Marruecos como una visión del mundo. Una entrevista a Tahar Ben Jelloun

por | May 17, 2019

Marruecos como una visión del mundo. Una entrevista a Tahar Ben Jelloun

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El escritor marroquí afincado en París, Tahar Ben Jelloun, nació en Fez en 1944. Su vida literaria comenzó con la publicación del poema L’aube des dalles (1968), en la revista Souffles. Desde entonces, ya en Francia, enfocó su escritura hacia la narrativa; su obra es una de las más relevantes y significativas de la literatura marroquí contemporánea, siempre estuvo comprometida con una mirada atenta, reflexiva y crítica sobre la sociedad a través de temas como la migración, la tiranía y el extremismo religioso. Entre sus obras más célebres están El hombre roto (1994), El último amigo (2004) y El retorno (2009). Su último libro, El castigo (2018), ha sido reseñado recientemente en Contrapunto. Ahora, publicamos la siguiente entrevista, que ha sido posible gracias a la mediación generosa de la editorial Cabaret Voltaire.

Su obra literaria se fija recurrentemente en la realidad marroquí contemporánea. Vivir fuera de Marruecos desde hace tantos años, ¿ha sido un obstáculo o una ventaja para entender la realidad y la historia de su país y hacerla tema de su literatura?

El hecho de vivir fuera de Marruecos me permite ver y comprender mejor su evolución. Vivo en Francia, pero voy a Marruecos muy a menudo, y cada vez que voy me sorprende, me asombra lo que veo, lo que descubro. Es necesario para un escritor, de vez en cuando, tomar un poco de distancia para considerar mejor las cosas. Cuando estamos dentro, somos como la abeja que cae en un tarro de miel: no vemos nada y ya no nos sorprende nada; encontramos que ciertas cosas que son intolerables nos parecen normales, aceptables. Se necesita distancia, se necesita espacio entre la realidad y lo imaginario.

 

¿Cuál es su sensación cada vez que vuelve a Marruecos?

Los primeros días de mi vuelta a Marruecos suelo estar enfadado, encolerizado, porque veo cosas que no me gustan, cosas que no deberían tener lugar. Protesto, critico. Después, me calmo y me vuelvo fatalista, como la mayor parte de mis conciudadanos. Pero, cada vez, siento un placer y una necesidad de redescubrir, de realizar nuevos reencuentros y de cargar las baterías de la imaginación; porque Marruecos está todo el tiempo presente en lo que cuento: es la protagonista de mis novelas.

«Se necesita distancia, se necesita espacio entre la realidad y lo imaginario»

En no pocas de sus historias, se ha adentrado en la explicación del mal: el terror, la tortura, la represión política, el racismo. ¿Se imagina haber escrito sobre otros aspectos menos aborrecibles?

Es cierto que en mi recorrido como escritor he seguido una línea contestataria y testimonial. Un escritor constituye un testimonio de su época y la sociedad en la que vive. La observa, la registra y la escribe. Es por eso por lo que los temas me son impuestos por la realidad. He escrito sobre las condiciones de las mujeres, sobre la miseria afectiva y sexual, sobre la inmigración, sobre la tortura, sobre los fallos de la sociedad marroquí. Además, hace dos años, tuve ganas de escribir un libro ligero sobre un tema grave. Trataba del insomnio. Mi novela, El insomnio, que ha aparecido en enero de 2019 en Gallimard, es mi primera novela humorística. He sido afortunado de poder hacer humor con un asesino en serie. Mi personaje, insomne, descubre que para poder dormir bien necesita matar a alguien. Empieza por su madre, seguida por su hermana. Y cada vez gana puntos para su crédito de sueño. A partir de ahí, sus muertes van a tomar un sentido político. Breve, es una novela extraña y cómica, una especie de thriller en el que el asesino no es perseguido por la policía.

 

En El hombre roto dice el narrador: “Compruebo que, a menudo, el hombre considera con demasiada precipitación, e incluso a la ligera, las decisiones de gran importancia y gravedad, sin dase cuenta de que compromete lo más valioso que tiene: su libertad y, en ciertos casos, su vida entera”. Han pasado casi veinticinco años desde aquella novela y Vd. ha seguido escribiendo sobre la libertad y sus enemigos: ¿en qué estado se encuentra la libertad hoy y qué valor se le da?

