La Guerra Civil Española en la Literatura de los años 40: análisis de “La Familia de Pascual Duarte” y “Nada”

por Feb 7, 2024

La Guerra Civil Española en la Literatura de los años 40: análisis de “La Familia de Pascual Duarte” y “Nada”

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Este trabajo va a consistir en el análisis de la presencia de la Guerra Civil española en dos obras publicadas en los años cuarenta del siglo XX: hacemos referencia a Nada, novela de Carmen Laforet publicada en 1945, y La Familia de Pascual Duarte de Camilo José Cela publicada en el exilio en octubre del 1942. El método del que va a partir este trabajo radica en la lectura profunda de las dos novelas y, a partir de ahí, explicar y demostrar algunas hipótesis propias a través de los propios libros. Además de ello, no solamente se va a explicar en este trabajo cuál es la presencia de este conflicto bélico en estos años en las obras de Laforet y Cela, sino que también se va a mostrar cómo y por qué encontramos el influjo de la Guerra Civil en estas dos novelas de los años 40.

1. Objetivos

Los objetivos de este trabajo son los siguientes:
a) Analizar y describir cómo es la presencia de la Guerra Civil española en las dos novelas de posguerra;
b) examinar el comportamiento de los protagonistas de las dos novelas para establecer si coincide la presencia de la Guerra Civil tanto en su forma de actuar como en sus propias ideas;
c) realizar un análisis contrastivo (con semejanzas y comparaciones) entre las dos obras para determinar las diferencias y similitudes de la presencia de la guerra en las dos novelas;
d) demostrar a través de los propios ejemplos de los textos que la Guerra Civil Española está mucho más presente (ya sea de una forma implícita o explícita) en las dos novelas de posguerra;
e) estudiar si realmente la Guerra Civil tiene un eco significativo en las dos novelas o, por el contrario, si la repercusión de este conflicto bélico es mucho menos importante del que realmente se pueda pensar.

2. Contexto histórico y literario de la publicación de las obras

En los dos presentes subapartados de este trabajo, se va a estudiar el periodo histórico y literario que caracteriza la sociedad española de los años 40, ya que se podrá entender cómo se encuentra la influencia de la Guerra Civil en las dos obras de esta época.

2.1) Contexto histórico

En los últimos momentos de la década de 1930, España preconizó el advenimiento de los totalitarismos que asolarían el subcontinente europeo durante los inicios del siguiente decenio. El 1 de abril de 1939, la Guerra Civil Española daba paso a un escenario de posguerra caracterizado por la reconstrucción de la maltrecha economía, por la represión política, acompañada de la desmovilización ideológica del disidente, y por el aislamiento internacional, comenzado con la «cuestión española» de la Conferencia de Potsdam de 1945, que no se revertiría hasta que Franco capitalizara la posición geoestratégica de la Península Ibérica en la lucha contra el comunismo sobrevenida como resultado de la escalada de tensión sufrida a partir de 1947 entre Estados Unidos y la Unión Soviética (Toboso Sánchez, 2019: 107- 139).

La conjunción de las necesidades de reconstrucción y el aislacionismo imperante dieron como resultado una política económica autárquica que repercutió negativamente en las condiciones de vida de la población general. España carecía de las materias primas necesarias y su desarrollo industrial arrastraba años de retraso. Sin embargo, el régimen intentó impulsar la industria española mediante la creación del Instituto Nacional de Industria, un ente público que albergaba diferentes empresas como Iberia. No obstante, el Estado cejó pronto en sus empeños por la falta de rentabilidad de este conglomerado industrial público. De forma paralela, la carestía se extendía hasta los sectores más básicos, como la alimentación. Las cartillas de racionamiento se instauraron como un mecanismo imprescindible para el abastecimiento alimentario que se asignaba por unidades familiares. Sin embargo, las cantidades de racionamiento habilitadas por el Estado quedaron parcas en muchos casos, a partir de la obligación de importantes sectores de la población a recurrir al estraperlo (mercado negro paralelo al oficial en el que los productos cotizaban a precios disparados). El hambre, pues, se convirtió en la tónica de los años 40 para muchas familias españolas (Ibidem: 141-146).

La represión ejercida por la dictadura no solo fue política, sino moral. Desde la Iglesia, se pretendía controlar todos los aspectos de la vida privada de los ciudadanos. Esta se sirvió de su implantación territorial y de sus sacerdotes para imponer las nuevas y conservadoras directrices morales. La participación en los sacramentos era, por supuesto, una exigencia incontestable durante los primeros años de la dictadura. Otro aspecto regulado de la vida cotidiana íntima fue la sexualidad, execrable a excepción de la que tenía una finalidad meramente reproductiva. Las relaciones extramatrimoniales conllevaban el ostracismo social de quienes las practicara, a excepción de una prostitución controlada en burdeles. Estos y otros rigores sufridos por la población fueron canalizados mediante la creación de sindicatos clandestinos, organizaciones políticas y, ya en la década de los 50, revueltas universitarias (Ibidem: 146-154).

En lo que respecta a la cultura, los cuarenta se caracterizan por el oscurantismo y la censura. Muchos de los grandes iconos culturales españoles reconocidos internacionalmente se ven obligados o invitados a abandonar el país. Los que permanecieron en España tuvieron que congraciarse con el régimen escribiendo a su favor o, simplemente, manteniendo un perfil bajo para sortear la censura. Sin embargo, la censura no solo se circunscribió a la creación literaria: la Cadena de Prensa del Movimiento coordinada por la Falange, controlaba numerosas publicaciones de tirada nacional y supervisaba editoriales ajenas como ABC o YA. Asimismo, la dictadura focalizó sus esfuerzos en la configuración de un relato de corte nacionalista que repudiaba el liberalismo y la república y ensalzaba hazañas históricas como el descubrimiento de América. A este discurso, contribuyen intelectuales como Ramiro de Maeztu o Menéndez Pelayo (Ibidem: 154 – 160).

2.2) Contexto literario

Acabada la contienda civil, la literatura propagandística abrió paso, desde el bando vencedor, a las novelas de tesis cuyo único fin era verter sobre el relato de la guerra una perspectiva moralizante, recalcando las hazañas del bando nacional. En este tipo de novelas, la situación social del país queda preterida a un segundo plano. Su éxito se debió más al control del régimen y a la escasez de creaciones literarias que a su calidad y demanda. Llegada la década de 1950, este género decayó abrumado por la llegada de innovadoras tendencias, concretamente, por una estética basada en el realismo social. Algunos de sus máximos representantes son León Felipe, Agustín de Foxá y Benítez de Castro (López Asenjo, 2013).

La disrupción social y económica que provocó el conflicto civil tuvo relevantes afectaciones en torno a la creación literaria de los años de posguerra: la tendencia innovadora fue impulsada por Valle Inclán, Unamuno o Baroja, entre otros y, también, el brutalismo narrativo propio del mal denominado tremendismo de los años 40 parece querer entroncar con los mundos sórdidos recogidos en realismo finisecular del XIX. Sin embargo, ahora los autores se enfrentaban a una férrea censura que tenían que esquivar con diversos recursos retóricos. La conocida generación del 36 fue uno de los principales protagonistas de la literatura de posguerra y algunos de los epígonos de este grupo son Camilo José Cela, Carmen Laforet, Juan Antonio Zunzunegui, Gonzalo Torrente Ballester, Miguel Delibes, José María Gironella y Francisco Pavón (Departament d’Enseyament de la Generalitat de Cataluña).

El conocido tremendismo es una de las tendencias críticas con la sociedad de posguerra. La familia de Pascual Duarte inicia esta corriente en 1942: refleja bien el espíritu tremendista, esto es, una realidad gris y angustiosa impregna toda la narración con su esencia pesimista. En esta tendencia, el narrador suele estar en primera persona, mediante la falsa sensación de que se trata de un relato autobiográfico. El estilo es sencillo y directo, pero no se aleja de las aspiraciones literarias y artísticas de los autores. Los espacios suelen ser pobres rincones de ciudades o recónditos lugares desdichados del campo español, como, puede ser, por ejemplo, Almendralejo en La familia de Pascual Duarte. Los personajes se ven obligados a afrontar una cruda realidad frente a la que solo cabe mostrar una cara violenta: su objetivo es la supervivencia en un mundo marcado por la carestía y la violencia (Ibidem).

De forma paralela a este tremendismo protagonista de los años 40, otras corrientes como el realismo intimista y el existencialismo se presentaron en la Literatura Española de mano de destacados autores como Miguel Delibes y Carmen Laforet. Sus características, en ocasiones, son cercanas a las del tremendismo o comparten rasgos. En Nada, de 1945, Laforet narra la historia de una chica que se traslada a estudiar a Barcelona y se ve envuelta en las historias paralelas que suceden en una ciudad y en una familia en ocasiones sórdidas. En el relato, prima la vivencia personal de Andrea frente a los acontecimientos, que quedan en un segundo plano. Miguel Delibes, por su parte, inaugura el realismo intimista con La sombra del ciprés es alargada en 1947. En ella, se sugieren cuestiones trascendentales íntimas como la resignación religiosa y determinados debates morales. En lo tocante al estilo, puede destacarse la viveza de los diálogos. Esta se cataloga como una novela humano-psicológica (Ibidem).

3. Presencia de la Guerra Civil Española en las obras

En este apartado, se van a realizar algunas descripciones sobre cómo es la presencia de la Guerra Civil en las dos obras y, posteriormente, examinaremos cuál es el significado de todo ello a través de los propios apartados de las obras y del análisis contrastivo entre las dos novelas.

3.1) Presencia en La Familia de Pascual Duarte

Esta obra de Camilo José Cela se centra en narrar en primera persona las experiencias personales de Pascual Duarte en el transcurso de su vida. En ellas, se observan algunos episodios que llevarían a pensar que esta obra tiene bastantes componentes en el discurso de Pascual que recordarían algunos pilares básicos del que estaría construido el régimen del dictador Franco.

