Poética y política del subsuelo: precariedad obrera y denuncia social en “La mina” (1959) de Armando López Salinas y “Los mineros” (2008) de Desakato
La industria minera ha ocupado, tradicionalmente, un lugar significativo en la historia social española, especialmente en regiones como Asturias, León o Aragón. Bajo la dictadura de Francisco Franco (1939-1975) se consolidaron características particulares a la minería, tales como la represión política, la censura cultural y la precariedad laboral. Desde mediados del siglo XX, diversos movimientos obreros y núcleos de resistencia pretendieron visibilizar la dureza de las condiciones subterráneas, la escasa protección sanitaria y la falta de libertades para organizarse colectivamente. En el plano literario, surgió la llamada novela social de posguerra, que buscaba dar cuenta de la realidad de los sectores menos favorecidos.
Dentro de este grupo de producciones, La mina (1959) de Armando López Salinas destaca por su atención a la vida cotidiana de los mineros, su progresiva toma de conciencia y las tensiones que se derivan de la explotación laboral. Publicada en una época marcada por la censura editorial, la novela consiguió expresar, a través de un lenguaje realista y un tono testimonial, la vulnerabilidad de los trabajadores y la compleja relación entre patronos y obreros. Tres años más tarde, la huelga de mineros asturianos de 1962 irrumpiría como uno de los hitos de la resistencia obrera contra la dictadura, evidenciando la incapacidad del Régimen para ahogar las reivindicaciones laborales. Esa huelga, conocida también como la “Revolución de los mineros de 1962”, resaltó el poder de la unidad y la solidaridad en una región que, desde las primeras décadas del siglo XX, venía forjando una fuerte conciencia de clase.
Por su parte, la canción Los mineros (2008) de Desakato, escrita en asturiano, constituye un ejemplo de continuidad de la memoria obrera. Pese a que el tema surge en un contexto democrático, exento de la censura de la dictadura, retoma la visión trágica y contestataria de la experiencia minera, reforzando la idea de que los conflictos propios de la extracción del carbón (inseguridad en las galerías, accidentes, precariedad) han persistido como un componente central de la conciencia social de las cuencas.
“Ya madruguen los mineros / Van canciando pel camín / Caminando ente les peñes / Nun saben quien va a vivir.” (Desakato, 2008, 0:13)
En estos versos, Desakato describe la salida madrugadora de los mineros, quienes inician su marcha por senderos rocosos sin tener la certeza de un regreso seguro. Sugiere, también, la precariedad y el riesgo asociados al trabajo minero. Resulta pertinente, por tanto, enmarcar esta visión en el contexto histórico de la dictadura franquista. Finalizada la Guerra Civil (1936-1939), el nuevo régimen se fundamentó en la limitación de libertades y el control de los medios de comunicación. Durante la dictadura, se produjo un choque entre la imagen oficial de “paz y prosperidad” que difundía el Régimen y la realidad que vivían los trabajadores subterráneos: largas jornadas, inseguridad frente al derrumbe o la explosión de grisú y la falta de cobertura social.
La dictadura, cuyo afianzamiento inicial se basó en la autarquía, esto es, la búsqueda de la autosuficiencia nacional, mantuvo hasta finales de los años cincuenta un modelo de aislamiento económico que dificultaba la modernización industrial. La incapacidad de sostener este modelo condujo a la elaboración del Plan de Estabilización de 1959, con el que se inició un proceso de apertura al capital extranjero y se fomentó una tímida industrialización.
