El deber de leer (y escribir) levantando la cabeza
En El susurro del lenguaje, Roland Barthes preguntaba: “¿Nunca os ha sucedido, leyendo un libro, que os habéis ido parando continuamente a lo largo de la lectura, y no por desinterés, sino al contrario, a causa de una gran afluencia de ideas, de excitaciones, de asociaciones? En una palabra, ¿no os ha pasado nunca eso de leer levantando la cabeza?” (2021: 39)[1]. Creo que cualquier trayectoria de investigación literaria nace de esa experiencia con un libro concreto y en mi caso fue, sin ninguna duda, Si te dicen que caí (1973), de Juan Marsé.
En la recta final del grado en Español: Lengua y Literatura que estudié en la Universidad Complutense de Madrid, cursé la asignatura “Literatura española desde 1940” impartida por Ignacio Díez. Ese año, una de las lecturas obligatorias fue esa novela de Marsé, autor desconocido para mí hasta ese momento. Recuerdo a la perfección que, después de leer casi la mitad de la obra, me invadió la conciencia de que no estaba entendiendo absolutamente nada. A pesar de que la clave del texto parecía residir en aquel verso de Machado parafraseado por uno de los niños que protagonizan la obra, “todo está calculado para que quede confusa la historia y clara la pena”, me empeñé en encontrar algo de sentido entre tanto caos. Así, nada más terminarla, la volví a empezar, esta vez centrada en comprender qué estaba ocurriendo con aquellos muchachos del Guinardó que pasaban los días entre aventis para evadirse del ambiente de miseria en que les tocó vivir. Llevé a cabo entonces una segunda lectura más atenta y dilatada que la primera, levantando la cabeza, que, sin saberlo aún, marcaría el punto de origen de mi trayectoria investigadora.
Al año siguiente, en el Máster de Estudios Literarios, la asignatura “Escrituras de la memoria” me permitió entrar en contacto con los Memory Studies (Maurice Halbwachs, Pierre Nora, Marianne Hirsch) y con herramientas teóricas como la biopolítica (Michel Foucault, Giorgio Agamben) o la abyección (Julia Kristeva). Esas líneas, junto con otras también descubiertas en ese Máster y en los años siguientes (pienso, por ejemplo, en la performatividad de Judith Butler, en el enfoque discursivo de Stuart Hall o en el habitus de clase de Pierre Bourdieu), se entrelazaron hasta conformar un marco teórico que me permitió pensar de forma articulada las relaciones entre identidad, violencia, política y memoria. Desde ahí, regresé a la novela de Marsé con una mirada renovada y le dediqué mi TFM.
Ese trabajo fue el germen de mi investigación doctoral, orientada a ampliar ese enfoque al conjunto de la obra de Marsé. La tesis, titulada La obra novelística de Juan Marsé: lecturas biopoéticas de identidad y memoria[2], que contó con Emilio Blanco e Ignacio Díez como directores y con Alberto Hernando como tutor, se estructuró en dos partes. En la primera, elaboré un marco teórico que delimita las relaciones entre identidad, biopolítica y memoria, tanto en términos generales como en el contexto específico de la dictadura franquista, y propongo su aplicación al estudio de la literatura escrita por “los niños de la guerra”. Desde esta perspectiva, defiendo que la biopoética permite analizar cómo se configuran los procesos identitarios en las diégesis en relación con los dispositivos de poder-saber de la biopolítica franquista, cómo se problematiza la verdad en contextos dictatoriales o cómo se articula la palabra de la víctima en función de la posibilidad —o imposibilidad— de “hacer memoria”.
En la segunda parte, apliqué este enfoque al análisis de cinco novelas de Marsé publicadas entre 1966 y 2016. En ellas examino, entre otros aspectos, la relación entre narración y poder cuando los narradores ejercen formas de violencia sobre su mundo ficcional, la construcción diferencial de la identidad según la inclusión o exclusión de los personajes en el orden franquista o las estrategias de sumisión y resistencia de los sujetos subalternos marcados por el trauma histórico. Asimismo, analizo cómo la memoria introduce una temporalidad compleja, atravesada por la tensión entre verdad, mentira, ficción e imaginación, y cómo el discurso literario contribuye a cuestionar la pretendida univocidad de la verdad hegemónica, con lo que se restituye el valor de la palabra, el cuerpo y la memoria de los vencidos.
Defendí la tesis en julio de 2024 y, desde entonces, continúo desarrollando algunas de las líneas abiertas en ese trabajo, incorporando perspectivas como los estudios de género, los estudios sensoriales o la Monster Theory.
No solo eso: el marco teórico construido y aplicado a la obra de Marsé me ha servido después para analizar obras de otros “niños de la guerra”, como Antonio Rabinad o Ana María Matute, y también, dada la pluralidad de perspectivas intrincadas, me ha permitido ampliar significativamente el abanico de obras de estudio. Por ejemplo, he aplicado los Memory Studies al estudio de textos del exilio español, tanto de la primera generación (María Teresa León, Max Aub) como de la segunda, donde adquiere especial relevancia la representación de la infancia (María Luisa Elío). Asimismo, el análisis biopoético de la infancia me ha ayudado a abrir un diálogo con otras literaturas atravesadas por contextos dictatoriales, como la producción de la “generación de los hijos” en Chile, así como con obras contemporáneas centradas en sujetos infantiles en contextos de exclusión o marcados por la violencia, vías de estudio en las que me he adentrado recientemente.
Con todo, aunque todavía en una fase inicial, mi investigación está orientada por el deseo de atender a quienes han atravesado situaciones precarias, especialmente en la infancia, y cuya huella del dolor se inscribe en su escritura cuando años después toman la palabra. Desde esta perspectiva, sostengo que analizar esos textos exige reconocer y asumir su complejidad, no para clausurar su sentido, sino para abrirlo y hacerlo visible ante los otros. En ese gesto se cifra, además, una forma de reparación todavía necesaria hacia quienes sufrieron los estragos de contextos tan devastadores como la posguerra y tuvieron que refugiarse en la ficción para sobrevivir. De este modo, contribuiremos a evitar que esas voces caigan en el olvido, siempre que no renunciemos a la única forma de hacer justicia a sus obras: leer (y escribir) levantando la cabeza.
[1] Barthes, Roland (2021): El susurro del lenguaje. Más allá de la palabra y de la escritura. Barcelona: Planeta.
[2] La investigación que dio lugar a la tesis fue realizada en el marco de un Contrato Predoctoral de Contrato Predoctoral de Personal en Formación en Departamentos de la Universidad Rey Juan Carlos (número de referencia de la convocatoria: C1PREDOC2020).

Natalia Candorcio Rodríguez
Natalia Candorcio Rodríguez es doctora cum laude en el programa de Humanidades: Lenguaje y Cultura por la Universidad Rey Juan Carlos con la tesis La obra novelística de Juan Marsé: lecturas biopoéticas de identidad y memoria. Actualmente, es Profesora Ayudante Doctora en esa misma Universidad. Su interés investigador se dirige principalmente al análisis biopoético de la interacción entre la violencia, la memoria y la infancia en el discurso literario tanto en la narrativa de posguerra española del siglo XX como en la literatura hispánica contemporánea.
