Laforet Gaite

La generalización de la violencia personal como forma de posguerra “Nada”, de Carmen Laforet

Nada es una novela realista escrita por una jovencísima Carmen Laforet durante el periodo de la posguerra española. En ella, la narradora, una estudiante de dieciocho años llamada Andrea, viaja a Barcelona para convivir con su familia y estudiar en la universidad, con grandes expectativas y el deseo de prosperar como persona, quizás incluso con esperanzas de hallar la felicidad. Lo que encuentra al llegar es un panorama muy distinto del que ella se esperaba: un ambiente de violencia, relaciones y afectos falsos, la imposibilidad de integrarse del todo con su familia ni en la ciudad. Tampoco consigue encontrar el amor. En el proceso, se desvanece la ingenuidad de Andrea. ¿Cómo iba a lograr Andrea esos objetivos en la España de posguerra?, parece plantear su historia. Vamos a comentar esa violencia extrema que aparece descrita en Nada como reflejo del impacto de la Guerra Civil que había tenido lugar unos pocos años antes y que, de forma latente, aún persistía en aquellos años cuarenta. Además, al hilo de la cuestión, nos preguntaremos qué pudo llevar a una autora tan joven a escribir una novela tan cruda.       

Como hemos descrito anteriormente, Nada, es una novela violenta en la que los personajes se agreden físicamente, se insultan sin ningún reparo y, sin embargo, todos ellos continúan viviendo en esa casa sin pensar siquiera en escapar. ¿Por qué sucede esto?

En los años cuarenta surgen una serie de novelas llamadas en su momento “tremendistas” caracterizadas por poseer una inclinación hacia personajes, escenas y expresiones sórdidos y grotescos, que provocan una desasosegante impresión de alienación. Esta corriente podría haber influido en la escritura de Laforet, ya que, aunque sea una novela realista, quiere mostrar la realidad desde una perspectiva subjetiva y parcial. La sensibilidad de Andrea la lleva a percibir la realidad de forma alterada y, aun cuando se presentan unos espacios y un tiempo con referentes reales muy detallados, hay escenas muy subjetivas que al final los acaba distorsionando. Estas sensaciones que se ven reflejadas desde la percepción de Andrea tienen un afán testimonial.

Carmen Laforet quiere describir la Barcelona de los años cuarenta partiendo de lo más material a lo más moral. Su finalidad es representar esa alienación que tiene que ver con lo tangible. Andrea sufre una escasez que, en muchas ocasiones, la deja hambrienta, sobre todo a partir de su decisión de ser autosuficiente económicamente. Por ello, el hambre y la pobreza también serían formas de violencia presentadas en la novela, y a su vez, describiría los problemas del periodo de posguerra a nivel social.

Esta alienación moral se intenta imponer en la figura de la protagonista mediante actos violentos, que analizaremos a continuación, por parte de algunos de los personajes de la obra. La figura de Angustias puede ser vista como la de una mujer varonil, de acuerdo con los esquemas de diferenciación sexual imperantes en la sociedad franquista. Lo entendemos así por su modo de ejercer el poder y de intentar dominar a las demás mujeres del hogar. Ella es la que pretende imponer orden. Para conseguirlo, recurre a formas de violencia psicológica. Critica cada acto de las demás mujeres para menospreciarlas y así colocarse en una posición de superioridad. La masculinidad propia del modelo falangista está muy presente en la obra: Angustias es una mujer que se amolda a estos estándares al no ser un “ángel del hogar”, sino una figura dominante que prefiere ejercer el poder antes que ser sometida.

Juan, al contrario que Angustias, es un hombre que se caracteriza por ejercer una violencia física, normalmente dirigida contra su esposa Gloria. En su caso, a diferencia de Angustias, el ejercicio de la violencia física es el mecanismo por el que da rienda suelta a su impotencia, ya que ha fracasado en su misión de proveer materialmente a la familia. Ella siente mucho miedo de Juan, quien la maltrata constantemente y la agrede verbalmente, pero no contempla la posibilidad de huida, sino que se propone ganar dinero para paliar la precariedad doméstica y mantener unida a la familia, aunque eso implique soportar todos estos abusos. Mediante estos actos de violencia, se genera una relación de dependencia entre ellos dos. Él arruina la vida de Gloria y ella vuelve a Juan después de cada golpe y de cada insulto. Es un círculo vicioso en el que se puede apreciar claramente la alienación derivada de la miseria moral y material del ambiente que pretende denunciar Laforet.

Por su parte, Román posee similitudes con Angustias, pero su forma de agredir es diferente. Mientras Angustias pretende manipular a las mujeres para imponer su pensamiento y anular el de ellas, Román busca la admiración de los demás ―normalmente mujeres― para después establecer enlaces de dependencia tan fuertes que quienes dejan de relacionarse con él no son capaces de seguir adelante de una forma sana, sino con remordimientos y con miedo para el resto de su vida. Ese es el caso de la madre de Ena.

