Main image

Voces y silencios: la construcción de la memoria antifranquista en “Maquis” (1997) de Alfons Cervera

La literatura española de las últimas décadas ha encontrado en la memoria de la Guerra Civil y la posguerra un territorio imprescindible para revisar la historia colectiva. Frente al discurso oficial se ha consolidado una “narrativa de la memoria” que rescata las voces silenciadas durante el franquismo. Entre las obras de esta corriente destaca Maquis (1997), de Alfons Cervera, novela que cuestiona la visión hegemónica que reducía a la guerrilla antifranquista a meros delincuentes. El texto expone el peso del miedo, la imposición del silencio y la urgencia de restituir la dignidad de los vencidos.

Alfons Cervera (Gestalgar, Valencia, 1947) es un escritor que, desde finales de los años noventa, se ha dedicado a explorar la memoria de la Guerra Civil española y sus secuelas. Su narrativa se caracteriza por la construcción de voces que representan a aquellos que fueron condenados al silencio por el franquismo y, posteriormente, olvidados en parte a causa del llamado “pacto político” de la Transición.

Las últimas novelas de Cervera han incidido en la necesidad de rescatar la dignidad de los represaliados y de quienes sufrieron la violencia de la dictadura. Este compromiso se manifiesta en su pertenencia a la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, entidad que defiende la exhumación de fosas y la dignificación de las víctimas del franquismo. Así, su obra articula un proyecto que, más allá de su valor literario, se proyecta en el debate público sobre la “verdad” histórica y la memoria de los vencidos.

Maquis revela la variedad de los mecanismos de represión y la autocensura que definieron la posguerra. Compuesta por una serie de breves fragmentos narrativos, Cervera proyecta la idea de que la verdad histórica no se circunscribe a un solo relato, pues emerge del cruce de múltiples realidades. El autor insiste, de esta manera, en la responsabilidad de las generaciones posteriores de indagar en un pasado que la Transición española no terminó de atender.

La historia oficial promovida por el Régimen franquista ridiculizó e invisibilizó la existencia de una resistencia armada en los montes españoles después de 1939. Calificar a los maquis de “bandoleros” sirvió para negar la dimensión política de su lucha. Con la Transición, muchos relatos quedaron fuera de la narrativa dominante y surgió el “pacto del olvido”, que permitió un cambio político sin una revisión de los crímenes y abusos cometidos durante la dictadura, pues la historia de los vencidos era un tema incómodo sacrificado a favor de una política de reconciliación mediante el olvido y el silencio.

Por ello, el autor muestra una voluntad de “dar la palabra” a quienes el franquismo convirtió en enemigos irrelevantes o en meros criminales. La novela hace hincapié en el miedo, la precariedad y la clandestinidad de una guerrilla que vivió y murió sola. “Yo sé mucho del miedo. Soy un maestro del miedo” (Cervera, 1997, 8). De esta forma, se anuncia que el pánico es una experiencia común que envuelve la transmisión de la memoria.

La polifonía es, asimismo, un mecanismo de contestación a la narrativa unívoca heredada de la dictadura, pues se opone a esta voz monolítica, impuesta durante años por y perpetuada en la transición democrática. En cambio, la voz de los vencidos se abre a todos mediante la mayor diversidad de perspectivas posible, marcando, de este modo, la libertad y heterogeneidad necesaria para captar una verdad que ha permanecido silenciada.

Uno de los temas recurrentes de la novela es el temor que persiste a lo largo de los años. Varias secuencias insisten en que la sociedad apenas se atrevía a susurrar ciertas palabras, consciente de que un descuido podía llevar a la cárcel o a la tortura. En un momento, se menciona:

Aquel día vi llorar a mi padre y sin saberlo supe del miedo y también supe que el miedo vivía en aquella casa con un cartel rojo y amarillo en la puerta donde ponía «Todo por la Patria». A los cinco años aprendí que la patria no podía ser nada bueno y también lloré por la noche, acurrucado en el colchón de lana, oyendo de lejos la rabia de mis padres. (Cervera, 1997, 8).

La presión psicológica y el control institucional modelaban la vida. Ese miedo traspasa las generaciones y se traslada, incluso, a la etapa democrática. Varias reflexiones en el epílogo de Maquis muestran lo que el autor denomina la incapacidad de la sociedad para encarar la memoria de la posguerra. Esto se debe, en gran medida, al arraigo de ese pánico colectivo. Así, el texto critica la superficialidad de un cambio político que no implicó un proceso de verdad y reparación.

El silencio, sumado a ello, opera como uno de los grandes hilos conductores de la novela. No se trata solo de la censura directa ejercida por el Régimen, también de la autocensura que deriva de la conciencia del riesgo. “El miedo no tiene principio ni final” (Cervera,1997: 9) confirma cómo esa fuerza se enquista en las personas, impidiéndole contarse a sí misma ¾o a su sociedad¾ su propia historia.

Este miedo es fundamental para entender por qué el fenómeno del maquis fue borrado del discurso oficial. Tras la derrota de las potencias del Eje en 1945, muchos pensaron que la intervención aliada derribaría el franquismo. La frustración por ese apoyo internacional que nunca llegó convirtió a los guerrilleros en un grupo aún más vulnerable, rodeado de un medio hostil y de una sociedad aterrorizada. En Maquis, se transmite la sensación de abandono y soledad absoluta: el entorno calla y, con su silencio, confirma la victoria del terror.

La novela expone, de esta forma, la necesidad de la sociedad española de cuestionar la versión oficial de un relato histórico y escuchar las voces de los perdedores. En la narración, se insiste en que los maquis tenían motivaciones políticas y no simples intereses delictivos. Aun así, el discurso franquista transformó su memoria en una simple anécdota criminal. Frente a ello, Maquis interpela tanto al pasado como al presente, preguntando: ¿quién escribe la historia y a quién se le arrebata el derecho a contarla?

En las últimas páginas de la novela se enfatiza que muchos responsables de la represión se adaptaron sin problemas a la nueva democracia. Por el contrario, aquellos que vivieron en la clandestinidad o sufrieron las políticas del interior, siguen sin ser reconocidos por el “pacto del olvido”. Si bien en los albores de la Transición se buscó evitar una nueva confrontación civil, el resultado fue la desatención a la reparación de las víctimas antifranquistas.

Quienes andan a sus anchas por el pueblo son el alcalde de entonces y los falangistas de siempre, ya guiñapos viejos, reconvertidos a la moral nueva de los herederos del yugo y de las flechas. Escondieron a la luz sus viejas consignas y Mariano del Toro fue el primer alcalde de la democracia en Los Yesares con el retrato de Adolfo Suárez en la cabecera de su cama (Cervera,1997: 104).

En definitiva, el elemento principal de Maquis es mostrar las distintas memorias: los retazos de testimonios, el pavor enquistado, las esperanzas rotas y la insistencia en no hacer desaparecer una parte de la historia. Cervera ejemplifica el poder de la literatura para confrontar los discursos oficializados e incidir en el imaginario colectivo. En ese encuentro de voces, la historia se renueva y emerge, implacable, la exigencia de escuchar.

WhatsApp Image 2023 12 23 at 15.11.24
Ángela Vaquero Huertas

Estudiante de Estudios Hispánicos. Interesada en el estudio de la narrativa del siglo XX y de diferentes artes, como la música.

Publicaciones Similares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *