Algo más que dulzura. “El poder de lo Cuqui”, de Simon May

por | Feb 21, 2020

Algo más que dulzura. “El poder de lo Cuqui”, de Simon May

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Simon May, El poder de lo Cuqui

Traducción de Albert Fuentes

Barcelona, Alpha Decay

176 páginas, 18,90 euros

Lo Cuqui rodea nuestro día a día, incluso llega a detener nuestro mundo cuando nos paramos a ver en Internet vídeos de bebés, gatitos, perritos, bebés jugando con gatitos y perritos… Pero lo cierto es que el término Cuqui no se restringe a esto, hay una realidad más allá que tan solo se deja vislumbrar, no se manifiesta claramente. Este fenómeno no es tan reciente como pensamos, sin embargo, sí está invadiendo nuestras vidas con mayor presencia en la actualidad. Por ello, nace este ensayo: El poder de lo Cuqui, escrito por el filósofo británico Simon May, profesor en el King’s College de Londres y autor de otros libros como Love: A History of Love: A New Understanding of an Ancient Emotion o Thinking Aloud.

Este libro se organiza en catorce capítulos que abordan la noción de Cuqui e intentan dar respuesta a preguntas como: “¿Qué luz puede arrojar la época y las culturas en las que tiene un papel tan preponderante?”, “¿por qué motivo nuestra época ha favorecido en tan gran medida el auge de lo Cuqui? ¿Y cómo podemos emplear lo Cuqui para calar el espíritu de nuestro tiempo?” De este modo, May se adentrará en este universo y nos desvelará sus secretos: orígenes, efectos que provoca, factores que intervienen, etc. Para ello atenderá a ámbitos históricos, sociales y políticos, y se servirá de una serie de imágenes que nos permitirá introducirnos con mayor facilidad en dicho fenómeno. Además, en la delimitación de este concepto no dejará de lado otros como Kitsch, con el fin de explicitar las barreras de ambos. A través de un discurso ameno y aportando siempre ese punto de humor al establecer inusuales relaciones entre lo Cuqui y Kim Jong-il o Donald Trump, se acerca al lector y consigue que tome conciencia de algo aparentemente banal, o incluso simple. Tampoco faltarán las alusiones a las producciones de cuquismo por excelencia: Hello Kitty, Mickey Mouse, Pikachu… Posiblemente ya nos hemos acostumbrado a ellos, pero, sí, son cuquis y se han colado en nuestras casas sin apenas darnos cuenta.

May nos aclara que lo Cuqui es Cuqui por la dicotomía que presenta en sí. No es solo dulce, sino que su naturaleza lleva intrínseca lo siniestro, de modo que lo dulce representa tan solo un extremo del espectro que cubre lo Cuqui. Este término se encuentra en continúo equilibrio entre formas humanas y no humanas, apariencia joven y vieja, género determinado y borroso,  ingenuidad e inteligencia, vulnerabalidad o dependencia frente a perspicacia. Su indefinición es su mayor baza y juega con ella a su antojo, con ella y con nosotros como usuarios para conseguir un característico poder hipnótico: “Esconderse y fingir desvalimiento son elementos cruciales para su identidad […] emplean su vulnerabilidad para seducir y manipular”. Lo Cuqui nos hace replantearnos el poder que creemos poseer, ¿quién domina a quién? ¿Nosotros o lo Cuqui que se permite el placer de dejar que nos creamos nuestra posición dominante?

Igualmente, no podemos no preguntarnos por qué surge lo Cuqui. El filósofo británico nos muestra las más variadas perspectivas: necesidad de resarcirnos de la dolorosa situación que nos dejaba la Segunda Guerra Mundial, “motivarnos para procurar a nuestros vástagos los generosos cuidados y crianza que precisan para triunfar”, deseo de control, anhelo de la infancia… Todo ello para entender que lo Cuqui es un concepto complejo y, advertido o no, tiene un efecto; que puede ser usado perfectamente por políticos; y que su auge no es simplemente moda, sino que responde a circunstancias y necesidades más que culturales y estéticas, naturales, sociales, psicológicas e históricas.

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