El tema de la violencia como fruto de las actitudes machistas y retrógradas del régimen es un motivo muy recurrente en esta novela. Esto se puede observar tras las actitudes que toma Pascual cuando su mujer o su hermana Rosario toman decisiones que van en contra de los deseos del protagonista, tal y como se puede comprobar con el siguiente ejemplo: «¡la mujer que no llora es como la fuente que no mana, que para nada sirve, o como el ave del cielo que no canta, a quien, si Dios quisiera, le caerían las alas, porque a las alimañas falta alguna les hacen!» (Cela, 2021: 21). Ello se puede tomar desde la lectura de que, en definitiva, Pascual es un hombre enfermo que necesita saciar su sed de venganza y de sangre ante el pasado que vivió con sus padres, puesto que una de sus formas de pensamiento refleja que la mujer es un ser débil frente al hombre, como se puede comprobar con el siguiente recuerdo que tiene Pascual en torno a sus progenitores: «cuando se enfurecía, cosa que le ocurría con mayor frecuencia de lo que se necesitaba, nos pegaba a mi madre y a mí las grandes palizas por cualquiera la cosa, palizas que mi madre procuraba devolverle por ver de corregirlo, pero ante las cuales a mí no me quedaba sino resignación dados mis pocos años» (Ibidem: 9).Otro suceso que podría considerar la presencia de la guerra se basa porque ya el propio Pascual se siente orgulloso de que su padre pegara a su madre: «unas veces me alegraba de que zurrase mi padre y otras mi madre, pero nunca hice de esto cuestión de gabinete» (Ídem). De hecho, este pensamiento machista no solamente radica en una generación anterior, ya que el propio Pascual Duarte mantiene esa forma de pensamiento cuando habla, por ejemplo, utilizando el posesivo haciendo referencia a su mujer: «después de haber hecho el honor a los huéspedes, y en cuanto que tuve ocasión para ello, cogí a mi mujer» (Ibidem: 33).

La violencia es un tema muy recurrente en la obra de Cela: el autor querría retratar que la única forma de solución que se daban ante los problemas que surgieran durante la vida solamente podía tener la respuesta con cualquier tipo de agresión física. En otras palabras, estaríamos hablando de que Cela está plasmando que una de las consecuencias provocadas a partir de la Guerra Civil no contaba con el diálogo entre los ciudadanos de España, sino que la pelea entre los individuos es la única respuesta posible en la sociedad española de posguerra, como se puede comprobar con las siguientes palabras de Pascual: «a mí me ganaba por la palabra, pero si hubiéramos acabado por llegar a las manos le juro a usted por mis muertos que lo mataba antes de que me tocase un pelo» (Ibidem: 16). Tanto es el peso que posee el tema de la violencia arraigado de la Guerra Civil que incluso el autor muestra que ella se utiliza para asesinar a aquellas personas con las que no se comparte la misma opinión: “me fui hacia él y, antes de darle tiempo a ponerse en facha, le arreé tres navajazos que lo dejé como temblando» (Ibidem: 37), de manera que si extrapolamos esta cuestión, esto es un aspecto recurrente dentro del conflicto bélico, dado que el régimen asesinaba a toda persona que no mantenía sus mismos ideales, como, puede ser el caso, del poeta y dramaturgo Federico García Lorca, ejecutado por el bando franquista el 18 de agosto 1936 por el simple hecho de ser homosexual (Rodríguez Sojo, 2018). La violencia, por tanto, es un motivo muy significativo en la obra, pues provoca en el protagonista una obsesión, como se puede comprobar con las propias palabras de Pascual: «se me ocurren estos pensamientos porque si cuando el aborto de Lola y las cuchilladas de Zacarías creí desfallecer de la nostalgia, no por otra cosa era — ¡bien es cierto!— sino porque aún no sospechaba en lo que había de parar» (Cela, 2021: 46).

A continuación, se muestran unas palabras de Pascual que pondrían en relación directa el discurso del odio con respecto la presencia de la guerra en la obra de Cela y, también, de la misma manera, cuáles fueron sus consecuencias (Ibidem: 51):

Se mata sin pensar, bien probado lo tengo; a veces, sin querer. Se odia, se odia intensamente, ferozmente, y se abre la navaja, y con ella bien abierta se llega, descalzo, hasta la cama donde duerme el enemigo.[…]. Uno lo mira; lo oye respirar; no se mueve, está quieto como si nada fuera a pasar. Como la alcoba es vieja, los muebles nos asustan con su crujir que puede despertarlo, que a lo mejor había de precipitar las puñaladas […].

Este monólogo muestra que realmente una de las bases del régimen del dictador Franco es el odio a toda persona que no comparte sus mismas ideas y que, además de ello, si no se piensa como sustentaban los principios de la dictadura, el resultado provocado es su asesinato.

