Deseo y arrojo. “Saltburn” de Emerald Fennell

por Ene 17, 2024

Deseo y arrojo. “Saltburn” de Emerald Fennell

por

Saltburn

Dirección: Emerald Fennel

Reparto: Barry Keoghan, Jacob Elordi, Rosamund Pike, Richard E. Grant, Alison Oliver, Archie Madekwe

Duración: 127 min.

Estrenada en Estados Unidos el 17 de noviembre, Saltburn, el segundo largometraje de Emerald Fennel (1985, Hammersmith), a la que muchos reconocerán por su papel de Camila en The Crown, llegó a España el pasado 22 de diciembre a través de la plataforma Amazon Prime Video. La película narra la historia de Oliver Quick, un joven recién llegado a la Universidad de Oxford. Desde las primeras escenas ya podemos adivinar el destino depara en la Universidad a alguien como Oliver. Estudioso, formal y de aspecto anodino, el joven Oliver no es, sin embargo, lo que parece. En el otro extremo del espectro social se sitúa Felix Catton, un aristócrata carismático, atractivo y magnético con el que Oliver entablará amistad de forma casual (¿o no?) debido a un accidente de bici. Así, la amistad entre ambos se irá estrechando, algo que se presenta al espectador a través de una sucesión de escenas encadenadas, de tono íntimo y cautivador, hasta que Oliver recibe una invitación para pasar el verano en Saltburn, la histórica casa de la familia Catton.

La trama recuerda a la Teorema de Pasolini (1922, Santo Stefano) en el tratamiento de la moral burguesa o la fascinación concentrada en la figura del outsider, así como a la aclamada Parásitos de Bong Jon-hoo (1969, Bongdeok-dong) por su aproximación a las relaciones de poder, el reparto del privilegio y la pregunta de quiénes son los verdaderos parásitos. Subrayada por una puesta en escena seductora y una ambientación onírica, que alcanza su culmen en la escena en la que se celebra la fiesta inspirada en El sueño de una noche de verano, la película de Fennel va más allá, explorando la cuestión de si ciertas clases tienen depredadores naturales, quién tiene derecho al placer y a la belleza y por qué nos sentimos atraídos por determinadas miserias. Resulta interesante que esta atracción por lo miserable funcione en ambas direcciones, desde la óptica esnob y caritativa de los Catton, que sienten por Oliver una compasión trágica, pero también por parte de Oliver, cuya atracción hacia la noble familia pasa por ser una mera fascinación atolondrada, pero hunde sus raíces en algo más retorcido. Destaca la capacidad de Fennel para representar la ambigüedad de la relación con nuestro propio deseo, que puede consumirnos y llevarnos a extremos, así como representar todo aquello que, en apariencia, rechazamos. La mencionada cuestión de quién tiene derecho a disfrutar del privilegio se hace patente a medida que avanza la película y vemos a Oliver más cómodo en su nuevo entorno. El filme destaca en su capacidad para provocar sorpresa en el espectador ante cada avance de Oliver, que va ganando terreno interacción a interacción. Por otro lado, también está presente el deseo, carnal y desgarrador, puesto de relieve por los planos cortos que permiten distinguir hasta los poros de la piel, y por la representación explícita del anhelo insatisfecho al que hay que dar salida.

La película, una de las más anticipadas del año, no suscita indiferencia en el espectador. Una larga lista de escenas memorables y provocativas, ambientación oscura y personal con toques new age, que a ratos asemeja una fashion film, una banda sonora bien elegida y repleta de temas icónicos, interpretaciones impecables por parte de todo el reparto, filmación en analógico con relación 4:3 y la colaboración del director de fotografía Linus Sandgren… Saltburn tiene todos los ingredientes para agradar a un público objetivo (joven, irónico, que quizá incluso se defina a sí mismo como cinéfilo), sin embargo, no llega a ser una gran revelación. Como comedia negra, cumple su función con nota, también como producto audiovisual, pues es bella y placentera de mirar, y plantea cuestiones interesantes, abre grietas. Sin embargo, hay algo que no acaba de cuajar. Quizá sea el modo en están escritos los personajes, bien perfilados, pero con una profundidad psicológica insuficiente para las cuestiones que plantea la película ; o la sobrexplicación de algunas partes de la trama. A pesar de ello, no cabe duda de que el espectador disfrutará viéndola, con su humor oscuro, su narrativa segura y la belleza milimétrica de sus escenas y personajes. En resumen, Saltburn es una comedia negra divertida y sorprendente, muy disfrutable, aunque no llegue a la categoría de obra maestra.