Una mirada feminista en “París despertaba tarde”, de Máximo Huerta

por Abr 27, 2024

Una mirada feminista en “París despertaba tarde”, de Máximo Huerta

por

Máximo Huerta, París despertaba tarde

Barcelona, Editorial Planea

472 páginas; 20,90 euros

El París de 1924, precisamente el que hace justo un siglo se preparaba también para los Juegos Olímpicos, acogía una sociedad viva, artística, pintoresca y oscura: era el periodo de entreguerras. Entre sus calles se sucede la vida de Alice Humbert, una mujer cuya historia da voz a miles de víctimas de una sociedad patriarcal.

Máximo Huerta (Utiel, 1971), escritor, periodista y exministro de Cultura y Deporte, nos muestra en París despertaba tarde la historia de Alice Humbert, una mujer que acaba de perder a su madre y a Ërno, su pareja. Ante el vacío repentino, se apoya en las únicas personas que le quedan: Kiki de Montparnasse, su mejor amiga, una mujer pobre que vive entre las drogas, la fiesta y el descontrol; Jules, su hermano adolescente, que juega con un grupo de jóvenes anarquistas; y Claire, su hermana pequeña, que más tarde tendrá un papel fundamental en su labor como costurera. La tienda que Ërno le regala antes de marcharse a Nueva York se convierte en el escenario en el conoce a Madame LeClercq, una mujer que impulsa a Alice a convertirse en unas de las mejores modistas de París, y a Hortense, una niña que, presa de las desgracias, llega a su vida para convertirse en algo así como su hija. Durante los preparativos de los Juegos Olímpicos, la protagonista conoce a Alexander Belov, un atleta polaco del que se enamora a primera vista, y ambos no tardan en tejer una historia de amor que alcanza su punto de inflexión con una llegada un tanto inesperada.

París despertaba tarde es una novela de ficción de corte romántico-histórico que muestra la vida de los jóvenes de los años veinte, que tratan de olvidar el dolor que causó la Primera Guerra Mundial a través de fiestas, un desenfreno absoluto y un constante y característico carpe diem patente durante toda la obra. Su carácter histórico es claro no solo por el lugar y el contexto en el que se desarrolla, sino también por la introducción de personajes reales tales como la ya citada Kiki de Montparnasse, Man Ray, Claude Monet, Ernest Hemingway o Scott Fitzgerald, entre otros. Mediante la mirada de Alice el lector accede a una sociedad patriarcal en tanto en cuanto las mujeres están relegadas a un segundo plano. Ellas son, simplemente, las musas de los artistas, tratadas como “una puta más”, simple carne, pero nunca personas. Por aquel entonces, el cuerpo era la única vía de subsistencia de la población femenina que vivía en la pobreza, siempre acorde con las normas del canon impuestas por la sociedad. ¿Es posible vislumbrar en ello el reflejo de nuestros días?

Otro de los ejes principales de la novela es el constante sufrimiento por una maternidad no lograda, que atormenta tanto a Alice como a otros personajes, entre los que se encuentran Kiki, Sylvie, Jeanne o Juliette. Sin embargo, ¿es ese sufrimiento un deseo real y propio o es, por el contrario, la forma inconsciente en que tratan de alcanzar el rol único que la sociedad les impone por el mero hecho de ser mujeres? Huerta no solo nos conduce hacia estos razonamientos, sino que también nos orienta hacia una reflexión sobre la vida y su aprovechamiento; sobre las amistades y los amores; sobre las pérdidas y los arrepentimientos que conllevan… Es decir, sobre aspectos comunes a otras de sus obras. Pero las similitudes no solo se quedan ahí: el personaje de la costurera y la tienda como escenario son recurrentes, así como el sufrimiento por amor. De hecho, en París despertaba tarde puede apreciarse una clara conexión con otra de sus novelas, Una tienda en París (2012), texto en el que Teresa, una joven española, se encuentra con el cartel de la tienda de Alice en un anticuario de Madrid. Sin duda, los hilos que tejen las novelas de Huerta provienen de un mismo ovillo. Quizás uno de los que Alice guarda en su tienda.

Este rotundo carpe diem en forma de novela nos invita a aprovechar la vida antes de que se nos resbale como agua entre las manos y nos enseña que no hay ningún mañana si se vive en el pasado y no el hoy. Como bien sostiene Kiki de Montparnasse, “descubrir que se vive es el mayor hallazgo de la vida. Y la obligación es hacerlo. Esa era la gran obra. Vivir, vivir, vivir”.