Ningún hombre es el rey de mierda alguna. “La muerte y el meteoro”, de Joca Reiners Terron
Joca Reiners Terron, La muerte y el meteoro.
Traducción de Antonio Jiménez Morato
Barcelona, las afueras
160 páginas, 17,95 euros
Lo de la editorial las afueras es algo fuerte… El catálogo. ¡Qué catálogo! No hay margen de error, cogerse un libro suyo es garantía de disfrute. En serio, no fallan. Qué pasada es La muerte y el meteoro, una de sus últimas publicaciones; qué imaginación tan desbordante, qué historia tan bien contada, qué suerte de distopía —ay, muy próxima— más alucinante; qué personajes. Lo primero que he hecho al terminar de leer ha sido teclear en mi buscador el nombre del autor —Joca Reiners Terron, brasileño del 68—, ávida de información sobre él, pero, sobre todo, de encontrar las traducciones del resto de sus libros. Una apenas, La tristeza extraordinaria del leopardo de las nieves, en Almadía, solo disponible en México. ¡Desgracia!
La muerte y el meteoro… Me topo, de verdad, con la dificultad de poner en palabras lo que me ha parecido; el gozo durante la lectura; la sorpresa ante las imágenes, la fluidez del estilo, el ritmo frenético —oral—, pero a la vez pausado, los recursos, el trazado de los personajes, la inteligencia, todo.
Por ordenarme un poco: ¿de qué va? Cuatro partes. En la primera, titulada “El Gran Mal”, se calientan los motores con lo que viene siendo una introducción al conflicto en toda regla. La tribu kaajapukugi, de unos cincuenta individuos, todos hombres y ancianos, menos uno, va a aterrizar en el aeropuerto de Oaxaca tras pedir refugio político. ¿Por qué? Porque el medio ambiente del que eran originarios, la Amazonia, oh, básicamente ha desaparecido, ha muerto, adiós, y el Estado, junto con madereros, buscadores de oro, terratenientes y demás explotadores, los persigue. El genocidio no es de hoy, ¿eh? Empieza en el XIX. Después de siglos sobreviviendo a la presencia del hombre blanco en el continente, adentrándose cada vez un poquito más en la selva para huir de las enfermedades del invasor cristiano y en aislamiento total, los últimos integrantes de esta comunidad, tiene tela la cosa, han de exiliarse a México, donde serán conducidos a unas montañas. Cuando aterrizan, parecen “la llegada a la Tierra de seres de otro planeta”, con sus trajes, sus armas, sus rostros; imaginaos, nada más y nada menos que, en efecto, el “epílogo de la locura colonial en América”. ¿El Gran Mal? Es evidente, ¿no? Nosotros, claro, empecinados en invadirlos, colonizarlos y, como no podemos, pues destruirlos. Y a otra cosa, mariposa.
Boaventura, un antropólogo “que dedicó su vida a la defensa de los kaajapugis” —jaja— es el encargado de ir a recogerlos al aeropuerto y acompañarlos a su nuevo hogar. Sin embargo —por qué será—, muere en extrañas circunstancias antes de llevar a cabo su misión. El nuevo responsable es, podríamos decir, el narrador de la novela. Ah, otra cosa, otra cosa: el relato está salpicado de referencias al programa espacial chino y el despegue inmediato de la nave Tiántang I, tripulada por una pareja cuyo objetivo es, por supuesto, “abarrotar Marte de chinitos y dejar el planeta tan poblado como el zócalo a aquellas horas y acentuadamente más rojo”. ¡Ueeee! Más, más, siempre más. Viva la expansión, el crecimiento exponencial, ¡la conquista!
Lo he mezclado todo —todas las partes, me refiero—, como era previsible, pero no importa, no importa nada, porque eso es la novela, una amalgama. Un vídeo-confesión de Boavenetura en el email del narrador nos cuenta la verdad de la historia, o sea, la verdad del antropólogo y de su relación con los kaajapugis; una relación que no voy a desvelar aquí, pero que podemos intuir, ¿verdad? Quizá su muerte tenga que ver con eso, pero quizá también la nave china y los kaajapugis… No digo más, solo que “ningún hombre es el rey de mierda alguna”, como reza la cita que abre la novela, por mucho que la historia insista en lo contrario, y que Reiners Terron ha escrito un novelón, hacedme caso.
Doctora internacional en Literatura Española por la Universidad de Salamanca, con máster en Estudios Literarios por la Universidad Complutense de Madrid y Master of Arts in Spanish en la University of Wisconsin-Milwaukee, actualmente es investigadora posdoctoral Juan de la Cierva en la Universidad de Alcalá. En el pasado, ha sido profesora en la Universidad de Salamanca, en la UNIR, en la Universidad de Burgos, en la Universitat Jaume I y en la University of Wisconsin-Milwaukee, así como contratada posdoctoral en la Université catholique de Louvain. Es autora del ensayo "Ideología, poder y cuerpo. La novela política contemporánea" (Bellaterra, 2023) y escribe reseñas mensuales en el periódico Mundo Obrero.
