Teatro y filosofía: la elipse como método de pensamiento

por Ene 15, 2024

Teatro y filosofía: la elipse como método de pensamiento

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Juan Mayorga se imagina una elipse flotando en mitad de la clase. Se levanta, mira al frente y dibuja con su dedo índice una circunferencia seguida de cuatro rectas en el espacio. ¿Lo veis?, pregunta con la esperanza de que nuestra respuesta sea afirmativa. Es difícil no verlo porque Juan Mayorga tiene la capacidad de hacerte imaginar cualquier cosa: “escribir es pintar con las palabras”. Ese preciso instante constituye el origen de mi investigación. La elipse ha sido desde el inicio la protagonista de mi trabajo, por ello pido a aquel o aquella que se encuentre al otro lado de la pantalla que tenga presente esta figura en el transcurso de la lectura de este breve texto. La elipse, como nos enseña Mayorga, permite el rodeo como método de pensamiento: observar un objeto como foco de la elipse abre un campo de posibilidades mayor que hacerlo trazando a su alrededor una circunferencia. Así, desde el principio mi investigación se ha alejado de la normatividad de la filosofía para acercarse a las posibilidades que ella misma ofrece desde la subjetividad de otras miradas que, como la mía, observan desde una tangente. Pero no piense que estas palabras me sirven de escusa, nada más lejos de la realidad, son una defensa de aquellos forasteros que, desde otros focos de la elipse, pueden iluminar espacios que permanecerían ocultos sin la invasión de otras áreas de conocimiento.

Mi investigación parte de una preocupación por las posibilidades emancipadoras del teatro. Si en un primer momento mi intención era hacer una revisión del teatro contemporáneo español, consideré fértil centrarme en el análisis de la obra de Mayorga, pues la formación teatral y filosófica del dramaturgo, así como la variedad de su extenso trabajo, hace que en sus piezas confluyan las tensiones propias del teatro contemporáneo español. Mi interés se centra en aquellas piezas que siendo recogidas a modo de trapero benjaminiano componen un mapa desde el que se puede apreciar aquello que generalmente nos es velado, aquello que no observamos porque no podemos o no sabemos mirar. De esta manera mi mirada empezó a expandirse y a buscar nuevas conexiones improbables entre teatro y filosofía que tuvieran una aplicación práctica en la vida cotidiana: si comencé mi investigación centrándome en el teatro dialéctico de Mayorga, su obra filosófica y teatral me ha llevado a interesarme por otras autoras cuyo mapa está compuesto por aquellos retales de historia que la institución desecha. Entiéndase mi trabajo como una filosofía del teatro que quiere dar respuesta a las preocupaciones éticas y estéticas del siglo XX para restaurar la sensibilidad y la empatía del espectador.

Teatro Yeses, grupo teatral que se crea en la cárcel de Las Yeserías en los años ochenta, y Elena Cánovas, su incansable creadora, dramaturga y directora, es ejemplo de la importancia del teatro como instrumento emancipador. El trabajo de Cánovas adquiere una especial relevancia porque, según la dramaturga, la reinserción social siempre debe ser pensada en un doble sentido: la reinserción de los sujetos marginados por la institución y la del público, ya que la reinserción no es posible si la sociedad no cree en la misma. El trabajo de Cánovas se dirige hacia el desvelamiento de la colaboración pasiva del espectador con las injusticias sociales a través de la presentación en escena de testimonios que generalmente no tienen cabida en nuestras ciudades. Estas breves pinceladas sobre el compromiso político de Juan Mayorga y Elena Cánovas nos permiten ver las ventajas de la hibridación de distintas disciplinas, la importancia de una mirada crítica en escena que se ocupe del componente político y ético que tiene el teatro desde la Antigua Grecia. Y es que el teatro, permítanme robar de nuevo las palabras a Juan Mayorga, es espejo de nuestra existencia, de nuestra vulnerabilidad, “examina la forma en la que vivimos e imagina otras formas de vivir”. Por ello no puede desentenderse de la política y la ética, por ello su misión es establecer un debate en escena del que el espectador salga con una mayor conciencia crítica, porque el mundo es un gran teatro en el que nuestras acciones son irreversibles.