No cabe olvidarse tampoco de que a Pascual le es indiferente que una persona vaya a ser asesinada por sus propias manos, ya que parece que disfrutar de ello, ya que provoca una incomprensión por la víctima, tal y como ocurría en el régimen del dictador y como se puede comprobar a través de sus propias palabras: «lo mejor era dejarla llorar, llorar largamente, hasta caer rendida, con los nervios destrozados, pero ya más tranquila, como más razonable» (Ibidem: 62). El propio protagonista de la historia, por tanto, reflexiona sobre el hecho de que no se siente culpable por todas las locuras y asesinatos que provoca, lo cual, de nuevo, puede ser extrapolable a la guerra (Ibidem: 83):

La conciencia no me remordería; no habría motivo. La conciencia sólo remuerde de las injusticias cometidas: de apalear un niño, de derribar una golondrina… Pero de aquellos actos a los que nos conduce el odio, a los que vamos como adormecidos por una idea que nos obsesiona, no tenemos que arrepentirnos jamás.

Una vez descritos algunos modelos que podrían considerarse como alusiones a la Guerra Civil, cabría preguntarse si realmente este conflicto bélico tiene una importancia poco relevante o, si por el contrario, la guerra posee un papel significativo en la novela. Con la muestra de estos ejemplos, se piensa que, efectivamente, este conflicto bélico se encuentra de una forma muy sobresaliente en esta novela, puesto que el autor querría reflejar cómo se estaba convirtiendo la sociedad española de los años cuarenta a través de las descripciones sórdidas sobre el comportamiento de un individuo cuya ideología está arraigada de la generación franquista. Además de ello, el influjo de la guerra es muy importante dentro de la novela a raíz de los comportamientos violentos que adopta el protagonista, tal y como nos cuenta él mismo a través de sus memorias, sino también por muchos de los discursos, heredados todos ellos de algunos de los pilares más primigenios del régimen de Franco, relacionados con el odio o con la fuerza que posee religión cristiana como dogma de fe: «juraba que nos había de matar a todos, y tal fuego había en su mirar, que por seguro lo tengo que lo hubiera hecho si Dios lo hubiera permitido» (Ibidem: 18).

3.2) Presencia en Nada

La Guerra Civil no se muestra en esta novela como el resultado obtenido entre la confrontación entre los vencedores y los vencidos, puesto que su presencia la hallamos a través de los mensajes implícitos de algunos de los familiares de la protagonista: por un lado, el tío de Andrea casado con Gloria, Juan, sería un ejemplo de algunas de las ideologías que caracterizan al régimen, ya que él podría ser considerado como el autoritarismo caracterizador de la dictadura mediante las actitudes tanto psicológicas como físicas que tiene que con la mayoría de la gente que le rodea (aunque, con más exactitud, con las mujeres y con sus familiares más cercanos), lo cual puede ser demostrado a través de sus propias palabras: «—¡Si no te callas, te estrangulo! ¡Cochina!» (Laforet, 2021: 166) o «pues te vas a tener que aguantar, ¡sinvergüenza!, y cualquier día te mataré como te vuelvas a meter con mis cuadros… Mis cuadros desde hoy no los venderá nadie más que yo… ¿Entiendes? ¿Entiendes lo que te digo? ¡Como te vuelvas a meter en el estudio te abriré la cabeza. Prefiero que se muera de hambre todo dios a…» (Ibidem: 201); por otro lado, la tía de Andrea, Angustias, podría ser considerada como una reminiscencia propia de la Guerra Civil española, ya que ella podría llegar a representar la forma de pensar de la represión, de la ideología machista o del control caracterizador proveniente del franquismo, como se puede apreciar en las propias palabras del personaje: «pero es verdad que solo hay dos caminos para la mujer. Dos únicos caminos honrosos… Yo he escogido el mío, y estoy orgullosa de ello. He procedido como una hija de mi familia debía hacer» (Ibidem: 171).

Sin embargo, no todos los mensajes que encontramos sobre la Guerra Civil en la obra de Laforet se representa mediante una forma implícita, sino también explícitamente. Aunque son muchos los momentos en los que es el propio carácter del personaje es el que ayuda a percibir esos pensamientos propios de las mentalidades franquistas, hay referencias directas sobre el problema que ha causado la guerra en las mentes de los familiares de Andrea, tal y como se observa cuando la tía de la protagonista le confiesa a su sobrina que su abuela y sus tíos podrán estar perjudicados por culpa de las experiencias que vivieron durante la guerra (Ibidem: 97):

«Tengo que advertirte algunas cosas. Si no me doliera hablar mal de mis hermanos, te diría que después de la guerra han quedado un poco mal de los nervios… Sufrieron mucho los dos, hija mía, y con ellos sufrió mi corazón… Me lo pagan con ingratitudes, pero yo les perdono y rezo a Dios por ellos. Sin embargo, tengo que ponerte en guardia…».

Angustias solo ha sido un ejemplo de que las referencias al conflicto están muy presentes, puesto que, entre otros fragmentos de la novela, Gloria habla directamente de cómo vivió en primera línea de guerra la caída de bombas cuando ella estaba a punto de alumbrar a su hijo: «mi niño nació cuando entraron los nacionales. Angustias me llevó a una clínica y me dejó allí… Era una noche de bombardeos terribles. […]. No sé cómo el niño pudo vivir. Cuando terminó la guerra aún estaba yo en la cama y pasaba los días atontada sin fuerzas para poder moverme […]» (Ibidem: 123).

