Moral, política y sociedades en “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?” de Phillip K. Dick y su adaptación al cine “Blade Runner”
El objetivo de este trabajo es abordar cómo se expresan cuestiones sociales, económicas y políticas en la novela “Sueñan los androides con ovejas eléctricas” y en comparación con su adaptación cinematográfica Blade runner. Ambas obras reflexionan acerca de este tipo de cuestiones, pero de manera muy diferente. Empecemos por los aspectos básicos, es decir, los personajes. En la obra de P. K. Dick, Rick es el protagonista, un cazador de bonificaciones, aunque también protagoniza la historia John Isidore, un “cabeza de chorlito”, aunque en menor medida. Rick, en la novela, tiene una mujer, Irán, y una oveja eléctrica. En la película, no hay existencia ni de Irán ni de ningún animal personal. Rachael es un androide modelo Nexus-6 que pertenece a la Rosen Association y es “sobrina” del fundador Eldon Rosen. En la película, Rachael salva la vida de Rick, asesinando a Leon Kowalski que también es androide y que se encuentra a punto de matar al protagonista. Leon Kowalski no es un personaje que aparezca en la novela, pero encaja con las acciones y descripciones de Polokov, personaje que sí aparece en la obra de P. K. Dick y que intenta asesinar a Rick. Sin embargo, en la novela no es Rachael quien salva a Rick sino él mismo, disparando al androide y acabando con su vida. Tanto en la novela como en la película, Rachael no sabe que es un androide, ella cree que es humana porque tiene implantada una memoria ficticia, con recuerdos de su infancia y fotografías de ella con su madre. Descubre lo que verdaderamente es cuando Rick la somete al famoso test de Voigt-Kampff. Este test es la única herramienta que tiene Rick como cazador de androides para averiguar si el sujeto al que está sometiendo es androide o humano. El test consiste en una serie de preguntas que verifican el nivel de empatía que tiene cada sujeto, y determina si se trata de humanos o androides. También cabe la posibilidad de casos excepcionales en que los niveles de empatía son tan bajos en humanos que se les denomina “cabeza de chorlito”, y esto puede derivar en que se confundan con la falta de empatía de los androides, pero Rick está muy seguro de dicho test.
Es interesante que se sitúe la empatía como criterio clave de distinción entre humanos y androides pues, en la novela, P. K. Dick consideraba a los replicantes (androides) símiles de los nazis, es decir, seres humanos incapaces de sentir empatía frente al dolor del otro (López-Pellisa). Esto no sucede en la película, pues el propio lema de la empresa que los fabrica es “Más humanos que los humano s”. En la novela, todos los humanos tienen “su caja de empatía” que, al ser agarrada experimentan una especie de alucinación/visión espiritual con Mercer, que se asemeja lo que sería un ser supraterrenal que se manifiesta a través de la caja. Esta caja no aparece en la película, pero sí se añade un brillo especial en los ojos de los androides para diferenciarlos, cosa que, a mi parecer, es innecesari a y rompe con la esencia de la novela. También en la novela los humanos tienen un “órgano de ánimos Penfield”, donde pueden marcar a su conveniencia los estados de ánimo que desean experimentar. Por ejemplo, en una ocasión Irán decide auto-programarse una depresión de seis horas: “Mi programa de hoy incluye una depresión culposa de seis horas — respondió Irán” (K. Dick, P., 1968, pág. 6).
La empatía tiene también mucho en común con otra palabra, la piedad. Las criaturas artificiales que protagonizan esta ficción científica solo son descubiertas por medio del test ya mencionado. Es aquí donde la obra de Dick se muestra más original, pues nos regala una expresión del surgimiento de las normas morales en el nuevo ser racional, que no dependen de un referente religioso como en la mitología griega o cristiana. Zeus es quien da la justicia a los hombres después de que Prometeo les entregara el fuego, saltándose el mandato divino. También las famosas tablas de Moisés donde se encuentran los diez mandamientos que todo buen cristiano debe acatar. Los androides, en cambio, en ese aspecto están solos, deben elaborar por ellos mismos la ética que les rige.
Otra de las cuestiones que llama la atención de la novela es la ideología que siguen los humanos que se han quedado en la Tierra, llamada “Mercenismo”. El fundador de esta ideología es el ya mencionado Mercer, una especie de gurú religioso con tintes orientalistas. Especialmente el personaje de J. Isidore, “el cabeza de chorlito”, la lleva a cabo de manera total. En la película, no vemos representado a ningún Mercer ni nada que se le asemeje. En cambio, encontramos un personaje orientalizado sin aparente relevancia… Chew, que guarda relación con este gurú espiritual. Chew es el encargado de fabricar los ojos de los androides, es decir, él les da la vista, uno de los sentidos más importantes en la vida cualquier ser (recordemos, además, la introducción, por parte del director, de un brillo especial en los ojos de los androides), y tanto Batty como Leon van a verle a su “laboratorio”. Allí, de manera sangrienta, Batty hunde los ojos humanos de Chew con sus propias manos, muestra de la falta de empatía y la actitud sádica de los androides, además de una revelación metafórica frente a “quien le dio la vista”.
