Crónica de tres feminicidios, “Chicas muertas” de Selva Almada

por | Jun 5, 2020

Crónica de tres feminicidios, “Chicas muertas” de Selva Almada

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Selva Almada, Chicas muertas

Barcelona, Penguin Random House

187 páginas, 15,90 euros

Publicado en 2015 por Penguin Random House, Chicas muertas fue el primer libro de no ficción de Selva Almada (Entre Ríos, 1973) —al que en 2017 se le sumó la publicación de las notas del rodaje de la película Zama, de Lucrecia Martel. Chicas muertas es la crónica de tres feminicidios que ocurrieron en Argentina durante los años ochenta. Tres asesinatos sin ninguna relación entre ellos que la autora decide recuperar. Tres crímenes ocurridos en el interior del país que en su momento no recibieron demasiada atención fuera de sus provincias, donde sí quedaron arraigados en la memoria colectiva.

Sin pretensión de encontrar a los culpables de las muertes —los tres casos quedaron sin conclusiones definitivas— Almada alterna el relato de los sucesos con sus viajes para documentarlos, sus memorias y sus reflexiones. Así, temporalmente, el libro abarca el interior del país recién acabada la dictadura, la primera década del siglo XXI cuando comienza el proceso de escritura y memorias familiares que se remontan a la juventud de la madre de la escritora. Más de medio siglo de violencia incesante hacia la mujer.

1986, Villa Elisa. Selva Almada tenía trece años cuando escuchó en la radio que habían asesinado a una chica de diecinueve. En San José, un pueblo a veinte kilómetros, Andrea Danne había sido apuñalada en la cama mientras dormía. Este recuerdo, con el que abre el libro, iba volviendo a la autora cada vez que oía sobre nuevos feminicidios. Con él empezó a entender que ser mujer y permanecer viva es solo cuestión de suerte. Los otros dos crímenes en los que se centra la crónica son el de María Luisa Quevedo en el 83 y el de Sarita Mundín en el 88. La primera, una chica de quince años de la ciudad de Sáenz Peña, desapareció y su cuerpo fue encontrado en un terreno baldío al cabo de unos días. Había sido violada y estrangulada. Sarita, la segunda, tenía veinte años y residía en Villa María con su hijo de cuatro y su hermana de catorce, embarazada. Habían operado a la madre de las chicas hacía unas semanas y ellas la habían instalado en su departamento para poder cuidarla. Uno de esos días, Sarita fue de paseo con su amante y no regresó. Diez meses más tarde se encontraron los huesos en la orilla de un río de la zona.

Sin caer en sentimentalismos ni en el morbo, Almada reconstruye los días previos a los tres crímenes y documenta el desarrollo de la parte conocida de los casos. Lo hace mediante los testimonios de familiares, amigos y conocidos de las víctimas, así como con la información de la época a la que consigue tener acceso. Cuenta las historias con un tono objetivo y sin culpabilizar a nadie de forma explícita —al fin y al cabo, el relato de estos feminicidios es el relato de la impunidad. Sin embargo, con gran sutileza y en contadas ocasiones, hace alusión a las hipótesis más probables. Así pues, la posición de una frase en el texto o el optar por una palabra en vez de otra son factores que cobran especial relevancia para entrever la postura de la autora. Almada trenza los casos de forma que las tres historias se mantienen todas presentes hasta el final del libro. Además, la crónica amplia su foco para incluir, puntualmente, episodios de violencia contra mujeres en el entorno de la autora —incluyendo experiencias vividas por ella— y casos sucedidos en otras partes del país. De forma paralela, Almada también describe sus visitas a las provincias y los encuentros con los testigos. A medida que se reconstruyen los relatos se configura un paisaje al que acceder mediante las sensaciones de la autora.

En Chicas muertas, Almada consigue dar forma a tres sucesos marcados históricamente por vacíos y silencios. Casi treinta años más tarde, la argentina recupera las memorias y los recuerdos de tres feminicidios y escribe una crónica que pone de relieve la aleatoriedad por la que unas mujeres están vivas y a otras las matan.

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