La violencia es un recurso propio arraigado del régimen y cuyo reflejo se aprecia en esta novela. De hecho, a pesar de que Andrea es la gran perjudicada en lo que se relaciona en este tema (ella es el personaje que soporta tanto las amenazas y los insultos de su propia familia como los daños psicológicos de toda la gente con la que está rodeada), el resto de los personajes experimentan este dolor provocado por las diferentes maneras en las que se manifiesta la violencia. Fundamentalmente, se encuentran la violencia física y psicológica: en lo que respecta a la primera, se observa a través de las discusiones que mantienen la mayoría de los miembros de la familia de Andrea, ya que mantienen disputas permanentes entre ellos mismos; no obstante, Gloria es el personaje que sufre con mayor intensidad la violencia física a causa de los ataques de cólera provocados por su marido: «Juan cogió el jarro del agua y trató de tirárselo encima cuando ella [Gloria] intentaba levantarse. Esta vez hubo cristales rotos, aunque no tuvo puntería […]. Ella se sentó también, palpándose la nuca, dolorida por el golpe» (Ibidem: 312) o, también, del mismo modo, entre las constantes peleas que mantenían Angustias y Juan: «Juan intentaba golpear con una silla la cabeza de Angustias y ella había cogido otra como escudo y daba saltos para defenderse» (Ibidem: 142). En lo que respecta a la psicológica, este es el tipo de violencia no está tan ligada con el régimen, aunque su presencia a lo largo de la novela es constante, puesto que los insultos, las ironías, las humillaciones, los chantajes emocionales o las amenazas constituyen piezas fundamentales en torno a este tipo de violencia: «—¿Las sobrinas corrientes? ¿Es que tú te consideras sobrina extraordinaria…? ¡Vamos, Andrea! ¡Mírame!… ¡Tonta! A las sobrinas de todas clases les suelen tener sin cuidado los tíos» (Ibidem: 158).

Una vez argumentados los motivos por los que se podría considerar que la Guerra Civil está arraigada en la novela de Laforet, cabría preguntarse si el eco es lo suficientemente evidente como para poder hablar propiamente de que el tema de la guerra está lo totalmente justificado. Se piensa que, efectivamente, la Guerra Civil está lo razonablemente presente como para establecer que esta novela tiene un fin crítico o de denuncia con respecto este tema, pero sin olvidar los componentes existencialistas que la caracterizan. El hecho de que se encuentren más mensajes implícitos que explícitos en la obra no quiere indicar que el objeto de denuncia de Laforet sea menor que otro, más bien al contrario, puesto que debemos tener en cuenta que la censura y la represión política estaba todavía muy activa en la sociedad española de los años 40. Por ello, que los mensajes más destacados sean los implícitos no contrapone que ellos estén explicados de esta forma como esquivo al régimen y a los censores de estos momentos de la historia de España y, por tanto, podríamos ser la única forma que tiene la autora de intentar desafiar la dictadura de Franco.

El eco que la autora querría mostrar sobre la guerra se puede comprobar con la poca relevancia que poseen los personajes femeninos dentro de la obra de Laforet, puesto que, por ejemplo, ellas son las únicas que deben encargarse del cuidado de los bebés o de los niños pequeños de la casa, como ocurre, con la mujer de Juan: «cuando llegué a nuestro piso de la calle de Aribau, Gloria, [estaba] sonando los mocos a su niño, me pareció un ser infinitamente vulgar» (Ibidem: 133) o, en su defecto, una criada, la cual es la responsable de llevar a cabo las tareas del hogar: «llegó Antonia para poner la mesa. En el centro, como si fueran flores, colocó un plato grande con turrón» (Ibidem: 145), de manera que esto se podría considerar como una forma sutil que tiene Laforet para manifestar que las mentalidades del régimen están todavía muy presentes en la sociedad española de los 40.

3.3) Semejanzas y diferencias de la presencia de la Guerra Civil en las dos obras

Este apartado va a consistir en la realización de un análisis contrastivo (con semejanzas y comparaciones) entre las dos obras para determinar las diferencias y similitudes de la presencia de la guerra en las dos novelas.

3.3.1) Semejanzas de la presencia de la Guerra Civil en las dos obras

A pesar de que el tratamiento de la Guerra Civil en La Familia de Pascual Duarte y Nada puede parecer relativamente, ambas obras guardan estrechas relaciones para justificar el daño que se ha producido en la sociedad española de los años 40.

