Eduardo Galeano: una perspectiva anticolonial desde la que repensar la historia
Introducción
Eduardo Galeano nació en Montevideo, capital de la República Oriental del Uruguay, en 1940. De joven quiso ser dibujante, pero caprichos del destino hicieron que sus mejores lienzos fueran escritos de gran cuidado por el detalle, retratos que nadie se había detenido a perfilar, paisajes que muchos quisieron borrar. El golpe de Estado de 1973 en la tierra que lo vio nacer lo llevó al exilio, hecho que marca su escritura, su mirada y su nostalgia de otro tiempo posible sin florituras.
Leer a Galeano es leer prosa vestida de poesía. Leer Historia compuesta de historias, es pensarnos desde lugares desenfocados de la gran lente que recoge lo reseñable y lo que ha de pasar a la posteridad. Las historias desechadas de la Historia oficial son, en sus obras, las protagonistas. De esta manera, se nos permite un acercamiento distinto a lo que consideramos nuestro pasado, a lo que habitamos como presente y a lo que construimos como futuro.
Siendo consecuente con la producción de un conocimiento situado (Haraway, 1995), he de ser justa con el proceso que ha desembocado en este escrito. A mediados de 2022, fruto de mi estancia de investigación en el Centro de Estudos Sociais (CES) de la Universidade de Coimbra, fui invitada a participar de un encuentro sobre escritura en lengua castellana, siendo este el marco en el que empieza a fraguarse este escrito. Aunque quizás, siendo aún más minuciosa, estas páginas empiezan a escribirse mucho antes, cuando en mi adolescencia temprana leo por primera vez las obras de Galeano. Pocos años antes, mis padres y yo habíamos emigrado de Uruguay a España, siendo ese el marco inmediato en el que los escritos de Galeano se convirtieron en un nexo[1], ya no solo con Uruguay sino con toda América Latina. Los años fueron mostrándome que no solo yo experimentaba esta sensación, y descubrí que no era necesario tener origen latinoamericano para sentir tan cercanas las historias de Galeano. Y es que la nostalgia que nos transmite Galeano no es de un espacio ni es de un tiempo concretos, sino de lo que podría haber sido y no fue, de lo que aún es posible.
Una de sus obras más conocidas es Las venas abiertas de América Latina publicada en 1971, obra censurada por las dictaduras latinoamericanas, aunque la censura hizo que se convirtiera en un símbolo de resistencia y complicidad entre los “vencidos” de la Historia. La obra comienza destacando una frase de la Proclama insurreccional de la Junta Tuitiva en la ciudad de La Paz, de 16 de julio de 1809: “Hemos guardado un silencio bastante parecido a la estupidez”. Preludio de una obra que recoge los silencios del periodo colonial, y la violencia estructural que heredan los incipientes Estados “independientes” que solo cambian de metrópoli. El conjunto de su obra va de eso, de silencios, pero también de risas. Estrategias de supervivencia que han construido lo visible y lo invisible de las relaciones sociales que habitamos.
Las siguientes páginas se detendrán en los aspectos más reseñables de su obra, partiendo de su capacidad para pensar desde los márgenes de lo instituido como oficial y de lo social hegemónico, su anhelo por revivir las memorias prohibidas y su capacidad para cuestionar el presente e imaginar un futuro posible alejado de la lógica en la que vivimos.
Pensando desde los márgenes
Afirmar que Galeano se caracteriza por ubicarse en los márgenes para desarrollar su escritura no guarda relación solo con las temáticas sobre las que escribe o su visión contrahegemónica de distintos acontecimientos históricos, sino también con el enfoque y el tratamiento que hace de los acontecimientos que elige narrar. Su escritura amena sobre temas complejos, propios de disciplinas como la Historia o Ciencias Políticas, hace que su narrativa pueda ser también entendida en los márgenes de diversas disciplinas, dialogando entre ellas y despertando el interés de un variado público alrededor del mundo.
