Pablo Kherea, Eranhini y el descenso a los ínferos
Pablo Kherea (México, 1987) forma parte de la generación de artistas visuales de ascendencia p’urhépecha que a través de sus obras intentan reflexionar sobre la pérdida de la lengua, el olvido de los dioses originarios, pero también sobre los rastros que la violencia y el narcotráfico han ido dejando en el estado de Michoacán. Kherea nació en un pequeño municipio San Juan Parangaricutiro, que lleva el nombre de un pueblo que fue arrasado por la lava y el fuego del Volcán Paricutín a principios de los años cuarenta. Los habitantes que sobrevivieron al desastre natural tuvieron que ser reubicados en otra zona, a unos cuantos kilómetros del lugar siniestrado,[i] entre los desplazados iban los abuelos de Pablo.
La primera vez que vi la obra de Kherea no pude evitar pensar en unas notas que había escrito sobre «la historia del miedo». Cuando entré a una de las salas del Museo de Arte Contemporáneo Alfredo Zalce (Morelia) y vi esa pared cubierta de dibujos de rostros que tenían esa expresión de alguien que transita por veredas oscuras, tenebrosas, no pude evitar relacionarlos con el concepto de presión fóbica.[ii] Y es que hay miedos que no están vinculados con cosas sobrenaturales o el terror divino sino con algo más simple e inmediato, con algo que forma parte de nuestro mundo circundante.
Una palabra en p’urhépecha daba título a aquella exposición: Eranhini[i]. En esa sala había dibujos en diferentes formatos, algunos calcos sobre documentos, archivos, imágenes y palabras que parecían haber sido extraídas de la Relación de Michoacán (siglo XVI).
Encontré un perfil de Kherea en Tumblr (https://pabloquerea.tumblr.com), en el que se pueden ver algunos sketchbook. Me llamó la atención particularmente un cuaderno del 2017 que lleva por título Imaksï (aquellos), que abre con un fragmento de Jorge Luis Borges «el hombre olvida que es un muerto que camina con los muertos». No me había equivocado al relacionar parte de su obra con las notas de mi curso sobre la historia del miedo, cada una de esas páginas evidenciaban marcas de la llamada presión fóbica: «Desaparecer», «extraviarse», «¿por qué el silencio?».
Imaksï tiene un subtítulo: «ojalá siempre sean aquellos y no yo» (Eska menku isï imaksï jindeuaaka ka no ji). La frase misma responde a uno de los puntos de la presión fóbica, ¿cómo identificarlos? es decir, ¿cuáles son los objetos que despiertan un miedo circunstancial? La presión fóbica tiene que ver con lo que «verdaderamente nos da miedo». No el fantasma, el vampiro, la bruja u otras representaciones simbólicas, muchas de las cuales tienen origen en otra cultura. Lo que verdaderamente nos da miedo, lo que ejerce presión en nosotros y en aquellos que cohabitan nuestros pueblos y ciudades se puede identificar al responder preguntas tan simples como ¿Qué es aquello que yo no quiero que me pase?, o ¿qué es aquello que no quiero que les pase a los míos?
Imaksï está conformado por una serie de rostros desfigurados, una página en blanco con la inscripción «you could be here». Los dibujos aparecen acompañados de palabras como «miedo», «mortalidad», «muerte», «dolor», «revelaciones póstumas». Además del negro, el rojo es el único color que predomina en los dibujos, donde los trazos con carbón y algunos sombreados suaves nos indican el camino. Mientras observo los dibujos de Kherea pienso en la historia reciente de nuestro estado (Michoacán), de nuestros municipios. Pienso en los «toques de queda», los caminos desiertos, en los cadáveres abandonados en bolsas negras, los encobijados, decapitados: imágenes que llenan los territorios del miedo.
