“La casa de Bernarda Alba”: opresión rural por el Año Lorca

por | Feb 2, 2019

“La casa de Bernarda Alba”: opresión rural por el Año Lorca

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Cuando se pone sobre la mesa el nombre de Federico García Lorca (Granada, 5 de junio de 1898 – Granada, 18 de agosto de 1936), parece incluso insensato pensar que necesite presentación. Federico García Lorca no es considerado como el más destacado miembro de la Generación del 27 por alusiones; posiblemente pueda tratarse del poeta más influyente de los últimos siglos en España, pero es que también ostenta el mérito de recibir esta categoría como dramaturgo. Los motivos para tales consideraciones son más que suficientes, y es que son muchas las cualidades que le encumbran al Olimpo de los escritores en lengua española; y todo a pesar de su corta vida, que no le impidió escribir textos que han tomado la categoría de clásicos, y que aún hoy día se siguen representando y encumbrando a su autor.

Este año le ha tocado a la Comunidad de Madrid recordar a Federico García Lorca, por lo que se ha bautizado al 2019 como el “Año Lorca”. El motivo de conmemoración es el centenario de la llegada del poeta granadino a la capital, donde ingresaría en la ya icónica Residencia de Estudiantes. Y es que es comprensible que Madrid quiera celebrar dicho acontecimiento, pues en ese año 1919 supuso el nacimiento artístico de Lorca, quien difícilmente pudo haber aflorado en su Granada natal ante los atrasos rurales frente a la ciudad capitalina. Las posibilidades que le otorgaba la capital a un joven con tanta proyección, tanto personal como profesionalmente, le permitieron desarrollar sus cualidades artísticas y convertirse en la leyenda de la literatura española que hoy día recoge su nombre. Se celebrarán una serie de actividades protagonizadas por algunas de las pasiones del poeta, como el teatro, la poesía o la danza.

Y es que, precisamente, la polivalencia es una de sus cualidades más destacadas. Esto le permitió no solo tocar estilos diametralmente opuestos con éxito, sino también combinarlos en algunas de sus obras, en las que consigue aunar lo popular con las importaciones europeas, lo tradicional y la vanguardia. Ejemplos de esta dicotomía están tanto en su poesía, en la que la oposición de estilos y temas entre su Romancero gitano (1928) y Poeta en Nueva York (1930) es más que evidente, como en su producción dramática, con obras tan dispares como El público (1933) y Yerma (1934). Dentro de su producción teatral, entre las obras que toman un cariz más de tradición, destaca su trilogía más representativa, la de las tragedias rurales lorquianas: Yerma, Bodas de sangre (1933) y La casa de Bernarda Alba (1936). Esta última, la que clausura su teatro antes de ser asesinado a manos del franquismo, es también la que más escapa de la comparación entre las tres; y, quizá, también la más interesante de estudiar.

En La casa de Bernarda Alba, Bernarda, una madre viuda ejerce una autoridad tiránica sobre sus cinco hijas, que las mantiene ancladas a la casa mientras sus corazones se van oscureciendo al verse privadas de la tan ansiada libertad. No obstante, la llegada de Pepe el Romano, uno de los hombres más apuestos del pueblo, agita el frágil orden de la casa. Su llegada genera una disputa entre Angustias, Martirio y Adela, de la que las otras dos hermanas, Amelia y Magdalena, serán testigos. Angustias, la hermana mayor, es una mujer enfermiza que ve la ocasión de escapar del yugo materno cuando Pepe le pide matrimonio; no obstante, deberá enfrentarse a Martirio, enamorada de Pepe, y a la hermana pequeña, Adela, cuyo espíritu rebelde le impide asumir su rol y evita renunciar a Pepe, con quien se ve de noche, a escondidas. Pero, tras ser Adela finalmente descubierta y enfrentarse a su madre, terminará suicidándose tras pensar que Bernarda ha asesinado a Pepe, lo que llevará, definitivamente, la deshonra a la casa de Bernarda Alba.

Uno de los motivos más significativos para tomar La casa de Bernarda Alba como ejemplo de obra teatral es el conflicto. Teniendo en cuenta que el conflicto es lo más importante dentro de una obra dramática, que es lo que convierte al teatro en teatro, La casa de Bernarda Alba presenta conflictos evidentes y a varios niveles, que inciden los unos en los otros: la honra de Bernarda, la opresión sobre las hijas y la lucha entre Adela, Martirio y Angustias por Pepe el Romano, un personaje latente, siempre presente a través de otros personajes, pero nunca físicamente. La obsesa persecución de Bernarda por mantener la honra provoca una insoportable represión sobre sus hijas, que las lleva a buscar la libertad y a enfrentarse entre ellas por ser quien la consiga; el instrumento para ello será Pepe el Romano, quien aparece en la familia como el detonante del trágico desenlace. Estos conflictos, lejos de aminorar, van acrecentándose conforme avanza la obra; las tensiones entre las mujeres de la casa aumentan hasta desembocar en un final trágico que tirará por tierra todo lo que Bernarda pensaba tener asentado.

Sin embargo, para entender cómo funciona el conflicto es necesario tener en cuenta la influencia del espacio. Los personajes se enfrentan a un espacio rural que marca sus personalidades y actitudes. La historia se ubica en la España rural de principios del siglo XX, donde el papel de la mujer estaba supeditado a la figura patriarcal. Ante la ausencia de esta —tras la muerte de su segundo marido—, Bernarda asumirá este rol; y gobernará con puño de hierro en pos de conservar el honor familiar. Ante estas y otras convenciones se deberán enfrentar los personajes. Machismo, misoginia o clasismo son algunos de los males de la época que tan progresistamente supo reflejar Lorca, y que demuestran una mentalidad muy avanzada para su tiempo.

La casa de Bernarda Alba recoge también la simbología típica del autor. Esta se encuentra tanto en los animales y la naturaleza que aparecen, como en los nombres de los personajes o en los colores. Es algo recurrente, en la obra lorquiana, encontrar símbolos que sirvan para anticipar acontecimientos como la aparición del caballo de Pepe como símbolo del deseo sexual y de la muerte, los nombres de las hijas como representación de sus actitudes y destinos…

La Comunidad de Madrid deja en la obligación a todos aquellos que no conozcan La casa de Bernarda Alba de disfrutar de una de las mejores obras teatrales del siglo XX, ya sea con la versión original o con variantes de la misma, entre las que destaca Esto no es la casa de Bernarda Alba (2017), la “versión” de Carlota Ferrer, en la que los papeles de la obra son asumidos por hombres. Es el momento idóneo, además, para reseñar la presencia del texto lorquiano en el Cervantes Theatre de Londres, donde el público británico podrá acercarse este mes de febrero a conocer la obra del poeta granadino en su adaptación anglosajona. Este 2019 es, por lo tanto, una ocasión inmejorable para acercarse al teatro de Federico García Lorca, ya sea con La casa de Bernarda Alba o con cualquier otro de los grandes clásicos de su teatro, así como para indagar más en su producción y descubrir sus obras menos conocidas y sus textos inconclusos.

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