Estos tres personajes representan los ejes más significativos del carácter violento de la novela en el ámbito privado. Se puede observar que están marcados por el ejercicio de un modelo de masculinidad hegemónico y son conductores de la violencia en todas sus formas. En parte, puede reflejar la tradición falangista, como comentábamos en el caso de Angustias, puesto que se recrean en ese modelo como forma de dominar y de generar el poder, propia de valores de la virilidad que se intentaban implantar y que la novela, indirectamente, deconstruye y critica.

La novela refleja también la importancia que tuvieron, después de la guerra, las habladurías de la gente, por lo que la violencia más feroz surge dentro de los hogares, en el ámbito privado, adonde no llega la vigilancia social y se está protegido entre las cuatro paredes que la conforman. Sin embargo, la novela muestra la existencia de otro tipo de violencia más subliminal en el espacio público. Andrea, al no sentirse aceptada en su familia, busca integrarse en el exterior, sacrificándose por intentar ser aceptada con gente ajena a su familia, entre las que aspira a encontrar los afectos, el humanismo y la racionalidad que no encuentra en su casa. Así se puede ver cuando Andrea pasa hambre por llevar flores a la madre de Ena, o durante el baile, cuando la humillan por no pertenecer a la escala más alta de la burguesía barcelonesa.

Resulta curioso que fuese una mujer joven la que escribiese esta novela, y que, a su vez, la crítica dictaminase que esta era propia del carácter sensible y delicado de la feminidad; sin embargo, nos encontramos ante una narración violenta y cruel, que no se ajusta a esos cánones de feminidad frágil e idealista. Entonces, ¿por qué tanta violencia en una novela escrita por una autora tan joven?

Posiblemente, el deseo de Laforet fuera prestar testimonio de los estragos psicológicos que ha podido dejar la Guerra Civil en las familias españolas de los años cuarenta. La guerra fue el gran acontecimiento. Trascendió el mero cambio de régimen político. Dejó tras de sí un ambiente de hostilidad y violencia en lo público, pero que se ejerce de una forma mucho más intensa en el ámbito privado, en el que el control policial no estaba tan presente.

El canon ha descrito a la familia como un espacio cálido, humano, solidario y compasivo. No obstante, la familia descrita en Nada no se ajusta en absoluto a ese modelo. En la novela, es una institución en la que conviven los individuos en una constante guerra por la dominación de los otros: Angustias quiere controlarlo todo, Juan quiere dominar a su esposa, y Román, no solo se conforma con lo que sucede en el hogar, sino que además busca influir en el exterior. Carmen Laforet pretende criticar a esa institución familiar que, después de la guerra, ya no tenía sentido mantener idealizada.

El modelo de familia idealizado ya extinto genera una serie de redes de dependencia entre los integrantes de la familia, lo que da lugar a una profunda alienación. La novela se enfrenta a esa estructura familiar que quiere anular a la protagonista. Por eso, Andrea acaba huyendo a Madrid, con la esperanza de encontrar algo positivo fuera de ese entorno tóxico marcado por el interés falso, fuera de esa “nada” que ellos mismos han construido.

Es bastante probable que el texto sea una representación de cómo la Guerra Civil se ha adentrado en los hogares de los que se han quedado en España, corrompiendo los lazos humanos y dando como resultado redes familiares falsas, que se mantienen unidas por supervivencia, a pesar de su fragilidad. Los miembros de esta familia apenas tienen para comer. El hambre, al final, es otro modo de violencia que sucede en el texto, que, a su vez, genera nuevas dinámicas de violencia. Lo que sucede de puertas para dentro no se puede juzgar, mientras que, en el ámbito público, la necesidad de agradar y de formar parte de algo más grande responde a una violencia encubierta que no da libertad al individuo. El balance final que hace Andrea es que todas estas relaciones son falsas. No hay autenticidad, todo es apariencia.           

En conclusión, Carmen Laforet pone el énfasis en la violencia que se produce en el seno de las familias. Creó una que, literalmente, vive su propia guerra civil todos los días. Esta sería una microguerra civil, reflejo del gran conflicto que se sufrió en el país, y a través de la cual Laforet critica las secuelas que ha dejado en las familias, que ya no pueden vivir con normalidad, sino con rencor. Todos los personajes están vacíos. No existe la amistad, el amor o la confianza. Todo está basado en sentimiento negativos, alimentados por la indiferencia que sienten los unos a los otros. Son completos desconocidos. Son “nada”.

Foto best sellers
Mar López Martín

Mar López, alumna de tercer curso del grado de Estudios Hispánicos en la Universidad de Alcalá. Es aficionada a la pintura, al teatro y a la escritura, por supuesto. Aspira a ser investigadora en el ámbito de la lingüística, o, en su defecto, escritora de best-sellers.

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