El movimiento huelguístico desencadenado en la primavera de 1962 marca un antes y un después. Si en el devenir económico, el Plan de Estabilización de 1959 puede ser visto como una línea divisoria entre dos mitades bien diferenciadas, en la evolución sociopolítica las huelgas de 1962 representan un corte comparable. (Vega, 2012)
Sin embargo, esta “modernización” apenas varió las duras condiciones en las minas, cuyos propietarios aprovecharon la disponibilidad de mano de obra barata —procedente del éxodo rural— para mantener salarios bajos y minimizar costes de seguridad. Es decir, el éxodo de jornaleros del campo a la mina consolidó un “ejército de reserva” que podía cubrir, sin grandes exigencias salariales, la demanda creciente de trabajo. Este concepto de “ejército de reserva” alude, de manera intrínseca, a la producción de una superpoblación:
Si la existencia de una superpoblación obrera es producto necesario de la acumulación o desarrollo de la riqueza sobre base capitalista, esta superpoblación se convierte a su vez en palanca de la acumulación capitalista, más aún, en una de las condiciones de vida del modo capitalista de producción. Constituye un ejército industrial de reserva, un contingente disponible, que pertenece al capital de un modo tan absoluto como si se criase y se mantuviese a sus expensas. (Marx, 1867:793)
En este marco, la novela La mina retrata la experiencia cotidiana de los mineros bajo el franquismo. Su protagonista, Joaquín, encarna a los miles de campesinos que abandonaron el campo buscando mejores condiciones de vida y, a cambio, hallaron la oscuridad del pozo y la amenaza constante de la tragedia. La tensión entre la esperanza de un jornal y la realidad de la explotación está presente en toda la novela, del mismo modo que en la canción de Desakato se percibe la ambivalencia de quienes avanzan “caminando ente les peñes” sin saber si sobrevivirán.
“Esi día una desgracia / Diba suceder ellí / Pero ellos nun lo sabíen / Y dispónense a partir.” (Desakato, 2008, 0:29)
El éxodo rural acelerado abarató aún más el coste laboral en los pozos, donde las medidas de seguridad seguían siendo rudimentarias o nulas. En La mina, López Salinas muestra cómo los mineros se enfrentan diariamente al polvo de carbón ¾que provoca enfermedades respiratorias crónicas¾ a la posibilidad de derrumbes y a una gerencia que apenas invierte en mejorar las galerías.
Ese maldito polvo que se le mete a uno en el estómago y los pulmones, le hace sentirse a uno sin fuelle y como pegajoso. […] Uno se cree que está loco por querer trabajar en la galería, parece como si te fueras a morir. Te preguntas cómo lo aguantan los demás, trabajando allí año tras año. […] Pero pasan los días, las semanas de setecientas pesetas con los destajos. Y tú arreas los caballos o hincas el martillo empujándolo con los brazos y la frente, y luego lo sacas y se cae el mineral. Y lo empujas, y lo hincas y lo deshincas; y lo vuelves a hacer y lo haces durante todo el día y durante toda la vida. Y el calor y el polvo agujereándote la piel. (Salinas, 2013: 185)
El Plan de Estabilización fomentó la extracción intensiva de carbón y otros minerales, sin que esto se tradujera en una redistribución de beneficios ni en una reducción de la peligrosidad. La “desgracia” que Desakato menciona en la canción era, en efecto, una constante para quienes bajaban al subsuelo sin garantías de supervivencia.
En este fragmento de la canción, se alude a la existencia de un riesgo permanente, no siempre reconocido por quienes, por necesidad, han de adentrarse en el pozo. La mina ejemplifica la forma en que la literatura social de posguerra abordó las condiciones de los mineros, sus dificultades cotidianas y su progresiva concienciación colectiva. La novela se centra en la llegada de Joaquín, un trabajador rural, a un enclave minero, subrayando la falta de formación, la ausencia de seguridad y la adaptación precaria a una realidad que puede desembocar en el accidente fatal. En el plano literario, La mina opta por un realismo crítico, poniendo énfasis en las tareas mecánicas de la extracción del carbón, los problemas de salud, como la silicosis, y la fricción constante con la jerarquía empresarial.
Luis, como todos los mineros, tenía mucho miedo a la silicosis, al polvo que llegaba a los pulmones hasta convertirlos en piedra. Cada día se puede respirar peor. Día a día la fatiga y la tos se hacen más grandes y andas como acatarrao”. (López Salinas, 2013: 226)
Es decir, se trata de una visión de los entornos laborales bajo un prisma crítico hacia el régimen franquista y la estructura socioeconómica del momento. Por otra parte, en la canción, la explosión en la galería confirma una catástrofe inminente a la que los mineros hacen frente con la urgencia de la huida:
“Una vez que taben dientru / Algo nun yos marcha bien / Explosión na galería / ¡Y todos a correr!” (Desakato, 2008, 1:12)
La mina, en concreto, utiliza el accidente como el único desenlace posible de la trama. Desde un punto de vista histórico, la siniestralidad minera en España estuvo vinculada a la insuficiente modernización de las infraestructuras y a la voluntad de los propietarios de maximizar la producción sin invertir en medidas de seguridad.
