Que me calle. “Game Boy”, de Víctor Parkas

por | May 20, 2019

Que me calle. “Game Boy”, de Víctor Parkas

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 Víctor Parkas, Game Boy

Barcelona, Caballo de Troya

176 páginas, 14,90 euros

Caballo de Troya se define por su continuo cambio: desde el año 2014, sus editores pasan el testigo anualmente a nuevas personalidades del entramado literario para que estos sigan la misma estela que dejó Constantino Bértolo, fundador del sello en 2004; tras su jubilación, sus discípulos continúan con la apuesta por nuevos títulos, autores y estilos que definió los primeros diez años de vida de la editorial.

En este 2019 los elegidos son Luna Miguel y Antonio J. Rodríguez, centrados en la autoficción y en los autores nacidos en la década de los noventa, y con Game Boy como carta de presentación. Víctor Parkas (Sant Boi de Llobregat, 1990), autor de este libro “de ficción, ensayo y privilegio”, periodista cultural de medios como Play Ground, Eslang o Tentaciones, se adentra en los entresijos de las nuevas masculinidades, en la cuestión del lugar del hombre en una época de cambio, de lucha por la igualdad en una sociedad que premia tan solo al varón normativo. Lo hace en breves pasajes de lectura rápida, pero de profundo calado, con la duda de estar ante ficción o realidad: “No importa si ocurrió o no, / porque cuando comienzas a escribir / todo se convierte en ficción”.

El autor/protagonista reflexiona a lo largo de las páginas, y mediante la escritura, sobre su posición: “Revisar privilegios también puede y debe hacerse ante el procesador de textos. Lo contrario es acabar defendiendo ideas como se defiende al amigo intoxicado y al borde de la reyerta”, para descartar cualquier nueva concepción de lo masculino que no parta de su total destrucción (y reconstrucción) y rechazar el uso de las nuevas masculinidades como paños calientes: “fraguan la teología feminista hasta convertirla en una coraza ajustable al cuerpo del hombre” y se reducen a la aceptación de “un programa de mínimos”. Con un contundente “Dejad que os hable de mi polla” al inicio del libro, se coloca en el centro del poder y despieza todas las ventajas derivadas de su masculinidad (como la consecución de cierto tipo de juguetes cuando eres niño), hasta alcanzar el lado oscuro de lo que significa ser hombre: “Consolarlos menos si son niños. Alimentarlos menos si son niños. Obligarlos a construir un caparazón afectivo prácticamente imposible de resquebrajar antes de dirigirles palabra alguna”. El fútbol, la fuerza bruta, el dinero… resuenan en la cabeza de todo hombre en lo que Parkas llama marcadores de masculinidad; hay que alcanzar un mínimo de estos valores para el respeto de lo que él llama tribu, aunque hayamos olvidado quién puso las reglas que aun hoy debemos perpetrar, aunque las sigamos inconscientemente. Y, si nos salimos de esos márgenes, pondremos en duda la hombría más añeja, tan frágil como poderosa.

Game Boy, más que como un mero libro sobre la masculinidad, debería servir como una actualización en el debate del hombre como aliado feminista. En sus páginas encontramos una dolorosa cita de Cecilia Winterfox en Feminist Current: “Los hombres no tienen derecho a exigir a las feministas que les eduquen”, que nos obliga a aceptar que tenemos que ser nosotros los que definamos nuestro lugar, nuestra identidad y nuestro nuevo poder, redefinirnos a nosotros mismos y contribuir desde la deconstrucción a una lucha por la igualdad entre sexos, sin miedos. Si tuviéramos que quedarnos con tan solo un aprendizaje de esta obra debería ser la del silencio autoimpuesto. En la paradoja de tener que expresar una opinión para acallar a las demás voces, Parkas pregunta: “Pero ¿sabes lo que sería nuevo de verdad, hermano? Que te callaras. / Que me callara”. En nuestro país, más de una vez hemos escuchado a políticos o figuras públicas erigirse líderes feministas, cuando debieran apartarse y apoyar, pero nunca liderar. Pero ¿es posible, como hombres, no emitir ninguna opinión, no tomar la delantera? Y no hacerlo ¿es sinónimo de debilidad? Por ello, en “Codeisan”, penúltimo capítulo del libro, el autor/protagonista se propone encontrar a Ricardo Solfa, un cantante de boleros que desapareció de la vida pública en el año 2000, voluntariamente. ¿Por qué buscarle? Por la total extrañeza ante un hombre que no ha emitido opinión alguna en veinte años: “Sin tener una última palabra. Sin tomar posición. Sin ocupar posición”. Algún misterio debe haber detrás; alguna explicación a este error del sistema.

Antes de terminar de escribir estas palabras, por curiosidad, busqué distintas opiniones de lectores y críticos sobre este libro. Para mi sorpresa, algunos de ellos realizaban giros estratosféricos para subvertir las palabras de Parkas, y, de nuevo, darse la razón a ellos mismos. Cómo no, el error estaba fuera de su campo de acción. No soy yo, eres tú.

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