Las dos novelas se centran en narrar las vidas de los personajes, en la gran mayoría de las ocasiones, en primera persona (concretamente, en las dos novelas este tipo de narrador es homodiegético extradiegético): «cuando el señor Rafael acabó por marcharse, mi madre recogió a Mario, lo acunó en el regazo y le estuvo lamiendo la herida toda la noche, como una perra parida a los cachorros; el chiquillo se dejaba querer y sonreía… Se quedó dormidito y en sus labios quedaba aún la señal de que había sonreído» (Cela, 2021 20), y, por otro lado, en la obra de Laforet: «pues no me gusta fumar. En el pueblo lo hacía expresamente para molestar a Isabel, sin ningún otro motivo. Para escandalizarla, para que me dejara venir a Barcelona, por imposible» (Laforet, 2021: 109).

El tema de la violencia física arraigada del régimen es muy recurrente, pues, por ejemplo, Pascual recurre a ella en la mayoría de las decisiones para solucionar los problemas que le surgen en su día a día: «me fui hacia él y, antes de darle tiempo a ponerse en facha, le arreé tres navajazos que lo dejé como temblando. Cuando se lo llevaban, camino de la botica de don Raimundo, le iba manando la sangre como de un manantial…» (Cela, 2021 37). No obstante, esto sucede en la obra de Laforet con algunos de los familiares masculinos más cercanos de Andrea (nos referimos a Juan o Román): «Juan cogió el jarro del agua y trató de tirárselo encima cuando ella intentaba levantarse. Esta vez hubo cristales rotos, aunque no tuvo puntería. El jarro se rompió contra la pared. Uno de los trozos hirió, al saltar, la mano del niño, que sentado en su silla alta lo miraba todo con sus ojos redondos y serios» (Laforet, 2021: 109). En las dos obras, por tanto, los que manifiestan este tipo violencia física son los personajes masculinos, aunque, en algunas ocasiones, en la obra de Laforet las mujeres también la pueden llegar a emplear (fundamentalmente, en los personajes de Angustias o Gloria): «Juan intentaba golpear con una silla la cabeza de Angustias y ella había cogido otra como escudo y daba saltos para defenderse» (Ibidem, p. 142).

Un dato significativo con respecto a la presencia de la Guerra Civil entre las dos novelas es que ninguna de las dos esconden el tratamiento del conflicto de una forma explícita, como se puede comprobar a través de las siguientes citas de las dos obras: por un lado, en La Familia de Pascual Duarte: «desde luego, parece descartado que salió de presidio antes de empezar la guerra. Sobre lo que no hay manera humana de averiguar nada es sobre su actuación durante los quince días de revolución que pasaron sobre su pueblo» (Cela, 2021: 86) y, por otro lado, en Nada «ya sé que has hecho parte de tu bachillerato en un colegio de monjas y que has permanecido allí durante casi toda la guerra. Eso, para mí, es una garantía. Pero… esos dos años junto a tu prima —la familia de tu padre ha sido siempre muy rara—, en el ambiente de un pueblo pequeño» (Laforet, 2021: 94). En otras palabras, en las dos novelas, el tema de la guerra se habla como un suceso reciente, y no como un eco lejano que los personajes hayan borrado de su memoria.

Los mensajes implícitos sobre la Guerra Civil son mucho más importantes en proporción que los explícitos: esto se puede entender si se tiene en cuenta, tal y como aclara José –Mainer (2019: 608), que «la novela no había sido un género muy cultivado en los años anteriores a la guerra pero ahora cobró un notable auge sobre la catástrofe que quedaba atrás» y que, en este momento, la censura y el aislamiento político seguían siendo dos cuestiones muy presentes en la sociedad española de los años 40. Por ejemplo, en la obra de Cela: «desde aquel día siempre que veía a don Manuel lo saludaba y le besaba la mano, pero cuando me casé hubo de decirme mi mujer que parecía marica haciendo tales cosas y, claro es, ya no pude saludarlo más […]» (Cela, 2021: 18) y, por otro lado, en la obra de Laforet en las palabras de Angustias: «pero es verdad que solo hay dos caminos para la mujer. Dos únicos caminos honrosos… Yo he escogido el mío, y estoy orgullosa de ello» (Laforet, 2021: 197).

Para terminar, el poder de los personajes masculinos en estas dos obras es más importante, en contraste con los femeninos. Por ejemplo, en las dos novelas, se trata a las mujeres como a personas que deben encargarse o bien de las tareas del hogar o del cuidado de los niños, mientras que los hombres se dedican a trabajar fuera del hogar sin tener en cuenta el cuidado de las tareas domésticas. Esto se puede comprobar a través de la novela de Cela: «la limpió bien limpiada con agua de romero la señora Engracia, que otra cosa pudiera ser que no, pero asistenta de los desgraciados sí lo era; la envolvió de nuevo en las tiras que libraron menos» (Cela, 2021: 12).