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En la obra de Pablo Kherea no sólo encontré los rastros que la violencia ha dejado en la zona de Uruapan, sino también una serie de imágenes, reminiscencias ancestrales, reflexiones en torno a la lengua perdida, encontré elementos que tienen que ver con la identidad indígena. Probablemente su obra me llamó tanto la atención porque hallé en ella un cúmulo de imágenes que desde hace tiempo también me persiguen: el parhikutin, la lava y sus cenizas, los bosques quemados, los protagonistas de las danzas de los k’urpithes (la Maringuía y el T’arhepiti), las máscaras p’urhé, los diablitos de Ocumicho, entre otros.
Hace un par de semanas volví a ver la exposición de Pablo Kherea en la Academia San Carlos de la ciudad de México. Al parecer, Eranhani forma parte de su proyecto de posgrado. La traducción literal de Eranhini es «mirarse adentro», es decir, aquello que los latinos llamaban introspicere (mirar en el interior), de donde proviene nuestra palabra introspección. Sin embargo, por el sentido que creo que el autor quiere darle a la palabra, yo usaría la expresión «descender a los ínferos». Sus dibujos son el registro de un descensus ad inferos. Descender por los caminos que conducen al pasado, a la memoria del pueblo y de los antepasados, bajar por los oscuros ínferos en busca de respuestas, en busca de los sonidos de la lengua que se ha olvidado, de los dioses y rituales que no conocemos. En su trabajo, Kherea intenta encontrar semejanzas entre algunos rasgos que presenta la figura del T’arhepiti de la danza de los K’urpites y el Petamuti que aparece en la Relación de Michoacán.
el sacerdote mayor, que estaba deputado sobre la leña de los fogones del dios del fuego, que tenía las insinias de sacerdote: una calabaza a las espaldas y una lanza en el hombro, que tenía la gente encargo sobre sus espaldas, y era de su oficio no emborracharse, dejó todas sus insignias, la calabaza y la lanza y la guirnalda de hilo que tenía en la cabeza y las tenacitas del cuello, y salióse de las casas de los papas y metióse entre la otra gente [tachado: a bailar el baile llamado] común y empieza a bailar con ellos aquel baile llamado zizique varaqua (sic).[i]
¿Cómo leer las distintas veredas en las que se divide todo descenso a los ínferos? No creo tener una respuesta. Pero sí me gustaría invitarlos a mirar esos trazos de carboncillo que Kerhea ha hallado tras un largo ejercicio de eranhani.
[i] Cfr. E. Ribera Carbó, Instituto Mora (27 de junio de 2014). «Volcán Paricutín, a 71 años de su nacimiento». BiCentenario (23).
[ii] Sobre la «presion fóbica», ver Magistrale T., «Stephen King: El terror posee un atractivo que no varía demasiado en el tiempo» En WMagazín, Mayo 2019.
[iii] Detalle del sketchbook Pablo Kherea, «Imaksï», 2017.
[iv] Pablo Kherea, Eranhini, MACAZ, Morelia, 2023.
[v] Pablo Kherea, Sacerdote Mayor Petamuti. 2022.
[vi] Pablo Kherea, Horizonte, 2022. Tinta en papel de algodón / dibujo en albanene. 90X260 cm
[vii] Detalle del sketchbook Pablo Kherea, «Imaksï», 2017.
[viii] Pablo Kherea, Danzar para resistir, 2023. Tinta en papel de algodón / siligrafía / digital en albanene. 100X60 cm.
[ix] Jerónimo de Alcalá, Relación de Michoacán, México, Colegio de Michoacán, 2008, p. 339.

Leonarda Rivera
LEONARDA RIVERA es doctora en Filosofía por la UNAM y profesora en la FFyL de la misma institución. Autora del libro Don Juan y la Filosofía (16ᵒ Premio Internacional de Ensayo Siglo XXI, 2018). Su libro Las damas fáusticas recientemente obtuvo el Premio Bellas Artes de Ensayo Literario José Revueltas 2023. Actualmente es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte (SNCA).
leonardarivera@filos.unam.mx