Una de las obsesiones del protagonista Rick es tener un animal de verdad que reemplace a su oveja eléctrica, porque para ser un humano respetable debes tener, al menos, un animal a tu cargo. Uno de los problemas que más afectó a la población fue la muerte súbita de casi todos los animales durante la guerra. Nadie pudo hacer nada y a ningún gobierno pareció importarle. A causa de esto, una extraña convención social se extendió entre estos últimos terrestres: tener animales. Fuera de los apartamentos, cada familia tiene una especie de jardín con su propio animal; el estatus crece según la cantidad de animales de la especie que queden, de su belleza y de su tamaño. La razón de esta costumbre es la demostración de “empatía”. Tras la guerra, en el estado en que se encuentra el planeta, el mostrar cariño se ha convertido en algo por demostrar . Pero los animales se han vuelto muy caros y algunas familias encargan animales eléctricos que imitan a los verdaderos para aparentar ante vecinos y amistades, como el caso de Rick con su oveja eléctrica. Esto tiene una importancia razonable respecto al final de la obra de K. Dick, que comentaré más adelante.
El componente político está muy presente en ambas obras, aunque en el libro se describa de manera más explícita. Primeramente, la postura estadounidense frente a la soviética . Todo el planeta Tierra que se describe en el libro está situado en Estados Unidos, al igual que en la película. Aunque, en la versión cinematográfica, nuestro protagonista comienza la historia en una especie de barrio asiático, donde los establecimientos que más predominan son los gastronómicos. Antes mencionaba la postura estadounidense frente a la soviética, pues el primer androide que mata (Polokov) es ruso, y puede simbolizar una victoria de los Estados Unidos frente a Rusia. Esta misma cuestión es recogida cuando el jefe de Rick afirma que ni siquiera la policía soviética ha podido detectar a los Nexus-6, y el propio Rick es capaz de dar caza a los seis y matarlos sin casi ayuda (solo la de Phil).
La política en sí tiene mucha influencia en el libro, principalmente por la Guerra Mundial Terminal, que deja un planeta Tierra deshabitado y con un polvo tóxico, y también por cuestiones que tienen que ver con la influencia colonial y de extranjeros. Los androides, al venir de Marte, pueden ser considerados “intrusos” en un planeta donde está normalizada la superioridad del ser humano frente a cualquier otro ser existente, incluidos los androides. Una visión antropocentrista que se corresponde con la realidad actual y la de toda la historia de la humanidad. Y no solo eso, sino que, a través de la televisión de Rick, podemos leer que se anuncia un robot humanoide hecho a la medida del cliente que está diseñado exclusivamente para servirles: “el robot humanoide hecho a su medida, diseñado SOLAMENTE PARA USTED Y PARA SUS EXCLUSIVAS NECESIDADES” (K. Dick, P., 1968, pág. 14). Es decir, si tienen inteligencia y son prácticamente indistinguibles frente a los humanos orgánicos son vistos como una amenaza y está justificado asesinarlos, pero si actúan sin inteligencia y razonamiento y la única tarea que desempeñan es servir a los humanos, se les permite vivir. Esto tiene una reflexión de moralidad tecnológica, lo que remite una vez más, a la visión antropocentrista del mundo. Bien es cierto que, realizar el test de empatía es el único modo de saber que son androides, y esa carencia de empatía los hace seres irracionales que solo destacan por su inteligencia:
“Tanto en la novela como en la película de Scott, estas nuevas personas cibernéticas, que son los especímenes nexus-6 -lo último en desarrollo tecnológico- tienen en muchos casos, una inteligencia incluso superior a la humana: en el filme, destacan en este aspecto Batty y Rachel, la que replica a la sobrina de Tyrell, en la novela todos ellos. Pero Dick señala que, pese a ser superior, la inteligencia de los andrillos es solamente del ámbito científico, por lo que son seres racionales a medias pues no han desarrollado la racionalidad práctica” (Fajarnés, 2013, pág. 28)
También es un aspecto curioso la persecución de los androides “humanos” por parte del protagonista cuando tiene por mascota una oveja eléctrica. Es una doble moral de Rick, influenciado por la presión social de tener un animal a su cuidado. También ocurre que cuanto más grande sea el animal, más valor tiene, y por consecuencia, más prestigio para su dueño. La única preocupación de Rick en todo momento es poder conseguir ese animal de verdad, para lo que llega a dejarse su sueldo entero, tres mil dólares.
