Comprensión, comunicación y claridad. «Sex Education» de L. Nunn

por Nov 26, 2021

Comprensión, comunicación y claridad. «Sex Education» de L. Nunn

por

Título: Sex Education

Creador: Laurie Nunn

Reparto: Asa Butterfield, Emma Mackey, Gillian Anderson, Ncuti Gatwa (entre otros)

Duración: 3 temporadas

La serie de Netflix Sex Education (2019-2021) se puede definir como una obra casi coral en el que la trama principal no deja de ser un drama adolescente en la que todo gira alrededor de la atracción romántica entre Otis Milburn (Asa Butterfield) y Maeve Wiley (Emma Mackey). Sin embargo, las subtramas dependientes de la relación romántica de estos dos adolescentes es lo que merece la pena de este producto cultural. Permite encauzar el foco de atención sobre una serie de tabúes sociales de absoluta relevancia como es el acoso escolar, la presión de grupo, el desarrollo de enfermedades relativas a la salud mental o de transmisión sexual, las drogas como método de automedicación, la jerarquización social dentro y fuera del aula en base a estereotipos, la visibilización del colectivo LGTBIQ+, el salto generacional entre padres e hijos y el sexo adolescente.

            Bajo la premisa de una comunidad adolescente sexualmente activa, la serie desarrolla la necesidad de dar respuesta a los interrogantes planteados por este grupo edad a través de la asociación empresarial entre Otis Milburn y Maeve Wiley. Ambos adolescentes coinciden en formar una consulta terapéutica sobre las relaciones socio-afectivas del sexo ante la ineficacia del programa estudiantil del instituto Moordale, que plantea la asignatura de Educación Sexual como la triste práctica de colocar un profiláctico sobre un pene de goma.

            Así pues, durante tres temporadas será posible observar la dinámica entre dos modelos educativos enfrentados y que trascienden el aula para imponerse en las relaciones paterno-filiales representadas. En primer lugar, se puede identificar el modelo autoritario, representado por el director Groff (Alister Petrie) durante la primera temporada, el cual establece su predominio social y familiar con la coacción. Este modelo educativo perfectamente representado en este personaje muestra todas las premisas establecidas por los manuales de pedagogía como la falta de comunicación, la negativa a la negociación, la amenaza y el castigo ante el incumplimiento de las normas y órdenes, violencia verbal… El abc del maltratador. Conforme avanzan los capítulos es posible comenzar a empatizar con Adam Groff (Connor Swindells), el hijo de este aspirante a ser humano, que desarrolla las mismas patologías que su padre sobre un compañero del instituto, Eric Effiong (Ncuti Gatwa), un adolescente gay de 17 años y de origen nigeriano, que es el mejor amigo de Otis Milburn.

            En segundo lugar, se puede apreciar el modelo democrático asociado a Jean Milburn (Gillian Anderson), madre de Otis y una afamada psicoterapeuta especializada en relaciones sexuales y de pareja, que establece la comunicación fluida como principal herramienta educativa y en el que la salud emocional es eje primordial de sus preocupaciones. Sin embargo, no es oro todo lo que reluce y esta madre divorciada observa cómo su hijo asume su autonomía individual fuera del seno familiar declarándose en rebeldía ante los intentos de comunicación de su progenitora. Las reacciones de Otis no son más que el prototípico estereotipo de comportamiento adolescente en el que prima la autorreafirmación de su identidad declarándose contrario a la autoridad que conoce. Sin embargo, estas reafirmaciones de Otis desmoronan la identidad educativa de Jean, que recurre a constantes violaciones de la privacidad de su hijo al sentirse desplazada como madre.

            Será durante la segunda temporada en la que el modelo educativo democrático tendrá mayor peso en las aulas cuando Jean será contratada para revisar el programa de la asignatura de Educación Sexual. Ahora bien, lo que podría parecer un revés en los negocios de Otis y Maeve se salvará gracias a un elemento no previsto por parte de los educadores: el salto generacional. Este elemento aportará continuidad para la consulta de ambos adolescentes que encontrarán en la relación entre iguales la tabla de salvación para seguir con su alianza empresarial.

            Por otro lado, la reaparición del modelo educativo autoritario en la tercera temporada. Aunque pueda resultar reiterativo, introduce un nuevo factor bajo la figura de Hope Haddon (Jemima Kirke), la nueva directora de Moordale tras la caída en desgracia de Michael Groff. Este personaje proporcionará la identificación de nuevos métodos para el restablecimiento de un modelo caduco en la Educación Sexual que apostará por la castidad y la manipulación informativa, que da lugar a una nueva consulta sexual encabezada por un adolescente autodenominado “el rey del sexo” que considera el porno como su principal manual psicoterapéutico.