3.3.2) Diferencias de la presencia de la Guerra Civil en las dos obras

La diferencia más evidente que se percibe tras la lectura es el tratamiento que le da cada autor a cada uno de los personajes: Pascual Duarte podría concebirse como una persona enferma que ha heredado las mentalidades retrógradas del régimen de la generación anterior y, que además, necesita curarse de todos los daños que ha causado no solamente a la sociedad, sino también a sí mismo. Esta idea la podemos comprobar a través de las siguientes palabras: «presenta, en cambio, la ventaja de evitar el que recaiga la vista en intimidades incluso repugnantes, sobre las que —repito— me pareció más conveniente la poda que el pulido. El personaje […] es un modelo de conductas; un modelo no para imitarlo, sino para huirlo» (Ibidem: 12). No obstante, en el caso de Andrea, a ella se le puede considerar como un ente arrojado a la casa de unos familiares parcialmente desconocidos y como el personaje que debe sufrir algunas ideologías relacionadas con el régimen por la culpa de algunos de sus tíos (Angustias, Román y Angustias): «el día de Navidad me envolvieron en uno de sus escándalos; y quizá porque hasta entonces solía estar yo apartada de ellos me hizo éste más impresión que otro alguno. O quizá por el extraño estado de ánimo en que me dejó respecto a mi tío Román, al que no tuve más remedio que empezar a ver bajo un aspecto desagradable en extremo» (Laforet, 2021: 138). Pascual encarnaría, por tanto, el personaje que representa más propiamente la esencia de las mentalidades del franquismo, mientras que Andrea sufre los daños arraigados de su familia cuyas mentalidades provienen, la mayoría de ellas, de la dictadura.

En cuanto al comportamiento de los personajes con respecto a la guerra, Pascual se podría representar como una persona que, en definitiva, posee ideas propias del régimen, que pueden ser examinadas a través de algunos de sus mensajes de odio, de machismo, de crueldad o de homofobia que se han ido mostrando a lo largo del presente trabajo. En contraposición, Andrea se podría definir por ser un personaje débil, que desconoce por qué ha llegado a la casa de la calle Aribau y, casi, se podría incluso observar que sin la capacidad de tomar decisiones por sí misma. En otras palabras, la diferencia fundamental entre estos dos personajes es el hecho de Pascual es un personaje cuyas líneas de pensamiento provienen de una generación anterior y que, además, se encarga de reproducir, mientras que Andrea es un personaje cuyos pensamientos fundamentales radican en no saber cuál es el motivo de su existencia.

A pesar de que los mensajes en ambas novelas son tantos explícitos e implícitos, en la obra de Laforet, la presencia de la guerra en los testimonios implícitos gira en torno a la psicología de los familiares de Andrea, y no en la propia protagonista, como se puede comprobar con las siguientes palabras de Angustias aludiendo a la ideología machista del franquismo: «aun Gloria tiene más disculpas que tú en sus ansias de emancipación y desorden. Ella es una golfilla de la calle, mientras que tú has recibido una educación…, y no te disculpes con tu curiosidad de conocer Barcelona. Barcelona te la he enseñado» (Ibidem: 161). En contraste, los mensajes implícitos de la guerra en la obra de Cela los relata el propio Pascual y, gracias a ellos, observamos que su mentalidad está más ligada al régimen: «pero no se puede matar así; es de asesinos. Y uno piensa volver sobre sus pasos, desandar lo ya andado… No; no es posible. Todo está muy pensado; es un instante, un corto instante y después…» (Cela, 2021: 51).

En las dos novelas, no se representa la lucha entre vencedores y vencidos, sino que cada una de ellas hablan desde su perspectiva propia: Pascual trata el tema de la guerra como un personaje relacionado con las mentalidades del régimen, mientras que Andrea y su familia como unos personajes en los que la guerra ha desembocado tanto en una locura constante en su comportamiento como el de unas bajas capacidades económicas (pues Andrea debía hacerse responsable de los gastos del alquiler de su habitación al poco tiempo tras llegar a la casa de Barcelona). Todo ello se puede comprobar a través de las propias palabras de los protagonistas: por un lado, en la obra de Cela (Ibidem: 81):

Empezamos a sentir el odio que nos mata; ya no aguantamos el mirar; nos duele la conciencia, pero, ¡no importa!, ¡más vale que duela! […]. El enemigo nota nuestro anhelo, pero está confiado; el instinto no miente. La desgracia es alegre, acogedora, y el más tierno sentir gozamos en hacerlo arrastrar sobre la plaza inmensa de vidrios que va siendo ya nuestra alma

Por otro lado, en la novela de Laforet: «yo no tenía dinero para una taza de café. Tampoco lo tenía para pagar el tranvía —si alguna vez podía burlar la vigilancia de Angustias y salía con mi amiga a dar un paseo— ni para comprar castañas calientes a la hora del sol» (Laforet, 2021:139).

Para acabar este apartado, se debe poner el énfasis en los tipos de violencias en las dos obras. En la novela de Cela, la violencia física es la predominante y, además, Pascual no recurre a la violencia psicológica como alusión a la Guerra Civil, puesto que únicamente alude a la física para llevar a cabo sus cometidos: «el Estirao, haciendo un esfuerzo supremo, intentó echarme a un lado. Lo sujeté del cuello y lo hundí contra el suelo» (Cela, 2021: 68). En contraposición, en la novela de Laforet, la violencia psicológica es la más dominante en la novela, pues, aunque esta se representa, en mayor medida, mediante las discusiones que tienen los miembros de la familia de Andrea, las amenazas, los insultos, las ironías y los chantajes emocionales parece que, en realidad y en proporción, es el tipo de violencia que más daña a la protagonista, lo cual puede ser comprobado a través de estas palabras de Andrea cuando pensaba que su mejor amiga de la universidad, Ena, se había enfadado con ella: «así, en cuanto terminó la clase de aquel día me escabullí fuera de la universidad y corrí a mi casa como si hubiera hecho algo malo […]» (Laforet, 2021:133).

