“Baby”: prostitución infantil y mucha purpurina

por | Ene 18, 2019

“Baby”: prostitución infantil y mucha purpurina

por

Baby

Dirección: Andrea de Sica y Anna Negri

Reparto: Alice Pagani, Benedetta Porcaroli y Riccardo Mandolini

Duración: 45 minutos aprox.

El catálogo del gigante del streaming, Netflix, va creciendo de manera exponencial prácticamente a diario. Su amplia oferta de cine y series, así como la variedad temática de la misma, han asegurado su expansión a nivel global y su asentamiento en el salón de millones de hogares repartidos por todo el mundo. No es de extrañar, ante tal diversidad de clientes, que hayan dejado de buscarse únicamente las producciones norteamericanas para ampliar sus horizontes. Y es que las creaciones europeas se han convertido en una baza a favor de Netflix, valga como ejemplo el apabullante éxito a nivel mundial de una de sus primeras apuestas españolas: La casa de papel.

Una de sus últimas producciones europeas es la italiana Baby, dirigida por Andrea de Sica y Anna Negri. En esta serie, cuya primera temporada consta de seis capítulos, se nos presenta la ostentosa vida de un instituto elitista del barrio de Parioli. Son tres los protagonistas adolescentes de la serie: Chiara (Benedetta Porcaroli), Ludovica (Alice Pagani) y Damiano (Riccardo Mandolini), de perfiles totalmente dispares, pero todos sumergidos de alguna forma en la vida lujosa y superficial del alto standing italiano. Sus vidas se truncan en el momento en el que se cruzan, primero en los pasillos del instituto y luego en los bajos fondos de la noche de Roma. A pesar de presentar motivantes personales distintos, las tres comparten la misma necesidad de evasión, que les obligará a buscar refugio en la noche romana. Intereses amorosos que se entrelazan y enfrentan amistades, conflictos de identidad, ambición desmedida, familias desestructuradas, rechazo al diferente… Baby no puede almacenar más clichés, y más teniendo en cuenta que solo hace tres meses que Netflix estrenó Élite, su prima española. Sin embargo, conforme avanza la trama va teniendo un cariz más oscuro, y lo que en un principio solo parecían travesuras de niños ricos se va enturbiando y dando paso a drogas, asesinatos y prostitución infantil.

Pero lo importante es que, en Baby, es la realidad la que se impone a la ficción. Está basada en el caso “Baby Squillo”, uno de los casos más controvertidos de los últimos años en Italia. En 2014, dos chicas menores de edad entraron en el mundo de la prostitución con el fin de conseguir dinero de forma rápida; una de ellas, presionada por su madre, agobiada por las deudas e incapaz de abandonar su desenfrenada vida, pero la otra por poder seguir teniendo cualquier capricho al alcance de su mano. Entre las personas involucradas en el caso, hubo decenas de detenidos, entre ellos personajes influyentes de la escena italiana —Mauro Floriani, marido de Alessandra Mussolini, fue uno de los nombres más sonados de la trama—. Parte de la polémica que ha desatado la serie ha ido enfocada hacia su distribuidora, Netflix, que ha sido acusada —principalmente por el Centro de Explotación sexual de Estados Unidos— de producir un contenido en el que se idealiza la prostitución infantil. Es cierto que la imagen que se da es controvertida: uno de los mayores males de la sociedad actual se convierte en el divertimento de quien lo tiene todo y busca nuevas emociones, en un mero pasatiempo. Baby le da un revestimiento adolescente a un tema tan turbio como la trata y la prostitución infantil, lo que genera cierto distanciamiento con el tema, que termina siendo tratado de forma superficial; e incluso, en ocasiones, es apartado a un segundo plano para dar paso a historias de personajes secundarios, que ralentizan el ritmo por lo prescindible de su aportación.

Es una pena que, teniendo una premisa tan interesante, sea desvirtuada y transformada en una serie más sobre los conflictos del niño rico que quiere escapar de su maravillosa vida. Además, que la sobrecarguen con subtramas adolescentes tópicas le hace un flaco favor a la principal. Se intenta condensar en solo seis capítulos gran cantidad de información innecesaria, que podría servir como un acompañamiento interesante de la trama si se hubiese gestionado de otra forma; pero, en tan poco tiempo, no se puede condensar tanto contenido, por lo que las tramas solo quedan sin desarrollar con claras miras a una futura segunda temporada. No obstante, y a pesar de esto, es una serie entretenida que sirve como trampolín para conocer e informarse del caso “Baby Squillo”, a expensas de que en la segunda temporada se desarrollen más y mejor los acontecimientos.

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