Exponiendo los demonios “Visceral”, de María Fernanda Ampuero
María Fernanda Ampuero, Visceral.
Madrid, Páginas de Espuma.
176 páginas, 15,38 euros.
«Recurro a la literatura. Como siempre que no puedo entender algo, que la injusticia me retuerce las vísceras, que siento que podría desmayarme de ira, recurro a la literatura»
María Fernanda Ampuero (Visceral)
Tras la publicación de Pelea de gallos (2018) y Sacrificios umanos (2021), María Fernanda Ampuero (Guayaquil, 1976) vuelve a sorprender a sus lectores con una antología de veintiún relatos intimistas y desgarradores. Entre las páginas de su obra, los únicos demonios que se hallan serán los humanos que plagan los recuerdos de la autora, y los únicos espíritus que pululan por los capítulos, los traumas, las inseguridades y, sobre todo, la furia. Visceral es un libro de ensayos breves que fluctúa entre la ficción autobiográfica y la ficción histórica donde la escritura se vuelve una confesión, un acto catártico para superar el pasado y aprender a vivir a pesar de él.
El punto de partida de estos ensayos es la furia, un sentimiento que a las mujeres se les ha enseñado a reprimir por no ser propio de su género. Esta furia es palpable en el amplio arco temático de los ensayos, que va desde el desamor al machismo, pasando por la gordofobia, el COVID, la depresión o la xenofobia. Ampuero describe su lucha para encajar en una sociedad que parece haberla excluido desde su más tierna infancia por haber nacido mujer (debe ser complaciente), por ser gorda (no puede ser feliz) y por tener depresión (una vergüenza). Cada uno de los capítulos de Visceral es, así, una reflexión sobre las heridas abiertas del pasado y el modo en que interfieren en el presente.
Algunos relatos abordan el machismo y la destrucción de las mujeres: “Asfixia”, por ejemplo, trata sobre la visión del aborto como delito y la imposibilidad de las mujeres de decidir sobre sus cuerpos, mientras que “Muertas” narra mediante descripciones la tortura, violación y asesinato de una joven. Otra de las ideas principales de la obra es el cuerpo de la autora (y el de todas las mujeres), que es maltratado y juzgado por la sociedad y, consecuentemente, por ella misma. De esta manera, “Mórbida” narra la realidad de una niña (la propia Ampuero) empujada a la obesidad por sus padres mediante comilonas y expectativas irreales. Aquí, la autora retrata a su madre como mujer despampanante antes de su embarazo que, tras dar a luz, engorda y espera que su hija se desarrolle delgada y hermosa, pero cuando sus expectativas no se cumplen toda la culpa recae sobre la hija. Ampuero no solo conmueve al lector recordando las burlas que sufrió de su propia madre, sino que describe las dietas, inyecciones y pastillas para adelgazar que le recetaban los médicos. Esta historia no es un caso aislado, cientos de niñas han sufrido el mismo destino a manos de médicos sin escrúpulos, que recetaban anfetaminas y diversas drogas a niñas pequeñas, así como el estereotipo sobre los cuerpos no normativos que impide a las mujeres ser felices; el presente de una gorda es sufrir y soñar con la felicidad que les traería un cuerpo delgado. “Gorda” es, en esta línea, una historia sobre la reconciliación y la aceptación del cuerpo gordo en la que la autora reconoce el efecto que los traumas de su pasado han tenido en su vida.
El lector también puede encontrar relatos centrados en los problemas de salud mental, principalmente la depresión, que sufren las mujeres al acercarse a los cuarenta años y no tener hijos, como “Útero”, o el dolor de la propia autora al tener que ocultar su depresión, como ocurre en “Loca” o en “Daños”. Estos textos son una denuncia a la estigmatización de los problemas de salud mental en los países de Latinoamérica y España, donde por momentos han llegado a ser un tema ignorado o ridiculizado, tornándose una fuente de vergüenza para la familia del afectado, que en ocasiones prefiere ocultalos. A lo largo de sus ensayos, Ampuero relata con dolor su depresión y la dura experiencia de revelárselo a su madre. A pesar de tener problemas para aceptar su diagnóstico, en las páginas de Visceral se palpa la resignación con la que la autora comprende que vivirá con su enfermedad toda la vida, por lo que prefiere enfocarse en el esfuerzo para seguir viviendo. La principal conclusión que se obtiene de sus vivencias es que la ayuda psicológica es un privilegio.
No obstante, puede que el tema más desgarrador sea la pandemia: en “Guayaquil”, se narra el horror que vivió la ciudad ecuatoriana durante el brote de COVID-19, con cientos fallecimientos diarios y familiares impotentes al no recibir ningún tipo de ayuda. Los cadáveres se acumulaban en las casas y en las calles una vez los hospitales dejaron de poder hacer frente al número de decesos, por lo que muchos de los cuerpos desaparecieron o no se identificaron correctamente. Al fin y al cabo, Guayaquil tuvo que enfrentar esta emergencia sanitaria sin recursos, pues muchos de los suministros esenciales fueron vendidos en el mercado negro.
Visceral es una obra con una prosa que refleja el dolor y la furia de Ampuero ante una sociedad intransigente con todo aquello que es diferente o se aleja de los patrones establecidos: el machismo, la xenofobia, la gordofobia y los problemas de salud mental son solo algunas de las injusticias que ella y miles de personas han sufrido a lo largo de sus vidas. Esta obra es un grito de guerra, una llamada a todas aquellas personas que sufren en silencio para que sepan que no están solas y que es posible seguir viviendo a pesar de los traumas sufridos.
María Brea Gutiérrez es estudiante del Máster de Edición y Gestión Editorial. Apasionada por la literatura gótica y de terror, los idiomas y el cine. Actualmente es la encargada de las redes sociales de la revista y gestiona la colaboración de Contrapunto con la plataforma de radio MaxBox.