Su estilo le hizo merecedor de una de las mejores críticas literarias que a su juicio recibió en toda su carrera de boca de un campesino en Ourense (Galicia): “Qué difícil ha de ser escribir tan sencillo” (Galeano, 2016: p. 223). El carácter reflexivo de resaltar esta apreciación nos acerca al diálogo que el autor construye entre sus historias, su público y su biografía a través de lo que escribe, mostrando su interés por deconstruir la postura de enunciación de la Historia oficial tan interesadamente neutral, valga el oxímoron, para hacerse visible como sujeto. Sus escritos parten de esa subjetividad, están impregnados de sus vivencias y en ningún momento trata de ocultarlo, al contrario, lo utiliza para vehiculizar sus relatos.
Los márgenes, entendidos como “extremidad u orilla de una cosa” siguiendo la definición de la Real Academia Española de la Lengua en su primera acepción, remiten en su escritura, a la posibilidad de ubicarse entre un público masivo que llega a sus obras con el interés de acceder a una visión crítica de la historia, y la transmisión de sucesos no trascendentales, pero que, no obstante, tienen una gran fuerza simbólica para entender la construcción de jerarquías respecto a lo memorable. Los escritos de Galeano están protagonizados por las figuras marginalizadas de la Historia que tradicionalmente aprendemos en las escuelas e incluso en las enseñanzas de segundo y tercer grado. Las mujeres son reconocidas en su rol imprescindible en los procesos emancipatorios, en las luchas por la independencia y en las resistencias cotidianas. Su obra Mujeres recopila y es un tributo a sus batallas silenciadas, pero su presencia es siempre transversal a sus escritos. La infancia, como colectivo habitualmente excluido de ser considerado actor político, ocupa también un papel notable por su capacidad resiliente y su mirada sobre un mundo al que aún se están familiarizando. Los animales son también resaltados por su rol en el desarrollo de los acontecimientos, a veces del lado de quienes promovían la muerte, a veces de quienes luchaban por la vida. La fantasía, o quizás lo que catalogamos como tal por nuestra limitada comprensión de la realidad cercenada por los imperativos de objetividad cartesiana, conviven con los hechos historiográficamente documentados. Sus relatos tienen una gran capacidad de narrar la crudeza desde una óptica de los detalles, en donde se puede ver la carga estructural de la violencia manifiesta en la cotidianeidad, invisible a los ojos de quienes no la sufren. Normalizada, silenciosa y privada para quienes la viven desde sus entrañas.
En Días y noches de amor y de guerra (2000), resalta cómo surge su anhelo de escribir con la constancia, dedicación y enfoque que ha pasado a la posteridad, abriéndose en cada página sin por ello desdeñar el trabajo historiográfico que subyace a sus escritos, sobre todo manifiesto en los tres tomos de Memorias del Fuego (Memorias del fuego. Los nacimientos. Tomo I (1988); Memorias del fuego. Las caras y las máscaras. Tomo II (2006a); Memorias del fuego. El siglo del viento. Tomo III) y en Las venas abiertas de América Latina (1990). Sin duda, Las venas abiertas de América Latina (2004) es el libro más icónico de toda su obra, en donde podemos ver su profundo sentido crítico, desde una narrativa ensayística en donde él mismo resaltó necesitar un “tratamiento para adelgazar. Decir cada vez más, con menos” (p. 117). Y en ese objetivo se volcó:
“El lenguaje hermético no siempre es el precio inevitable de la profundidad. Puede esconder simplemente, en algunos casos, una incapacidad de comunicación elevada a la categoría de virtud intelectual. Sospecho que el aburrimiento sirve así, a menudo, para bendecir el orden establecido: confirma que el conocimiento es un privilegio de las élites” (Galeano, 2004: p. 340).
Conjugó su perspectiva crítica con una escritura contundente al alcance de quien quisiera leerla. El dolor descarnado está muy presente en la obra de Galeano, asfixiante y penetrante, es difícil terminar un libro sin derramar una lágrima. Desde esa cicatriz invisible, transmite la violencia estructural que reina desde el silencio, como deja ver en el relato titulado “El Hambre” (2006b: p. 53). El relato descarnado de una estampa de pobreza, se convierte en una fotografía a la que no le sobran las palabras, sino que simplemente las opaca, pues es difícil decir más con más palabras. Su ejercicio de “adelgazamiento” de la escritura se muestra en su máxima expresión transmitiendo la soledad absoluta (véase “Nochebuena”, 2006b: p. 51) o la desidia (véase “Burocracia en tiempos militares”, 2006b: p. 45). Pero junto al dolor, el gozo y la risa siempre se abren camino como vías de resistencia, y su escritura busca centrarse también en estos aspectos mostrando las diferentes tonalidades que tienen la Historia y las vidas que la componen. Esta apuesta por rescatar historias olvidadas, pequeñas, individuales, para convertirlas en destacables y perdurables, forma parte de su pensamiento desde los márgenes, ahondando en la Historia desde su desigual impacto en las vidas que la protagonizaron, algunas desde un lugar hegemónicamente memorable frente a otras olvidadas, silenciadas u ocultadas.
