Insidia. “Tierra de empusas”, de Olga Tokarczuk
Olga Tokarczuk, Tierra de empusas.
Traducción de Katarzyna Moloniewicz y Abel Murcia
Barcelona, Anagrama
344 páginas, 21,90 euros
Tras la obtención del Premio Nobel de Literatura en 2018, Olga Tokarczuk (Sulechów, 1962) regresa con Tierra de empusas. Tokarczuk es autora de varios relatos y novelas, entre las cuales contamos con traducción publicada por Anagrama de Los errantes (2019, traducción de Agata Orzeszek Sujak), Un lugar llamado Antaño (2020, traducción de Ester Rabasco Macías y Bogumiła Wyrzykowska), y la que es quizá su obra más conocida en España, Los libros de Jacob (2023, traducción de Agata Orzeszek Sujak y Ernesto Rubio).
En Tierra de empusas Tokarczuk crea un entorno en claro diálogo con la inolvidable La montaña mágica, de Thomas Mann (Lubeca, 1875). La novela de la autora polaca tiene lugar en un sanatorio en Görbensdorf, en la Baja Silesia, al que acuden enfermos de turbeculosis para ponerse en manos del doctor Semperweiß y en el que, al igual que en el sanatorio de Davos de Mann, ocurren cosas que no tienen una explicación aparente. Así, el protagonista, Miecysław Wojnicz, estudiante de ingeniería como Hans Castorp, llega para alojarse en la pensión para hombres de Opitz. Las escenas iniciales, construidas con delicadeza y precisión, presentan algunos de los dilemas que se desarrollarán más tarde, mediante un procedimiento que consiste en prestar atención a los detalles, a lo pequeño. Ya al principio se nos presenta el conflicto de Wojnicz con las miradas ajenas y su paradójico gusto por fijarse, por mirar, siempre a una distancia prudencial, a los demás. En la pensión se alojan otros hombres: el rígido y misterioso Frommer, el joven Thilo, un berlinés estudiante de arte cuya enfermedad está muy avanzada, el culto August, con ecos del Settembrini de Mann o el regio Lukas. Estos hombres enfermos, pero, por lo demás ociosos, se entretienen discutiendo sobre diversos temas mientras beben un licor llamado Schwärmerei (entusiasmo). Más allá del placer que pueda producirle al lector de Mann el encuentro ocasional con referencias a la novela, la obra de Tokarczuk también se distancia de ella, tomando la forma de una historia con autonomía propia. Si bien encontramos grandes temas que también están presentes en La montaña mágica, como la enfermedad y el paso del tiempo, el futuro de Europa y los nacionalismos, las discusiones sobre “lo divino y lo humano” (una dicotomía que en Mann se encarnaba en los personajes de Naphta y Settembrini); estos hombres hablan en círculos volviendo, una y otra vez, a conversar sobre la mujer. Así, se discute la naturaleza del alma de las mujeres (si es que la tienen), su derecho a voto, su perversión, sus necesidades sexuales… Ninguna de las opiniones expresadas sorprende en demasía y menos si se tiene en cuenta la época en la que transcurre la novela, pero, de fondo, se respira un aire enrarecido, que pugna por sacar a la superficie aquello que está oculto: muertes que suceden todos los otoños, advertencias a Wojnicz sobre su seguridad, la desesperante berrea de los ciervos (que enfrenta a los personajes a la violencia de su naturaleza) las incómodas tuntschi, figuras con forma de mujer hechas con materia natural que los hombres “utilizan” en los bosques.
Tokarczuk realiza un tratamiento inteligente de las líneas temáticas que le interesan: solo presenta, no juzga; mientras el cerco se estrecha cada vez más alrededor de los protagonistas. Así, Tierra de empusas muestra una preocupación por cuestiones como el cuerpo, la subversión silenciosa de lo que se ha construido como distinto, mientras nos transporta a un entorno fascinante y nos deja reflexionando sobre las relaciones humanas y la variedad en su expresión.

Candelas Bayón Cenitagoya
Candelas Bayón Cenitagoya nació en León en 1998. Graduada en Traducción y Lenguas Modernas por la Universidad de Alcalá, actualmente investiga sobre cuestiones relacionadas con la traducción y los Servicios Públicos. Sus principales intereses son la literatura, el arte y los idiomas. En su tiempo libre le gusta escribir poesía.