            La nueva directora de Moordale también introduce la segregación por sexos, la implantación de uniformes como método para aniquilar el individualismo y la creatividad y una serie de normas destinadas a la supervivencia del grupo frente al individuo. La individualidad de la que hacía alarde los alumnos de Moordale no solo se ve amenazada; sino que Hope Haddon observa que el ataque reiterado hacia colectivos de distinta índole se vuelve en su contra cuando los alumnos del instituto inician una asociación épica contra las técnicas doctrinales con tintes totalitarios que implanta la directora.

            Desde el punto de vista socio-económico, la desigualdad del alumnado queda patente en los espacios en los que los estudiantes desarrollan su vida familiar, como se puede observar en la contraposición de la casa victoriana de los Milburn frente al aparcamiento de caravanas en el que se desenvuelve Maeve Wiley. A pesar de ser la alumna con más talento de Moordale, tiene que hacer frente a las vicisitudes sociales y económicas de tener una madre con problemas de drogadicción; mientras, los adultos de su entorno educativo se muestran negligentemente indiferentes ante su situación.

            Parte del éxito de la serie reside en que la intertextualidad no sólo está presente en los diálogos con menciones específicas a grupos de música rock y pop o a las grandes escritoras feministas de Inglaterra como Virginia Woolf; sino también en el relato visual como se puede apreciar en la colección de vinilos del cuarto de Otis y que hace las delicias de cualquier enamorado de la música del pasado siglo. Aunque ese dato resulta anecdótico si se compara con la escena tomada de Espartaco (1960) que se vive en el capítulo cinco de la primera temporada o las sutiles referencias a La ola (1981) que hay en la tercera temporada.

            Desde luego que la serie tiene una calificación de diez en lo que a visibilización de colectivos se refiere, pues junto al constante reflejo de la comunidad LGTBIQ+ es manifiesta la defensa de la integración de las personas con movilidad reducida gracias a la aparición de Isaac (George Robinson) en la segunda temporada. Sin embargo, puede que la ejecución de esta no haya sido la más acertada; pues este personaje da muestras de una manipulación atroz a Maeve Wiley con nefastas consecuencias para su relación con Otis Milburn. En consecuencia, la representación integradora se ve empañada por un mal discurso que podría desarrollar fobias innecesarias hacia este colectivo.

            Sin embargo, aunque se pasara por alto este fallo, habría que incidir en que la trama principal se sustenta en la prototípica relación heterosexual de chico conoce chica, que por suerte va diluyendo su peso conforme van avanzando las temporadas para centrarse en otras relaciones más interesantes y que se iniciaron como subtramas a lo largo de las tres temporadas.

            Ahora bien, esto no es nada comparándolo con los problemas de verosimilitud a los que se enfrenta la serie. En primer lugar, habría que indicar el desarrollo de la identidad del personaje de Otis Milburn, que a pesar de mostrarse como un adolescente con una sensibilidad emocional superior a la media mundial, parece no aplicarse los consejos socio-afectivos que receta; pues su falta de madurez para establecer una conversación sincera sobre sus sentimientos se hace patente en su relación con Maeve. Esta falta de empatía le llevará a dañar a gente que se supone que forma parte de su red emocional primaria como Eric Effiong (su mejor amigo), Ola Nyman (su primera novia) y Maeve Wiley (su amiga-crush).

            En segundo lugar, la falta de experiencia sexual de Otis, que será un tabú para su labor de terapeuta sexual durante la primera temporada y parte de la segunda, bien podría merecer un rapapolvo argumental; pero se consigue superar gracias a que la mayoría de las consultas están más relacionadas con el ámbito afectivo de las relaciones sexuales.

            En tercer lugar, se podría señalar el tiempo metereológico asociado al país en el que se desarrolla la acción; pues siempre deslumbra el sol en una Inglaterra conocida por sus lluvias constantes y que pinta sus parajes verdes.

            Lejos de considerar la serie picante, morbosa o explícita, las recomendaciones se sustentan en que es un vívido retrato de la realidad con una narratología desenfadada que aboga por naturalizar la cotidianidad. Netflix ya ha anunciado una cuarta temporada; aunque algunos rezan para que siga manteniendo la fórmula de su éxito y no descarrile como ha ocurrido con tantas otras producciones de la plataforma.