Reivindicando las memorias prohibidas
La narrativa que Galeano elabora en torno al pasado está apegada al presente desde el que se enuncia. Las biografías que encarnan parte de un proceso histórico más extenso adquieren forma de matiz, cicatriz invisibilizada o mecanismo de resistencia. Mucha Historia ardió durante el proceso de la conquista, como mucha otra ardió durante las dictaduras que se sucedieron en Latinoamérica. Los tres tomos de Memorias del Fuego (1988; 1990; 2006a) se adentran en las cenizas, creando un devenir histórico apegado a lo intencionalmente borrado de la Historia oficial. En su labor de reivindicar las memorias prohibidas, Galeano se afana en evidenciar las relaciones que se entretejen alrededor de un acto de expolio, colonización o golpe de Estado. De este modo dibuja el entramado en el que aparecen resaltadas las redes de dependencia en las que se insertaban los propios agentes colonizadores (1988: pp. 115, 116, 117). Ni mucho menos se presenta como un motivo de exculpación de las coronas española y portuguesa, pero sí permite ilustrar la estructura jerárquica que llevó a una mayor concentración de la riqueza y una dependencia que se trasladó a las naciones que surgieron tras las independencias (2006b: pp. 158-159), lo que en parte explica los factores que intervinieron en guerras internas en América Latina (2006b: pp. 272-273) e incluso las dictaduras (1990: pp. 23).
Paradojas de un sistema-mundo (Wallerstein, 2016a; 2016b; 2017a; 2017b) en el que proliferan las relaciones de poder sustentadas en la explotación económica, en donde antiguos imperios que encabezaron la colonización de América Latina, quedaron fuertemente endeudados y con una industria pobre (2004: pp. 41-42), este entramado floreció gracias a las riquezas de las colonias en donde las potencias europeas marcaban su cuota de influencia, directamente sobre los territorios y su población o a través del comercio o trata de personas desde África. En su narrativa, este pasado late en el presente. Apoyándose en André Gunder Frank nos recuerda como las regiones hoy más empobrecidas son “las que han tenido lazos más estrechos con la metrópoli” (2004: pp. 51), confirmando lo expuesto al destacar que “el subdesarrollo no es una etapa hacia el desarrollo, sino la consecuencia histórica del desarrollo ajeno” (2000: p. 117). Esa estructura jerárquica que envuelve a las regiones, es puesta en conexión con los marcos de socialización que producen anhelos individuales de dominación, como destaca en Memorias del Fuego. Los nacimientos (1988), con sirvientes blancos anhelando comprarse un esclavo (p. 277).
Su reivindicación de las memorias prohibidas se aferra a exponer el dolor y terror constitutivo de las desigualdades sociales heredadas. Un dolor manifiesto en los cuerpos desde antes de nacer incluso, cuando mujeres esclavas eran acostadas boca abajo con el vientre en un hoyo para ser azotadas y torturadas, pero sin “estropear la «pieza» nueva en gestación” (2004: p. 115). Vidas de servidumbre y castigo aun presentes en los territorios periféricos hoy en teoría descolonizados. Territorios que a su vez construyen sus periferias internas, sus propias áreas de segregación surgidas de ese anhelo de sirvientes queriendo comprar un esclavo. No en vano Galeano destaca al prócer uruguayo Artigas, definiéndolo como “el hombre que no quiso que la independencia de América fuera una emboscada contra sus hijos más pobres” (2006b: pp. 148-149), algo que ciertamente aconteció dando como resultado sociedades profundamente desiguales, sustentadas en una dominación externa e interna.