Retomo aquí el final de la novela. En él, ocurre algo excepcional. Rick, consigue comprarse una cabra de verdad, es decir, orgánica. Acontecimiento que incluso alegró a su mujer y que le ayudó a conectar espiritualmente con Merce. Pues bien, después de dejar a su cabra en la azotea, donde su oveja eléctrica estaba desde el inicio del relato, llama a Rachael para que lo ayude con los últimos tres androides (Pris, Roy e Irmgard). Esta accede y proceden a irse los dos a un hotel. Allí es donde se acuestan y donde Rick, presionado por sus sentimientos hacia Rachael, prefiere perdonarle la vida a cambio de no verla más. Este acto simboliza el poder que tiene Rick sobre Rachael, que es el poder del patriarcado sobre las mujeres, porque, de nuevo, la usa como un objeto desechable cuyo fin es para satisfacer su deseo sexual. En resumen, ella vive porque él quiere, y no por su propio mérito.
Después de acostarse con ella, Rick procede a irse para matar a los últimos androides y cuando lo hace, recibe una llamada de su mujer. Cuando llega a casa, la cabra había fallecido debido a que una mujer la había empujado desde la azotea. Irán logra ver quién ha sido porque Rachael quiere que la vea y que Rick sepa que ha sido ella. Esta “venganza” sentimental tiene mucha relevancia porque esa cabra había sido comprada por Rick con el dinero recibido de haber asesinado a tres androides (clase de ser a la que pertenece Rachael). Este acto simbólico impone la victoria de los androides , por lo menos de Rachael, que ha vencido a Rick al quitarle lo que más quería, su tan ansiado animal orgánico. De este modo se venga, también, de la muerte de sus compañeros. Final que a mi parecer se merece el personaje de Rachael, quien finalmente toma con agencia la decisión. Aunque detrás de esta decisión se encuentre la ausencia de empatía con la cabra y la falta total de benevolencia hacia el animal.
El final es diferente en la película, pues todo este asunto de la venganza de Rachael no ocurre. De hecho, después de ir a asesinar a Batty, Rick regresa a su casa, donde encuentra a Rachael dormida. Los sentimientos que sienten el uno por el otro son evidentes y esto provoca que huyan juntos, o por lo menos eso es lo que parece a ojos del espectador, pues la película finaliza con ambos tomando un ascensor.
A través de este estudio comparativo, hemos analizado la obra de P. K. Dick, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, y su correspondiente adaptación al cine por el director Ridley Scott, Blade Runner. Desde el género de la ciencia ficción, en concreto el subgénero del cyberpunk, tanto la película como la novela tratan cuestiones que tienen que ver con los avances tecnológicos y su repercusión existencial en el ser humano . Considero que la novela profundiza en estas cuestiones sociales, políticas y económicas, sobre todo en la cuestión del “Mercenismo” y el deber de tener un animal orgánico al cuidado.
La moralidad de los androides -casi humanos- es un debate de gran interés porque influyen distintos factores. Principalmente, el terror de la humanidad frente a seres intelectualmente superiores, ya que, como he mencionado, el ser humano tiene una visión del mundo antropocentrista y se autoposiciona en una escala superior respecto al resto de seres en la Tierra. Es por ello que se sienten amenazados cuando existen seres que alcanzan esa superioridad. Sí es cierto que, en el caso de estas obras, dichos seres son superiores en inteligencia, pero carecen de empatía, y considero que ahí recae la verdadera preocupación y miedo de los pocos habitantes que quedan en la Tierra y la importancia del deber de Rick de acabar con ellos.
Podemos concluir con que la película trata los mismos temas que la novela, además de compartir el mismo argumento, pero no profundiza en ellos en la medida que sí lo hace la novela. Trata los temas de una manera más superficial, no tan detallada como K. Dick, pero sí mantiene la esencia de los androides, la Tierra devastad y la crisis moral del protagonista en torno a la decisión de matar a Rachael o no.
Bibliografía
- Blade Runner, Ridley Scott. Warner Bros, 1982
- Dick, P. K. (2019). ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, Planeta
- Fajarnés, J. L. (2016). Ridley Scott no entendió ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? El Catoblepas, 169.
- Fajarnés, J. L. (2013). Blade Runner. Revista Centro Asociado a la UNED Ciudad de la cerámica. 13, págs. 1-34.
- Lopez-Pellisa, T. (2017). Las dramaturgas españolas y lo distópico: teatro y ciencia ficción en el siglo XXI. Anales de la literatura española contemporánea. 42, No. 2, pp. 335-367.
- Steimberg, A. (2016). La realidad bajo ataque. La resurrección de lo fantástico en la ciencia ficción ontológica de Philip K. Dick. Universidad de Extremadura. Págs. 225-310.

Erika González
Erika González, alumna de tercero del grado de Estudios Hispánicos. En su tiempo libre dibuja, escribe lo que suele llamar (no)poesía, disfruta de la lectura y el teatro y practica deporte. En un futuro le gustaría ser docente de Lengua y Literatura en la enseñanza secundaria.