4. Conclusiones

Este trabajo ha consistido en la explicación sobre la presencia de la Guerra Civil española en las obras La Familia de Pascual Duarte de Camilo José Cela y Nada de Carmen Laforet publicadas en los años 40 del siglo XX. Gracias a este estudio, se ha podido comprobar que la guerra en estos textos de este periodo no es una cuestión vana, sino más bien al contrario, ya que la guerra es uno de los principales hilos argumentales de cada una de estas obras (ya sea mostrado de una forma implícita o explícita).

Con respecto a la novela de Cela, la presencia de la guerra se explica por las palabras del propio protagonista de la historia. Pascual podría ser la reencarnación de los principios ideológicos más primigenios del régimen de Franco, pues sus comportamientos y actitudes son la clara muestra de ello. Por ejemplo, esto se puede demostrar a través de algunos de los discursos del protagonista en los que Pascual alude al odio, al machismo, a la violencia física o, incluso, a la falta de conciencia con respecto a los daños realizados al prójimo, lo cual podría coincidir, en gran medida, si se extrapola estas acciones narrativas a algunos acontecimientos realizados por el régimen del dictador Franco.

En lo que se refiere a la obra de Laforet, la Guerra Civil Española está muy presente en la novela. En esta, la protagonista, en contraposición con la de Cela, es un sujeto arrojado en un mundo completamente nuevo para ella en el que tiene que convivir con unos familiares que parecen haber absorbido (en gran medida, los masculinos) algunos de los principios básicos del régimen y que, además, los ejecutan mediante la violencia física y psicológica. En otras palabras, Andrea es un personaje que tiene que convivir con una familia en la que la guerra les ha provocado unas conductas cuyo resultado en la protagonista desemboca en las cuestiones sobre el sentido de la vida. Todo ello llevaría, por tanto, a catalogar esta obra de Carmen Laforet como una obra feísta, pero con la finalidad de denunciar no solo los problemas más importantes de la sociedad española de posguerra, sino también los daños que ha provocado la guerra en la vida de las personas que estaban en contra de los principios del régimen.

Este trabajo ha demostrado que la Guerra Civil es unos de los principales temas de estas novelas de los años 40. De hecho, la guerra es, quizás, uno de los componentes principales en estas novelas, pero empleados para transmitir su eco con sonidos distintos. Aunque la realidad que muestran ambos espejos es la misma a partir de las críticas por medio de los mensajes implícitos y explícitos, el fin último de estas novelas reside en explicar no solo que la guerra ha provocado una devastación en la sociedad española, sino también el nacimiento de sujetos como Pascual Duarte o personajes como Angustias o Juan cuya locura radica por haber vivido y visto sucesos que nunca olvidarán de su memoria.

 

5. Fuentes primarias y referencias bibliográficas

5.1) Fuentes primarias

CELA, C.J, (2021), La Familia de Pascual Duarte. Extraído de: [http://www.suneo.mx/literatura/subidas/Camilo%20Jos%C3%A9%20Cela%20%20La%20Familia%20de%20Pascual%20Duarte.pdf]. [Fecha de consulta: 06/02/2022].

LAFORET, C. (2021), Nada, Barcelona, Austral.

5.2) Referencias bibliográficas

ALVAR, Carlos., MAINER, José Carlos y NAVARRO, Rosa (2019). Breve historia de la literatura española. Madrid: Alianza editorial, p.608.

Anónimo, Biografía de Carmen Laforet, (n.p.). Extraído de: [https://carmenlaforet.com/biografia/] [Fecha de consulta: 06/02/2022].

Departament d’Enseyament de la Generalitat de Cataluña, La novela de posguerra (años 40-50 del siglo XX). URL: https://educaciodigital.cat/ioc-batx/moodle/pluginfile.php/15042/mod_page/content/16/temas/Q2/novela_posguerra.pdf [Fecha de consulta: 06/02/2022].

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LÓPEZ ANSEJO, M. (2013). “Novela de los años 40 y 50” en MasterLengua, (2013), URL: https://masterlengua.com/novela-de-los-anos-40-y-50/ [Fecha de consulta: 06/02/2022].

RODRÍGUEZ SOJO, J. (2018), ¿Cómo murió Federico García Lorca? Así mataron al poeta por «socialista, masón y homosexual», en El Confidencial. https://www.elconfidencial.com/cultura/2018-06-05/federico-garcia-lorca-muerte-ultimos-dias_1574152/ [Fecha de consulta: 06/02/2022].

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