Historia recobrada. “Estación María Zambrano’’

por Dic 16, 2023

Historia recobrada. “Estación María Zambrano’’

por

Estación ‘María Zambrano’
Compañía: Elfo Teatro.
Texto: Sofía Ugena-Sancho.
Dirección: José Luis Luque.
Reparto: José Luis Luque, Lucía Arias y Antonio Arias.
Creación musical: Antonio Arias y Lucía Arias.
Teatro de Tribueñe.
14 de octubre de 2023.

Estación ‘María Zambrano’, estrenada en septiembre de 2021, es una obra de género dramático, que, con acompañamiento en directo de música y danza, acomete la colosal tarea de la memoria, convocando en un espacio esencialmente onírico las voces de aquellas poetas e intelectuales de la Generación del 27: María Zambrano, Concha Méndez, Josefina de la Torre, Carmen Conde, y tantas otras. Con una trama desdibujada, fragmentaria, que bebe del surrealismo, los intérpretes nos guían en un viaje de intenso lirismo al encuentro de estas mujeres, sus palabras y su escritura, casi desaparecidas y sepultadas por el peso de una Historia despojada de toda belleza.

Precisamente es La Historia el personaje principal de este montaje. Interpretado con gran acierto y un rico abanico de matices por José Luis Luque (Madrid, 1958), este ser cambiante, muda su piel a cada escena, gracias a un cambio de vestuario de profunda carga simbólica, que conjuga el general, la bailarina de cabaré y la anciana que entreteje sus pensamientos con sus agujas. La obra es, sin duda, su lamento y denuncia, apelando continuamente a la humanidad y sus actos infames que manchan su rostro y sus manos de sangre, que envenenan su esencia con cada guerra, con cada genocidio, con cada bala. Es una Historia que se ha hecho dura e insensible a sus propios devenires a golpe de muertos y que, sin embargo, tierna y deseosa de vida que brota, teme y desea esas voces de ultratumba que la remiten a un pasado, no tan pasado, en el que de la palabra podía nacer el mundo.

En cuanto a la escenografía – normalmente consistente en proyecciones y arquerías compuestas por varias plataformas móviles, que evocan la fachada de una estación y su andén de pasajeros – estaba notablemente reducida, presumiblemente por las pequeñas dimensiones del escenario. Estaba compuesta por una serie de proyecciones, la mayoría relacionadas con la Guerra Civil, el exilio y las poetas; estaban también acompañadas de reproducciones de entrevistas a algunas de ellas. El resto del mobiliario lo constituían una máquina de escribir, una mesa con un vaso y una licorera, una silla de escritorio, y un perchero de madera oscura de cuyas bolillas pendía la totalidad del vestuario del personaje principal. Estos usos más sobrios unidos al ambiente de la sala, que se encuentra en un subterráneo, confieren a la obra un tono más íntimo elevando la tensión dramática que flota en el ambiente.

El vestuario cambia en cada acto, mezclándose y combinándose para encontrar en el símbolo nuevos sentidos. La Historia comienza vestida con un pesado abrigo militar y su gorra correspondiente, porta además un bastón con el que asesta a ratos sablazos al aire, en cuanto al maquillaje, su rostro lo cubre una capa de pintura blanca que recuerda a los trágicos de origen griego. Más tarde se transfigura en escena vistiendo un chaleco y ropa interior masculina negras, sobre la que destaca un liguero, acabado en unas medias transparentes con puntilla, y las botas militares; también se atavía con una boa roja de plumas y cambia su maquillaje por labial rojo y colorete. Ambos hábitos se unen e intercalan sucesivamente, hasta que el personaje solo viste un camisón holgado y desgastado de anciana, que haciéndole de pronto enjuto y endeble, contrasta radicalmente con la primera impresión que nos ofrece de brutalidad y virilidad. Por último, en cuanto al vestuario de los intérpretes musicales, el guitarrista viste camisa y pantalones sencillos en tonos neutros y un sombrero, la cantante y bailarina un vestido de colores tierra que evoca por el corte y el textil a los años veinte del siglo pasado, calza, además, discretos zapatos de tacón.

En lo relativo a la música, la danza y el canto, Antonio y Lucía Arias, que además de intérpretes son los responsables de la creación musical, se encargan con gran talento y destreza de hipnotizarnos con un rico repertorio de temas y géneros, que pasa por la rumba, el jazz, el flamenco, el blues, etc. La bailarina, con un porte gracioso y una actitud con un toque pícaro por momentos, recrea y restituye las voces pasadas de las sin sombrero, tornando como se ha hecho ya más veces en España, poemas de grandes escritores en canciones capaces de devolvérnoslos del silencio. Magnífico su papel de replicante al personaje protagonista.

Finalizando con una valoración general a modo de resumen, Estación ‘María Zambrano’ logra sin duda su cometido de emocionarnos con la belleza del lenguaje y de la poesía de un pasado de ineludible actualidad. A pesar de la carga trágica del texto, este nos permite recrearnos en los aspectos más lúdicos y vitalistas de las autoras y sus obras. Es un encuentro con la propia conciencia y con la del otro, nos dolemos de dolores comunes y vislumbramos un horizonte, al que nos acercamos a la marcha de este tren, desde el que con suerte podemos asomarnos para contemplar los paisajes más hermosos – y tristes – que nos ha dado la Historia.