La dictadura franquista, por su parte, procuró proyectar al exterior una imagen de estabilidad y desarrollo, lo que implicaba minimizar la difusión de accidentes o huelgas mineras en los medios de comunicación oficiales. Para los escritores que el Régimen consideraba que atacaba al dogma religioso, moral o político alineado con la dictadura, la censura ejercida por el Régimen limitaba la explicitud de las denuncias o las prohibía, aunque obras como La mina consiguieron, de forma más o menos velada, reflejar la precariedad y los enfrentamientos latentes entre el colectivo de trabajadores y la patronal.
“Veinticinco jornaleros / Vense desaparecer
Y los otros veinticinco / Quedense allí de pie.”
(Desakato, 2008, 1:02)
Este pasaje alude a la pérdida repentina de un grupo numeroso de mineros, mientras el resto observa con impotencia. Históricamente, las protestas obreras ¾incluyendo huelgas y paros¾ se incrementaron en algunos núcleos mineros, especialmente desde la segunda mitad de la década de 1950. La represión gubernamental no impidió la aparición de reivindicaciones colectivas, con un creciente impulso de la resistencia académica y obrera que cuestionaba, por un lado, la política educativa del Régimen (Congreso Nacional de Estudiantes, 1956) y, por otro, la realidad socioeconómica de un sector fundamental para la economía española.
En La mina, el potencial revolucionario se atisba en las conversaciones clandestinas y en la necesidad de unirse para reclamar mejoras de seguridad y salarios más justos. Sin embargo, la novela concluye con la imagen de un horizonte revolucionario que no llega a materializarse: el accidente deviene metáfora de la imposibilidad de transformar el entorno de la mina, al menos de forma inmediata. López Salinas, no obstante, introduce en las últimas páginas una “esperanza” ¾de manera literal, pues es la palabra con la que se cierra la narración¾ que se desplaza a las familias, anticipando la continuación de la protesta a través de nuevas voces.
Una oleada de calor se expandió por su pecho. La angustia se deshacía igual que un pedazo de hielo puesto al sol. Viendo a los pequeños sintió una gran paz y una tranquila serenidad. Una serenidad que le llegaba desde muy hondo, desde su esperanza. (Salinas, 2013: 311)
“Con el friu la mañana / Todu’l mundu se entero
La xente del pueblu vino / No había consolación.”
(Desakato, 2008, 1:41)
De este modo, ambas obras configuran un diálogo intergeneracional y cultural que pone de relieve la persistencia de problemas estructurales en la minería y la relevancia de la solidaridad como respuesta de clase. Asimismo, evidencian la voluntad de denuncia de sus autores, que, cada uno en su contexto, refleja el pulso entre la búsqueda del beneficio económico y las condiciones de vida de los mineros.
En La mina, la esperanza final que atisba López Salinas en la organización colectiva y en el papel de las nuevas generaciones anticipa el germen de futuras protestas, como las huelgas de los años sesenta. En Los mineros, la voz confirma que, pese a los cambios políticos, el legado de la precariedad y la conciencia obrera sigue presente en la memoria de la cuenca minera. Así, la novela y la canción convergen en una misma poética y política del subsuelo: la necesidad de visibilizar las experiencias de los mineros y de reivindicar la dignidad de un colectivo históricamente silenciado y explotado.
Recursos bibliográficos
- López Salinas, A. (2013). La mina. Madrid: Akal.
- Marx, K. (1867). El Capital (Libro Primero) El proceso de producción del Capital. [recurso online]
- Vega, R. (2012, 1 de abril). Una huelga de dimensiones históricas. La voz de Asturias.https://web.archive.org/web/20120505021023/http://www.lavozdeasturias.es/suplementos/as-7/huelga-dimensiones-historicas_0_674332648.html
- Vega, R. (2002). Las huelgas de 1962 en Asturias. Gijón: Trea.
- Desakato (2008). Los mineros. En Con el viento de cara. El Garaje producciones.

Ángela Vaquero Huertas
Estudiante de Estudios Hispánicos. Interesada en el estudio de la narrativa del siglo XX y de diferentes artes, como la música.
