Discusiones sobre “El extranjero”: nihilismo a través de un club lectura
Desde nuestros asientos, desde nuestra reunión, nace un repensar y reformular preguntas sobre un lugar de encuentro: El extranjero (1942), ilustre título de Albert Camus (Mondovi, 1913) que no cabe dejar de revisitar. La sombra violenta de aquellas guerras del ayer cobra relevancia en un tipo de literatura que todavía nos palpita, que transmite el desasosiego del ser y explora el vacío humano. En grupo hablamos de este y otros autores que han asistido a los crímenes totalitarios del siglo XX; lo que propicia sentimientos de angustia, desolación y desesperanza. Este es uno de los ejes interpretativos de obras como la de Albert Camus, que en sus páginas nos hace repensar un concepto de profunda raigambre en el existencialismo literario: el nihilismo. Somos conscientes de la entidad filosófica de esta cuestión, por lo que la pretensión de esta aproximación grupal no es otra que la de ofrecer un somero acercamiento al diálogo con una obra que sigue aceptando cuestionamientos sobre nosotros mismos.
Camus da voz a un personaje marcado por la soledad y la inadaptación con respecto a su entorno. Meursault es el protagonista de una atmósfera de abandono. Ya Jean Paul Sartre (París, 1905) apuntaba en esta dirección de un ser humano que no encuentra ni en sí ni fuera de sí una posibilidad a la que aferrarse. En Meursault leemos una soledad interior que se hace extraña para un mundo en el que es difícil, si no imposible, tener cabida. Así, reconocemos e interpretamos un influjo nihilista en la futilidad de una existencia que le conduce al encierro de un vacío moral y de expectativas con respecto a él. El proyecto, el sentido con que desentrañar un papel vocacional en el mundo que Sartre define como esencial, se encuentra en crisis en las páginas de El extranjero. El nihilismo viene definido por la creencia de que nada tiene sentido y de que “si no podemos afirmar ningún valor, todo es posible y nada tiene importancia” (Camus 1978, 11). Este espíritu sin espíritu, que no deja de ser crítico, desemboca en un escepticismo que abraza el caos de una existencia ya sin sentido y absurda. Los postulados nihilistas encuentran su traslación literaria en los escritos del filósofo alemán Friedrich Nietzsche (Röcken, 1884) y su percepción acerca del fin de los valores tradicionales y las convenciones con las que se había regido la cultura occidental, pero también en Kierkegaard (Copenhague, 1955) y repugnancia hacia el mundo. Sin embargo, no hay que perder de vista la influencia que Arthur Schopenhauer (Danzig, 1788) transmite, en tanto que su defensa de una ética sostenida en la abulia y en matar la voluntad, y que se trasluce en obras escritas por Unamuno (Bilbao, 1864) o Heidegger (Messkirch, 1889). Esta impronta de desidia apática también se percibe en Albert Camus que sostiene que “la única actitud coherente fundada en la no significación sería el silencio, si el silencio, a su vez, no significara” (Camus 1978, 14). En última instancia, este devenir interpretativo de la existencia, emparentada con el sentido del absurdo, nos sitúa a la hora de intentar comprender el mensaje de un Meursault que se hace rebelde de su jaula de confusión, con su instinto y esos disparos en la playa.
Una de las grandes virtudes de El extranjero es cómo Camus relaciona con Meursault una versión de nihilismo indisociable de la rebeldía extraña que hemos introducido anteriormente. Empleamos este término, el de extraño, porque ha sido así como se ha leído la traducción del título en francés, L’Étranger. El protagonista posee un halo antiheroico y de contestatario desarraigo social y emocional. Ni la muerte de su madre ni su romance con Marie o la amistad con Raymond, ni tan siquiera el asesinato por el que será condenado puede referirse sin extrañeza por parte de los seres ficcionales que lo juzgan. Ni tampoco por nosotros, sus lectores. Sus sentimientos se muestran fríos, rotos, y se expresan con una facilidad cotidiana y banal que no deja de ser brutal. La indolencia nihilista a la que se asoma y nos asoma Meursault resulta un modelo en esta tradición literaria. El precio de la vida para Meursault, como demuestra su crimen absurdo, es el del calor del sol. La muerte le resulta un acontecimiento sin trascendencia, aunque parece rebelarse contra esta creencia cuando es la suya la que se acerca de una forma que casi no puede comprender. La sociedad le ha señalado y la justicia teme el desorden de su carencia de valores.
Para culminar esta breve exégesis se hace imperioso comentar algunas de las conclusiones que extraemos con la lectura de El extranjero. Su autor hace que reaccionemos sobre el sentido de las existencias humanas, de aquí y de allá, de antes y de ahora. La angustia de los tiempos conflictivos y unas dinámicas que anestesian los sentimientos más humanos conducen a la concepción de seres que, como despertar escéptico ante su situación, se ven atrapados en su libertad sin fuerzas superiores en las que ampararse. Meursault es responsable de todo lo que hace y de lo que no. Las ruinas morales de un siglo XX definido por las guerras y la destrucción generan apatía, además de identidades desquiciadas como resultado de la alienación. Aunque parezca que el nihilismo y el existencialismo conduzcan a enfatizar en el lado lúgubre de las vidas, como lectores podemos extraer una respuesta crítica. Además de que también podemos preguntarnos… ¿qué es malo? ¿Por qué se ha dicho que lo es?
El testimonio de Camus aúna claramente filosofía y literatura, dos disciplinas indivisibles que son el más alto grado de compromiso con la expresión humana y la insondable búsqueda con que entender lo que somos, lo que nos rige y lo que sentimos. De esta forma, El extranjero, por muy desencantados y nihilistas que nos haga sentir, nos hace coadyuvantes de un futuro basado en el intento de saber y aprender con lo íntimo e inexpresable del lugar del ser humano contemporáneo.

Carlos Guerreira Labrador
Carlos Guerreira Labrador es investigador predoctoral en la Universidad de Alcalá con un contrato de formación de personal investigador de la Comunidad de Madrid. Es graduado en Lengua castellana y Literatura españolas por la Universidad de Santiago de Compostela y ha realizado el Máster en Estudios Literarios y Culturales Hispánicos (MELICU) de la Universidad de Alcalá. Su investigación se centra en la narrativa histórica, mitos nacionales y violencia política a partir del estudio de autores y de autoras del exilio republicano de 1939. En la actualidad, lleva a cabo su proyecto de tesis sobre discursos sobre la Edad Moderna en narrativa histórica del exilio republicano de 1939. Sus principales motivaciones se basan en ahondar en las heridas abiertas que quedan de los regímenes autoritarios que marcaron el siglo XX y en aprender del diálogo con nuestro ayer para entender nuestro presente.