El devenir histórico plasmado por Galeano desentraña los discursos moralistas para hablar de la materialidad que dio como resultado ciertas transformaciones sociales, mostrando como en la Historia, los discursos han contribuido a crear principios y valores que en la práctica se han sustentado sobre el utilitarismo y la conveniencia económica. Ello se ve claramente reflejado en la trata de seres humanos y el esclavismo[2] (2004: p. 110). No fueron los principios de los esclavos fugados de las plantaciones, refugiados en Palmares y organizados en quilombos los que hemos heredado como principios emancipatorios. No fueron los valores de las mujeres fugadas que llevaban en sus cabellos las semillas que plantarían en las nuevas tierras en las que por fin vivir libres. No. Los principios antiesclavistas heredados en Occidente, y en la mayor parte del globo, provienen de la otrora potencia encumbrada gracias a la trata de personas. De tratante a anti-esclavista por el bien de los beneficios económicos, por el interés y la ventaja sobre sus competidores como nos recuerda al mencionar que “A principios del siglo XIX, Gran Bretaña se convirtió en la principal impulsora de la campaña antiesclavista. La industria inglesa ya necesitaba mercados internacionales con mayor poder adquisitivo, lo que obligaba a la propagación del régimen de salarios” (2004: p.110). Este hecho trae consigo una huella clave para entender las relaciones construidas alrededor de la venta de la fuerza de trabajo. En Úselo y Tírelo (1995), Galeano destaca las palabras de un plantador inglés en Jamaica quien dijo: “a los negros es más fácil comprarlos que criarlos” (p. 85), y en esa premisa se basó la fisiocracia primitiva (2006a: pp. 50-51). El fin de la esclavitud dentro del marco de legalidad, aparece en la obra de Galeano como una cuestión de competencia y rentabilidad, como cara oculta de un relato apoyado en nuevos valores, que operan como herramientas para legitimar la continuidad de un sistema de desigualdad y opresión.
Frente al devenir histórico que habitamos, Galeano se detiene en las resistencias, remarcando los espacios de construcción de vida aun cuando esta era negada sistemáticamente. Recuerda Palmares en donde los y las esclavas fugadas construyeron esperanza y la defendieron hasta el último suspiro, lugar en donde “la lengua portuguesa vincula y comunica, ahora, a quienes antes humilló” (1988: pp. 274-275), espacio de encuentro de gentes otrora arrebatada y ahora emancipada, que construían futuro valiéndose resilientemente del arma imperial del idioma impuesto. Recuerda, muchos años después y en condiciones muy distintas, la osadía de los exiliados latinoamericanos que usaban monedas de hielo para pagar el radiador y no morirse de frío en su exilio en Londres, “monedas para acabar con el imperio británico”, como narra en la entrada de “El crimen perfecto” (2006b: p. 169). Acciones subversivas desde una subalternidad que se rebela. No importan las latitudes, ni la magnitud del opresor, ni el miedo, hay fuegos que no pueden apagarse y se transmiten sin mediar relación sanguínea, creando luz en la oscuridad impuesta.
Esa luz se hizo patente en otra historia recogida por Galeano titulada “Pájaros prohibidos” (1990: p. 280) relacionada con la dictadura uruguaya, en donde Milay, hija de Didaskó Pérez, camufla pájaros en sus dibujos, para que su padre vea libertad aun estando encarcelado. Reivindicar las memorias prohibidas es hacerlas presentes, así como esta niña se las ingenió para traer pájaros a “escondidas” para que su dibujo no fuera requisado y pudiera llegar a manos de su padre. Reivindicar estas memorias es disputar la hegemonía de la Historia oficial desde los márgenes que dan cuenta de las historias solapadas que han construido vidas y resistencias. Galeano es capaz, a lo largo de sus obras, de presentar un cuidado repaso historiográfico sobre el que intercalar, situar y abrir el lente de visión desde el que entender nuestro devenir histórico.
Cuestionar el presente para imaginar otro futuro posible
En este apartado el foco de atención se centra en un presente largo que acotaremos en las dos primeras décadas del siglo XXI, pero en el que sobre todo se atenderá a las reflexiones elaboradas por Galeano en torno a procesos que siguen en marcha en nuestros días, como la mercantilización del clima, del miedo o la banalización de todo aquello que pueda traer consigo un rédito económico.
