La poética de lo híbrido. “Cuerpos perdidos en las morgues. Una novela de detectives”, de Xaime Martínez

por | Mar 16, 2020

La poética de lo híbrido. “Cuerpos perdidos en las morgues. Una novela de detectives”, de Xaime Martínez

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Xaime Martínez, Cuerpos perdidos en las morgues. Una novela de detectives.

Barcelona, Ultramarinos

68 páginas, 14 euros

 “Amor, amor, me temo / que han robado nuestros cuerpos”. Estos son los versos finales del poema que da comienzo a Cuerpos perdidos en las morgues. Una novela de detectives, obra por la que Xaime Martínez (Uviéu, 1993) recibió el Premio Nacional de Poesía Joven «Miguel Hernández» 2019. Y es que, aunque la obra se publicó en la editorial Ultramarinos a finales de 2018, se imprimió de nuevo el diciembre pasado por motivo del premio. El joven poeta —como su poema “Infiernos generalmente urbanos” dice “que son poetas jóvenes es claro: son el único tipo de poeta”— ya fue ganador del XVII Premio de Poesía Joven «Antonio Carvajal» con su poemario Fuego cruzado (Hiperión, 2014); y es, además, un defensor del asturianu. Lucha contra los prejuicios hacia el idioma por medio del poemario en asturianu Hibernia (Ediciones Saltadera, 2017), su interacción en las redes y a través de su faceta musical. Martínez no solo se dedica a cultivar la poesía, sino que también participa en el grupo folk La Bande, y en solitario con su último álbum (un libro-disco): Ósculos D’agua Nel Imperiu Asturianu (2018).

El poemario, tomando como forma la poesía narrativa, decide, para su temática, combinarse con diferentes géneros narrativos. Como el título sugiere, parte del género policíaco. Con Bolaño como referente, los “detectives” podrían ser los lectores reconstruyendo las pistas del “asesino” (o el autor), pero estos también se materializan en el detective Fatal Destínez. Este personaje aparece en momentos puntuales del poemario, como casi un anti-personaje que va variando y que, incluso, llega a desdoblarse en dos personas diferentes como en “Fatal & Destínez: Los últimos detectives privados”. Otros elementos indispensables son los “amantes” a los que en un primer poema les han robado los cuerpos (¿son esos que están en las morgues?); el lugar del crimen, una Varcelona con uve; o ese androide que es interrogado en “Demuestra que no eres un robot”, a lo que él responde: “También los robots tienen hermosos sentimientos”.

La estructuración del libro sigue la progresión de una novela policíaca: comienza con la estereotípica “Desaparición del cadáver y primeras pesquisas” y “El lugar del crimen”. Continua con un apartado denominado “Radiointerferencias”, que incluye alguna visión que recuerda al surrealismo como en “Poética”: “Una poética es un tigre muerto en una selva imaginaria”; para dirigirse “Hacia una visión total del asesino”, donde empieza a vislumbrar su figura. Este desarrollo se interrumpe, finalmente, en “Una interpretación sutilmente distinta de los hechos”, que propone una lectura alternativa como si realmente se tratase de una obra de ciencia ficción. En esa línea se suceden poemas como el de “Infiernos generalmente urbanos”, que refleja una sociedad intergaláctica: “los padres de mis padres nacieron en la nave, / así como los padres de los suyos”.

A lo largo del poemario hay otro tipo de rupturas temáticas, pues llega a aproximarse hasta al género wéstern en “Out on highway 61”, situado en el desierto de Tabernas y sus “poblados antes falsos del Oeste”. Es evidente, además, la estrecha relación que mantiene la poesía con la música y las múltiples referencias que se suceden: desde Nick Cave hasta Bob Dylan, Jeff Tweedy o esa guitarra “Harmony Stella del 62”. Tampoco se puede dejar de lado la presencia del Patarrealismo (“Poema patarreal #6”), movimiento vinculado directamente con el poeta. Los patarrealistas dieron a conocer su poética cercana al surrealismo y al dadaísmo con el poemario Principios organizativos del Patarrealismo Salvaje (Ya lo dijo Casimiro Parker, 2016), firmado por Rinoceronte García, y con su propio manifiesto patarrealista. Detrás de su autoría se encontraban una serie de poetas asturianos, supuestos transcriptores de la oralidad de Rinoceronte García.

La lectura de Cuerpos perdidos en las morgues pone en evidencia las conexiones entre los motivos universales de la poesía, como puede ser el amor, y la visión del mundo del siglo XXI, donde el amor puede tornarse asesinato de juego de mesa: “ella te miró como si sólo tú estuvieras / jugando, como si conocieras las tres cartas (arma, lugar y personaje)”. En una realidad en crisis donde “Lo real ya no es la mitad de lo que era, / de acuerdo con algún filósofo francés”, los moldes se deforman, sus vértices se desintegran porque los moldes originales no son suficientes para poetas como Martínez. Y probablemente no haya cuerpos, ni estén perdidos en las morgues. Tal vez ni siquiera sea una novela de detectives, de ciencia ficción o un wéstern, pero, como mantiene Unai Velasco en la “Nota a la edición”, el poemario “resulta ser un amuletum o remedio amoris”. Un remedio al amor no solo para los amantes, sino también para la sociedad y su relación con la cultura, la tecnología y, llegado un punto, los mundos postapocalípticos.

“¡Tal vez si consiguiéramos vivir

como ese niño juega sobre un árbol caído!”

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