Todo el mundo debería tener su propio bisturí. “Aprender a hablar con las plantas”, de M. Orriols

por | Feb 18, 2019

Todo el mundo debería tener su propio bisturí. “Aprender a hablar con las plantas”, de M. Orriols

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Marta Orriols, Aprender a hablar con las plantas

Traducción de Marta Orriols

Edicions del Periscopi / Lumen

256 páginas, 17,90 euros

Este escrito solo pretende ser un aviso, un toque de atención al lector. Por favor, no os acerquéis a la lectura de Marta Orriols (Sabadell, 1975) si no estáis mentalmente preparados o si queréis simplemente dejaros llevar por un libro. Convertirse durante unas horas en el protagonista de una vida que no nos pertenece puede parecer apetecible, por lo que muchas veces recurrimos a los libros para hacer nuestros los personajes de una novela, un cuento o hasta una película. Marta, con todo su ímpetu y fuerza discursiva no solo da jugosidad a los sentimientos humanos, haciéndolos palpables a través de Paula, la protagonista, sino que extrapola su historia y la universaliza. Esto mismo no quiere decir que trate de algo banal o que ya haya sido dicho antes, de hecho, todos nos inspiramos en grandes historias anteriores en un intento de alcanzar su secreto.

Orriols fue, y es, sin ninguna duda, una de las escritoras a quien más admiré durante mi etapa de formación literaria. Su prosa, que empezó siendo relato corto hasta conseguir su primera novela, que ocupa este artículo, tiene algo de Mercè Rodoreda o de Elena Ferrante, con la sutileza con la que un Márquez desplegaría todo un universo.

Haciendo suya la pérdida de Paula, Orriols desnuda a todo aquel que se atreve a adentrarse en sus páginas, tanto o más que la propia protagonista en una operación de reconstrucción a corazón abierto. Paula Cid, bisturí en mano, recibe la noticia de la muerte de su pareja y se dispone a auxiliar vidas en la unidad neonatal. Las palabras de Paula destripan y acolchan, envolviendo al lector en un tornado de emociones, haciendo olvidar a cualquiera que uno está agarrando demasiado fuerte las páginas amarillentas. Con su primer libro de relatos Anatomía de las distancias cortas, publicado en 2016 por Edicions del Periscopi, Orriols ya ensayó a una distancia prudente el ovillo inextricable de las relaciones humanas, con una sutileza y ternura que he podido leer pocas veces. “Mauro y yo fuimos pareja muchos años. Después, y solamente durante unas horas, dejamos de serlo. Murió de golpe meses atrás, sin previo aviso. Cuando el automóvil lo invistió se lo llevó a él y a muchas otras cosas”.

Si la muerte es personal e intransferible, Orriols la analiza con una lupa y no la deja ir hasta haber comprendido a milímetro su funcionamiento inefable. Aprender a hablar con las plantas, con una madurez mucho más valiente y una voz ya consistente, se deja llevar por la naturalidad del sentimentalismo de aquellos que ya no están, mientras que gana fuerza en aquellos pasajes donde solo podemos oír a la protagonista, sin Mauro de por medio. El libro, tejido constantemente a partir de unas idas y venidas temporales que no se atreven del todo a adentrarse en los recovecos del pasado, se hace amo de un presente radical sin ser engullido por lo ya inexistente. Con una terquedad que se combina con una paz absoluta, Paula se remueve contra las convenciones que la empujan a sentir dolor. ¿Qué pasa si descubriéramos que no sentimos dolor ante la pérdida? ¿Qué pasaría si tomáramos la decisión de no sentir? ¿O de simplemente sentir rabia? Con el incansable empuje de su autora, muy bien camuflada, la protagonista sirve de guía para investigar todos los senderos posibles de cartografiar sensaciones recién estrenadas. Paula resbala y con el tiempo se va curtiendo para coger con los brazos abiertos los imprevistos de su vida, en lugar de fagocitar los encuentros de otros como si fueran suyos. Paula, como el lector que es actor mismo del drama de la falta de experiencia, se hace constructora de una vida que está preparada para encarar ya sin muletas.

La historia de Orriols insufla vida y bombea la esperanza de volver a regar lo que ya no reconocíamos como propio. En un entorno que aparece ante nuestros ojos como insonorizado, la autora nos invita a chillar para diseccionar y desechar todo pensamiento marchito e inservible. Y es que Orriols ha sabido captar perfectamente cómo de entrecortada está la vida y dónde están sus sutiles suturas.

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