Cuestionar el presente para imaginar, y construir, otro futuro posible, es una práctica que nos lleva a reflexionar sobre los caminos que ha seguido el ejercicio del poder en las últimas décadas, la forma en la que se asienta el control de la población, y al mismo tiempo su máxima explotación por medio de desigualdades heredadas y nuevos enfoques políticos centrados en la rentabilidad económica, la aparente “libre elección” de quienes pueden “optar” a ella y la invisibilización de quienes sólo luchan por sobrevivir. La socialización de la culpabilidad y el riesgo, y la privatización de los beneficios han llegado a su máximo esplendor, construyendo sociedades basadas en el miedo en donde los individuos se conciben cada vez más desconectados de la colectividad en la que se insertan. En un panorama nada halagüeño para construir colectivamente espacios más habitables en los que proyectar un futuro, Galeano reivindica una vez más la capacidad de resistencia y la inventiva como estrategias que han de desafiar a la corriente dominante.
Dentro de la retórica de socialización de la culpabilidad y el riesgo, nos encontramos con una de las obras de Galeano que mejor ejemplifica el análisis del mundo que habitamos: Úselo y tírelo (1995). En este libro, el autor nos transmite una de las más recurrentes generalizaciones empleadas en relación al impacto del ser humano en la degradación del planeta: “somos todos culpables de la ruina del planeta” (p. 9), si todos somos, nadie lo es[3]. La lógica desentrañada por Galeano es propia del sistema político-económico alineado con las respuestas individuales a problemas que nos atraviesan colectivamente, y en ese mismo juego, los medios de comunicación se encargan de producir las condiciones idóneas para que florezca un mercado que desde lo individual ofrezca una aparente respuesta. Un placebo que apaga la culpa y que promueve un infinito mercado que desvía la atención de los grandes responsables históricos de la degradación ambiental.
El miedo, tan presente en la obra de Galeano, aparece en el siglo XXI con una característica muy particular. Si antes el miedo llevaba a huir, luchar, resistir, innovar, agruparse, ahora lleva a esconderse, resignarse, someterse, conservar, aislarse. Todo el sistema funciona como una maquina bien engrasada en donde “el lenguaje fabrica la realidad ilusoria que la publicidad necesita para vender” (p. 160). La ilusión de “seguridad” se vende como producto de consumo para una población atascada en la incertidumbre. Todo parece perfectamente atado, engrasado para seguir por el fin de los días funcionando. ¿Resignación como destino? No, para nada, que no haya alternativas en el sistema no significa que no haya alternativas al sistema, y en ello repara Galeano destacando agentes anónimos que desde subterfugios ínfimos sobreviven a un sistema que los desprecia, como hace el protagonista del relato “Alineación/1” (2006b: p. 121), quien, siendo conocedor de que en muchos países antiguamente dependientes de la metrópoli se prefieren los productos importados, planea una estrategia para que sus productos tengan buena acogida y con ello sacar su iniciativa adelante.
El sistema ha creado un marco de deseabilidad hacia el norte global a través de una imagen estereotipada como su “estilo de vida”, vendido, consumido o anhelado, tanto en el norte como en el sur. Si no consigues alcanzarlo es que no te has esforzado lo suficiente o eres un fracasado. Nuevamente, la responsabilización individual busca alejar toda perspectiva estructural o colectiva, y le funciona hasta que se encuentra con sujetos que han desentrañado el funcionamiento del sistema, que saben cómo actúa la gente que persigue las innumerables sombras que engañan en el interior de una caverna. Sus acciones son pequeñas, pero, aun así, su capacidad resiliente muestra la innata osadía de la resistencia, pauta de que puede burlarse el sistema.
Gracias a su gran conocimiento de primera mano de la realidad latinoamericana, Galeano dibuja una visión muy amplia y detallada de la realidad del territorio. El pasado colonial, las posteriores injerencias y una burguesía nacional profundamente racista marca la cotidianeidad de un continente desigual con la vista siempre puesta en el exterior. En El Libro de los Abrazos (2006b), Galeano presenta uno de sus escritos más sintéticos sobre la construcción de la desigualdad, no sólo en América Latina sino en todo el mundo, a través de la figura de “los nadies” (p. 59), sujetos de derechos arrebatados, sujetos de una opresión a la que están sometidos desde su nacimiento y explotación que paulatinamente los aniquila. Los nadies son la base que sustenta todo el sistema. Invisibilizados y borrados de la historia, pero imprescindibles para un sistema que ha perpetuado su crecimiento económico sobre el expolio.