La libertad en Marruecos ha progresado con respecto a la época de El hombre roto. Siempre hay incumplimientos, problemas, pero la llegada de Mohammed VI ha supuesto un soplo de aire fresco. De todas maneras, hubo manifestaciones en el Rif que fueron reprimidas por un wali (gobernador) y que han dado una imagen negativa del país. Y los cabecillas de esas manifestaciones fueron muy duramente condenados por la justicia. ¡20 años de cárcel para el líder! Eso es demasiado. Ahí me di cuenta de que Marruecos volvía a la época de los “años de plomo”; la época de la represión de toda oposición. Es lamentable.

Un escritor constituye un testimonio de su época y la sociedad en la que vive. La observa, la registra y la escribe. Es por eso por lo que los temas me son impuestos por la realidad.

Irse de su país, exiliarse, sentir la nostalgia, ser crítico todo el tiempo. Y después, con la cercanía de la muerte, sentimos la necesidad de volver a morir donde nacimos.

El testimonio es necesario, aunque a veces sea subjetivo. Tiene su papel.

En El último amigo, uno de los personajes dice: “adonde iba, me encontraba a nuestros paisanos; algunos perdidos, exiliados políticos; otros trabajaban y habían rehecho su vida en aquella parte del mundo. Todos me decían lo mismo: sentían nostalgia, aunque en Marruecos lo pasaran mal. Qué curiosa esa relación tan fuerte y neurótica que tenemos con el terruño, prueba de ello es que yo también he querido regresar, para morir”. Como escritor expatriado, ¿de algún modo esa paradoja representa también su relación con su país?

Sí, es una paradoja. Irse de su país, exiliarse, sentir la nostalgia, ser crítico todo el tiempo. Y después, con la cercanía de la muerte, sentimos la necesidad de volver a morir donde nacimos. Es comprensible. Los marroquíes sienten un lazo muy fuerte con su país. Lo critican todo el tiempo, y son muy severos, pero si un extranjero emite una queja sobre Marruecos, no lo toleran. Es extraño. Se necesita ver en todo eso algo positivo: ¡amar la patria es una manera de estar menos solo!

 

Vd., que ha creado tantos personajes e historias ficticias, ¿qué dificultades ha encontrado al ser protagonista de lo narrado en El castigo y no poder recurrir a la imaginación?

Me lo he contado. Mi memoria es fantástica, todo ha vuelto con una precisión estupenda: los nombres, los olores, las situaciones… No he tenido problemas para contar ese episodio de mi vida. ¡50 años después! Sí, me ha hecho falta ese tiempo para bucear en mi memoria y reconstruir lo que viví cuando tenía 19 años. He optado por la simplicidad de la narración: no hay ficción, solo la restitución de lo que he vivido, de lo que he experimentado.

 

El castigo ―y también en varias de sus novelas― recurre en muchos momentos al ámbito de la cultura como a la música, al cine o a la literatura. Entre ellos, tiene un papel importante el Ulises de James Joyce. ¿Qué significó esa obra en aquel momento?

Sí, la novela de James Joyce ha sido una buena compañía. La leía lentamente porque no quería terminarla, pero no entendía la historia. Leía por leer, para estar en contacto con un novelista extraordinario. Tuvo que pasar algún tiempo para que releyera el libro y entendiera un poco de qué iba.

2019, Francesca Mantovani

Al final del libro explica que ha tardado más de cincuenta años en lograr contar su historia. ¿Por qué ahora?

¡50 años! Sí, quería decir a los jóvenes marroquíes de la actualidad cómo era el Marruecos de la época, para que hicieran la comparación con la actualidad, y al mismo tiempo necesitaba liberarme de ese periodo. Me siento mejor una vez escrito el libro.

 

¿Qué reacciones espera que despierte El castigo, casi medio siglo después de que ocurrieran los hechos que describe? ¿Cuál ha de ser hoy la función de un testimonio como este?

Muchos lectores han descubierto ese periodo. Es, creo, la primera novela que recoge una parte importante de la historia reciente de Marruecos. Mi historia personal se ha unido a la historia de Marruecos, de manera que son los oficiales que se ocupaban de nosotros quienes protagonizaron el primer golpe de Estado del 10 de julio de 1971. El testimonio es necesario, aunque a veces sea subjetivo. Tiene su papel.

 

 

 

(Traducción: María Álvarez Villalobos)

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