La manzana
Noche vidriosa de Luna.
Carmen temblaba en la algaba,
Frente a láminas de sangre
Y junto a hojas calcinadas,
Se mecía entre espectros
Y abría sus iris de agua.
«Come, niña, no esperes más»
Le susurraban las hadas.
«Su carne es sabrosa y tierna;
Su brillo, rojo escarlata.»
Carmín en llamas el cielo,
Su velo rasgado en capas;
Carmen se clava una flecha
Y aúlla a la luna blanca.
Se pringa del azabache
Que de sus ojos emana,
Recorre sus pechos tersos;
Camina hacia la manzana.
Se alzan llamas del Hades
Las musas amargas cantan
El cuervo deambula en torno;
El éter se pinta malva.
Carmen con sus manos crudas
Abriga la fruta insana,
Se retuerce entre saetas
Y le silba una guitarra.
Entre polvo de tacones
Sus talones de miel sangran;
Sus labios tiernos se arriman
A la pomada endemoniada.
Su traje de luz de azúcar
Que querría cualquier sara,
Se prende en rosas rojas
Hundido en charca estancada.
La niña allí se revela,
Su seso una espada clava.
Un segundo, pleno vientre;
La fruta ha salido cara.
La escuchan gritar de lejos,
El grupo ganadí baila.
Los caballos del infierno
Cabalgan hacia la dama.
Rompen tambores de lluvia;
Rayos coagulados saltan.
La noche ya no es más noche,
Ya llega la madrugada.
La niña suelta su pelo;
Le rodea la luz alba.
Lleva la sonrisa rota
Y cien clavos en la espalda.
Del mar, las olas le azotan,
Le estrangula el vientre un alga.
Se descuartiza su abdomen
Rollizo, ósea carcasa.
Ante ella, un lago azul muerto;
Su imagen embarazada.
Dentro no hay niño ninguno,
Fuera su cuerpo se marca.
Ella, la muñeca rota,
Sus huesos, secos, de plata.
Ella ha perdido brillo y color,
Su calavera es alzada.
Carmen comer más no puede,
Gorma la poma ensangrentada.
Llevad su ánima, espectros.
Se acabó lo que se daba.
Sara Rey Morcuende
Sara Rey Morcuende es una estudiante del Grado de Estudios Hispánicos de la Universidad de Alcalá. Su amor por la literatura comenzó en las noches de lectura familiar durante su más temprana infancia. A partir de los ocho años dio sus primeras pinceladas en el mundo de la poesía gracias a algunos poemas de Gloria Fuertes. Desde los quince no ha podido soltar la pluma. Su pasión por el arte va más allá de la literatura: la música, la pintura, el cine, la danza…, en definitiva, la cultura, es lo que henchía su alma y todo el saber que le brinda es la raíz a la que se aferra cada vez con más firmeza. Hoy navega entre las olas de la filosofía, la política y, sobre todo, de la filología.