La propuesta de Galeano para imaginar otro futuro posible pasa por entender las resistencias, las estrategias de supervivencia y las formas de conformar nuevos espacios de vida. En su escrito “El derecho al delirio” (2016b), nos presenta la posibilidad de pensar otro mundo posible dando la vuelta completamente a las realidades que habitamos, de lo más particular a lo más general: “la gente trabajará para vivir, en lugar de vivir para trabajar” (p. 7); “los economistas no llamarán nivel de vida al nivel de consumo, ni llamarán calidad de vida a la cantidad de cosas” (p. 7); “nadie morirá de hambre, porque nadie morirá de indigestión” (p. 8). El derecho al delirio apela a creer para crear, volviendo a colocar la esperanza como motor de cambio. Una esperanza desvanecida es una condena que perpetúa la desigualdad como destino y la injusticia como credo. Toda su obra se enfoca en romper ese binomio, reconociendo la fortaleza de las resistencias y la construcción de espacios apartados de la lógica predatoria en la que vivimos.
Conclusiones
Las obras de Galeano nos muestran la importancia de reivindicar otras miradas sobre realidades unidimensionalmente definidas. Nos presentan un tiempo fuera del tiempo posibilitado por la memoria. Una temporalidad en la que las cicatrices perduran e incluso constituyen el nuevo cuerpo que hoy continúa en su senda de emancipación. Su escritura plasma una suerte de realismo mágico que ayuda a procesar una cruda realidad que golpea con virulencia, mostrando como en ocasiones, ese mismo recurso mágico es un medio de supervivencia. En el purgatorio tornado en infierno, la escritura es una acompañante fiel que permite crear una justa distancia, soportable y al mismo tiempo compartible. Su poesía en prosa inventa palabras y crea frases imposibles retando a la gramática: “me espera el vino que me beberá” (2001: p. 182), para abrir otras formas de representar la realidad. Galeano tenía el don de escribir fantasía como si fuera realidad y realidad como si fuera fantasía, para recordarla/imaginarla en un mismo ejercicio de credulidad.
Las obras de Galeano se inscriben en distintas temporalidades y dimensiones, dialogando entre sí, coetáneas, recordándose y prediciéndose desde un presente que se cuestiona los distintos episodios que lo han constituido, y las distintas voces que lo han definido. Un mundo poliédrico, polifónico y policromático, es más asertivo con las diversas realidades que se dibujan en función de las plasmaciones del poder hegemónico. En su escritura, lo humano es enteramente concomitante con el entorno que nos rodea, es reivindicado, no desde una postura antropocéntrica, sino como una pieza que contempla el engranaje en el que se inserta, “al fin y al cabo estamos aquí desde que la belleza del universo necesitó que alguien la viera” (2001: p. 225).
Las historias recogidas por Galeano nos muestran un mundo asentado en utopías que nos hacen avanzar, desde una postura humilde, siempre atenta a los comentarios de quienes llegaban a sus palabras, aunque fuesen las críticas férreas de los más pequeños que recién se acercan al mundo de las letras: “Yo no sé por qué tanto lío, si ni yo te leo” (2016a: p. 216), “Seguí escribiendo que vas a mejorar” (p. 217). Sin desterrar nunca la ternura, lo subjetivo, lo mágico, y la sencillez, supo acercar a miles la Historia y las historias. De igual a igual, sin atisbo de petulancia, sus obras se apoyan en un trabajo arduo de fuentes primarias y secundarias de información, buscando presentar una crítica constructiva al devenir histórico que posibilite caminar hacia otro futuro posible.
Su apuesta narrativa viaja constantemente en el espacio y en el tiempo, entre lo más individual y lo colectivo, para mostrarnos que todos los espacios están interconectados y que desde todas las áreas es preciso hacer un trabajo de profunda deconstrucción/reconstrucción. En Las Venas Abiertas de América Latina (2004) destacó: “En el proyecto de una sociedad de sordomudos, cada ciudadano debe convertirse en su propio Torquemada” (p. 361), y lo cierto es que esta afirmación está más vigente que nunca en una lógica introspectiva que lleva a que cada uno mire tanto hacia sus adentros que casi se convierte en un bucle, una cinta de Moebius desconectada de la comunidad, de lo colectivo, haciendo que todo atisbo de transformación sea más difícil de perseguir. Las obras de Galeano son una posibilidad de repensarnos en conexión con otras realidades, otras posibles formas de habitar el mundo que nos lleve a reconciliarnos con lo colectivo y con nosotros mismos.
Galeano partió el 13 de abril de 2015 dejándonos un nuevo derecho a reivindicar, el derecho al delirio, desde el que creer y crear otro mundo posible, en donde seamos “compatriotas y contemporáneos de todos los que tengan voluntad de belleza y voluntad de justicia, hayan nacido donde hayan nacido y hayan vivido cuando hayan vivido, sin que importen ni un poquito las fronteras del mapa o del tiempo” (Galeano, 2016b: p. 9) . Retos globales como la crisis climática o el incremento de la desigualdad nos llevan a posicionarnos con urgencia ante estas realidades imposibles de obviar. Los escritos de Galeano aportan esperanza y nos animan a caminar, pues incluso en los momentos más duros hubo resistencia, y en los momentos más felices hubo rastros de tristeza. En el arcoíris de las emociones, las acciones van configurando los tiempos venideros en donde continúa pendiente incorporar la visión crítica y analítica propuesta por Galeano, así como su interés por desenmarañar las relaciones de poder que reproducen desigualdades y lógicas de opresión.
Bibliografía
Galeano, Eduardo (1988 (2ª Ed.) [1982]): Memorias del fuego. Los nacimientos. Tomo I. Montevideo, Ediciones del Chanchito.
Galeano, Eduardo (1990 (3ª Ed.) [1987]): Memorias del fuego. El siglo del viento. Tomo III. Montevideo, Ediciones del Chanchito.
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Galeano, Eduardo (2001): Las palabras andantes. Buenos Aires, Catálogos S.R.L.
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Galeano, Eduardo (2016a): El Cazador de historias. Editorial digital, Titivillus.
Galeano, Eduardo (2016b): “El derecho al delirio”. En Temas De Nuestra América Revista De Estudios Latinoamericanos, vol. 15(33), pp. 7-9.
Gunder Frank, André (1967): Capitalism and Underdevelopment in Latin America. Historical Studies of Chile and Brazil. New York, Monthly Review Press.
Haraway, Donna (1995): Ciencia, cyborgs y mujeres. La invención de la naturaleza. Madrid, Cátedra.
Wallerstein, Immanuel (2016a): El moderno sistema mundo I: la agricultura capitalista y los orígenes de la economía-mundo europea en el siglo XVI. Madrid, Siglo XXI.
Wallerstein, Immanuel (2016b): El moderno sistema mundo IV: el liberalismo centrista triunfante, 1789-1914. Madrid, Siglo XXI.
Wallerstein, Immanuel (2017a): El moderno sistema mundo II: el mercantilismo y la consolidación de la economía mundo-europea, 1600-1750. Madrid, Siglo XXI.
Wallerstein, Immanuel (2017b): El moderno sistema mundo III: la segunda era de gran expansión de la economía-mundo capitalista, 1730-1850. Madrid, Siglo XXI.
[1] Nexo que se hizo posible gracias a las obras de Galeano que mis padres, Nelly y Gerardo, fueron regalándome. Plasmo aquí mi agradecimiento por el regalo de la lectura, que floreció en inquietud y hoy se manifiesta en estas páginas que tratan de construir un humilde homenaje al pensamiento crítico de Eduardo Galeano. Quiero agradecer también el trabajo de revisión desarrollado por parte de la revista, por las sugerencias a este escrito, pero, sobre todo, por brindarme ideas a profundizar en otras áreas de trabajo.
[2] Ha dejado de existir en el marco de la legalidad, pero que continúa presente como subterfugio.
[3] Ello no quiere decir que no debamos implicarnos colectivamente en revertir la situación, sino que en el diagnóstico a menudo se obvia la desigual participación en la degradación ambiental.

Ivana Belén Ruiz-Estramil
Doctora en Sociología, Investigadora posdoctoral Instituto Hegoa, Universidad del País Vasco, Bilbao, España.
