) principalmente; también en el poético, aunque, en comparación, puede que haya sido menos relevante. Podemos dividir la prosa en dos secciones. Los libros autobiográficos: Vida, Fundaciones y Relaciones; y obras místicas, de carácter didáctico, sirven como doctrina: Camino de Perfección y Las Moradas (Castillo interior) (Mata Induráin, 2014). En cuanto a sus Poesías, se recogen un conjunto de treinta y un poemas que  se enmarcan esencialmente en la temática mística. Castillo interior es una de las obras más importantes, ya que en ella desarrolla plenamente su perspectiva mística construyendo toda la simbología que le permite explicar las tres vías para llegar hasta Dios: el castillo con las siete moradas en representación de las vías purgativa, la iluminativa y unitiva (Serés, s.f.).

No obstante, además del tema religioso, también se advierte su reivindicación por las mujeres, lo que suponía una apuesta arriesgada para la época:

“[…] se atreve a defender a las mujeres en un párrafo que fue censurado en la primera versión del Camino de Perfección: ‘[…] no hay virtud de mujer que no tengan por sospechosa […].No hablo por mí, que ya tiene conocido el mundo mi ruindad y yo holgado sea pública; sino porque veo los tiempos de manera que no es razón desechar ánimos virtuosos y fuertes, aunque sean de mujeres’ (CE 4, 3)” (Gómez, 2015:135-136).

Además, hemos de apreciar la vocación literaria de Teresa, que desde el principio se advierte, no solo “escribe por Dios”; esto lo evidencia que su primera obra fuese un libro de caballerías, el cual no se ha conservado (Villanueva, 1983).

Cartas

Las cartas de santa Teresa son esenciales, en primer lugar, porque nos descubren su vida más cotidiana; por otro lado, porque son la muestra de las relaciones que mantenía; y, además, porque a través de ellas podemos descubrir su lado más reflexivo e intelectual, entre otros.

En la actualidad, se tiene constancia de cuatrocientas sesenta y ocho cartas, muchas no se han conservado, bien por causa del deterioro o bien porque se han perdido. Igualmente, debemos recordar que su mensaje no era devoción de todos, por los temas que trata, por su condición de mujer o por su condición de judeoconversa, lo que propicia que se destruyesen; en ocasiones incluso ella misma lo va a ordenar (Escribano Hernández, 2015).

En cuanto a los temas que estas tratan vamos a observar que son variados: habla de sus dolencias, visiones, de los asuntos económicos y administrativos de sus fundaciones, etc. A su vez, el grupo de destinatarios es heterogéneo, se dirige a: monjas, familiares, mercaderes, teólogos, clérigos, la nobleza, la familia real… En relación con esto, resulta interesante cómo Teresa maneja el lenguaje en cada una de sus cartas, pues lo adecúa al tema y al destinatario. En la misma línea, es destacable el modo en que trata los temas más comprometidos, pues es consciente de los peligros que supone y por ello, emplea pseudónimos o lenguaje cifrado (Escribano Hernández, 2015).

Estas cartas son la muestra principal de la “tarea empresarial” de santa Teresa, pues recogen todas las órdenes y direcciones que daba a los distintos encargados de cada monasterio, las peticiones de las autorizaciones necesarias para que se funden, etc.  Al mismo tiempo, se puede apreciar cierta intención literaria, pues en ocasiones las cartas no tienen ningún propósito más que el de escribir en sí mismo (Villanueva, 1983).

Repercusión

Santa Teresa ha sido la primera mujer reconocida como doctora de la Iglesia en 1970. Este tipo de reconocimientos son tardíos porque suponen un lento proceso burocrático y los reciben aquellas personas que han creado una comunidad, pues esta permite sustentar dicho reconocimiento y acelerar el proceso. Por ello es tan importante que santa Teresa haya sido la primera mujer en recibirlo, ya que esto significa que el apoyo que tenía era tan evidente que no se podía obviar.

La razón por la que santa Teresa sigue siendo tan reveladora en nuestra actualidad es porque fue una mujer revolucionara para la época. Se hace escuchar, consigue sus propósitos, innova y no cede a las dificultades que se le interponen, sino que las maneja con la suficiente destreza como para que no la perjudiquen. En definitiva, es capaz de lidiar con lo que supone ser mujer, y monja, en el siglo XVI. Además, es una gran movilizadora de información, pues con sus cartas transmite los conocimientos que ya tiene y a su vez recoge aquellos que necesita para sus diferentes labores.

La repercusión de santa Teresa se materializa en los diferentes ámbitos artísticos. En el pictórico podemos encontrar una gran cantidad de cuadros, especialmente de los siglos XVII y XIX. En el panorama literario, no solo se reeditan y traducen las propias obras de santa Teresa, sino que también se elaboran nuevos libros como, por ejemplo, Y de repente, Teresa. También son numerosas las piezas musicales que se han realizado a partir de sus escritos. Por ejemplo, José Nieto compuso la suite sinfónica de El castillo y muchos de sus poemas han sido instrumentados. En cuanto al alcance de su figura en el entorno cinematográfico, podemos comprobar que ha sido una constante en películas y series desde el año 1926 hasta 2015. Podemos destacar algunas como Santa Teresa de Jesús, dirigida por Juan de Orduña en el año 1961, o Teresa, que es la más reciente, dirigida por Jorge Dorado en 2015.

Conclusión

Ejercer la libertad de escribir para la mujer suponía un riesgo, por ello resulta extraordinario que santa Teresa pudiese llevar a cabo una obra literaria tan extensa. A su vez, sorprende el numeroso flujo de cartas que movía y, en especial, el uso del lenguaje cifrado para evitar que fuesen interceptadas. En la misma línea, se puede destacar que la escritura es el medio que tiene santa Teresa para eludir posibles problemas con la Inquisición. El ser mujer, su origen judeoconverso y el hecho de experimentar visiones la ponen en una posición comprometida (pueden acusarla de herejía); no obstante, ponerlo por escrito, como sus confesores la aconsejan, le permite asegurarse cierta protección.

Por otro lado, tampoco hay que olvidar la “hazaña empresarial” de Teresa. Es muy interesante cómo ya en el siglo XVI (una época sin medios técnicos, Internet, transportes, etc.) maneja sus fundaciones con el mismo esquema que puede funcionar una empresa actual. Igualmente, hay que resaltar sus habilidades sociales, pues son muestra de su inteligencia. Santa Teresa trata tanto con la clase baja como con nobles y es capaz de adaptarse a las situaciones para conseguir el apoyo hasta de los más reticentes.

Por último, debemos entender que lógicamente no podemos hablar de feminismo en el siglo XVI y, por tanto, tampoco en santa Teresa. Sin embargo, eso no significa que no rompa con los moldes convencionales y reivindique por la mujer.

Bibliografía

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